Bajar presentación: Prevención social de las violencias
Bajar presentación: Prevención social de las violencias
Bajar presentación: Presentación Bienestar Social
Hacer un relato de mis experiencias y vivencias como mujer, judía y mexicana después de poco más de cincuenta años de participar en la vida pública de México no es una tarea sencilla. Significa hacer una lectura de mi historia teniendo en cuenta las diferencias que pudieron haberse dado por ser mujer y judía.
Creo que el hilo conductor del relato pudieran ser las rupturas a las normas o costumbres que tuve que ir haciendo y el impacto que en mi trayectoria y mis conductas públicas dejaron mi formación como judía mexicana y como una mujer que decidió combinar trabajo y vida familiar.
En la primera parte comento mis orígenes y referentes básicos para después pasar a examinar mis experiencias en la vida pública primero dentro las actividades de gobierno y posteriormente, desde el activismo cívico en las organizaciones de la sociedad civil.
Los primeros años
Indudablemente mi socialización en el contexto de una familia judía de clase media con altibajos en su condición económica y con situaciones precarias constantes de salud de mi madre me hicieron una persona sensible a las diferencias socioeconómicas y de oportunidades creadas por la desigualdad de ingresos y riqueza y la forma en que ello impacta en las posibilidades de acceso a alternativas de salud. Mi madre estuvo a punto de morir por una negligencia médica y padecía de bocio tóxico, enfermedad que en esa época requería de tratamientos especializados en Estados Unidos. Para atenderse tuvo que ir en dos ocasiones a la Clínica Mayo en Boston. Fueron sus hermanos los que sufragaron los gastos pues mi padre no pudo hacerlo porque no era particularmente hábil para los negocios.
Mi padre Israel Jusidman era un hombre con una enorme capacidad inventiva que había sido desviado de su camino a convertirse en un técnico en maquinaria agrícola en la Rusia estalinista. Mi abuelo lo obligó a acompañar a su hermano mayor a México. Este último tenía que entrar por dos años en acuartelamiento al ejército. Mi abuelo un comerciante ferretero importante en Ucrania, se había visto obligado a vender su negocio ante el embate de las políticas estalinistas en contra de los “burgueses” y de los judíos, por lo que había tomado la decisión de que la familia se saliera de la URSS y se trasladara a América. Envío a mi tío y a mi padre como avanzada con el dinero que había reunido con la venta de su negocio. Al final, el resto de la familia no pudo migrar. Cuando lo quisieron hacer las fronteras se habían cerrado. Mi abuelo terminó como almacenista de una empresa del Estado Soviético, el tío Grisha despareció en la Segunda Guerra Mundial y el tío Isaac pasó varios años en los campos de reclusión de Siberia.
Al llegar a México mi padre tuvo que dedicarse a ser comerciante y como muchos judíos migrantes, se convirtió en un vendedor de artículos de ferretería en ferias que se realizaban en diversas poblaciones del territorio nacional. Posteriormente logró tener una cristalería en la Zona de la Merced para terminar con una fábrica de fibra de acero a partir de maquinaria que el mismo desarrolló. En ese trayecto pasó por diversos negocios como fábricas de cubetas y artículos de fierro, de formas continuas de papelería, de cubiertos, etc. pero siempre con poco éxito económico y siempre ilusionado de lograrlo.
La imagen que de él me queda es la de un hombre con muchas potencialidades, con muchos recursos personales, muy trabajador y tenaz pero muy frustrado por sus fracasos económicos que pesaban de manera importante en el ambiente doméstico y en la relación con mi madre. Al final, a pesar de su vena humorística era un hombre triste. Me heredó una libertad de pensamiento y de creencias. Era un liberal poco aferrado a ritos y costumbres.
Mi madre Bertha Rapoport provenía de una familia religiosa. Su padre fue traído al país para ocuparse del sacrificio de animales de acuerdo al rito judío. Era lo que se llama un “shoijet” en el mercado de La Merced. Sufrió una embolia cerebral y yo siempre lo vi sentado en un sillón, con su cabeza cubierta por su gorro negro, sin rasurar y balbuceante. Al parecer había sido líder en su comunidad de Brailov, Ucrania y con el traslado a México había perdido posición social y su dignidad.
El centro de la familia de mi madre era mi abuela Sarita. Una mujer muy bajita que desde Ucrania se encargaba del sustento de la familia con la venta al menudeo también de productos de ferretería, mientras mi abuelo realizaba su trabajo comunitario y acudía al templo. La recuerdo en permanente movimiento: preparando pepinos agrios que conservaba en la terraza de su pequeño departamento, atendiendo a mi abuelo, limpiando la casa para las fiestas o cocinando las maravillosas cenas y comidas de pesaj o de Rosh Hashana que eran todo un acontecimiento familiar. Fue realmente la única abuela con la que conviví. Murió el mismo año que yo me casé y fue de quien aprendí los ritos y costumbres de la religión judía ya que los seguía con bastante apego a las normas.
Recuerdo especialmente cuando días antes del Yom Kipur, el día del ayuno, nos hacía hacer “capoires” un rito que consiste en darle vueltas a una gallina sobre tu cabeza para pasarle tus pecados. También me dejó un sentido de vida de familia ampliada donde todos colaboraban, se cuidaban, se protegían, convivían y compartían. Ella había logrado migrar con seis de sus hijos que se convirtieron en mi familia cercana que veían por mí, me protegían y generaban expectativas sobre mí futuro como padres y madres colectivos. Realmente tuve yo varios progenitores y hermanos, además de mis dos hermanos directos, Jaime y Miguel.
Mamá era la hermana de en medio de su familia, mimada por sus abuelos en Rusia, de niña se escondía en un baúl de un monasterio cuando llegaban los cosacos a acosar a los judíos en los pequeños poblados. Físicamente muy bella en su camino en México se encontró a un hombre rubio, de ojos azules, también bastante bien parecido y que resultó ser el hijo del mayorista de ferretería al que su madre Sarita le compraba la mercancía que ella a su vez vendía en Brailov. Mi padre la persiguió esperándola a la salida de su trabajo y acompañándola en el camión hasta que un día se presentó con mis abuelos a pedir su mano.
Una mujer muy inteligente, mi madre no tuvo oportunidad más que de cursar la escuela primaria, pero tenía una sabiduría natural. Por ejemplo en materia de medicina su capacidad de diagnóstico era sorprendente y sus recomendaciones para resolver problemas de salud eran infalibles. Era muy consciente socialmente, se preocupaba por no causarle daño a nadie y por ayudar a los demás en todo lo que podía. Trataba a todos con respeto y cariño. Cada año preparaba un montón de deliciosos pasteles de miel en “Rosh Hashana” y se lo regalaba a muchas personas. Recuerdo que también preparaba “kreplaj” y las dejaba secar en la sala de la casa.
Si bien seguía algunos ritos judíos no fue particularmente rígida con nosotros a pesar de sus antecedentes familiares y nos dio mucha libertad para elegir. Se convirtió en una mujer sabia. Sin embargo, la situación económica en la casa le pesaba mucho y la hacía sentirse menos frente a sus hermanos y a la comunidad judía. Tuve la fortuna de que estuviera conmigo hasta los 98 años y fue la última en irse de su generación a pesar de su precaria salud. Mis preocupaciones e intereses por lo social provienen indudablemente de mi madre, la consideración de que todas las personas son iguales y que merecen respeto y reconocimiento a su dignidad también. No recuerdo que me haya llamado la atención por tener amigos y amigas de diversos orígenes y siempre los recibían muy bien en la casa.
Un personaje central en mi vida fue mi nana Juanita Bravo una mujer muy inteligente, muy guapa y de mucho carácter. Nos cuidaba a mi hermano Jaime y a mí pues mi madre tuvo que ayudar a mi padre durante varios años en la cristalería y ambos regresaban a la casa después de las seis de la tarde. Mi nana Juanita incluso aprendió idish para ayudarnos con las tareas. Me trenzaba mi cabello de varias maneras, me vestía de indita o de china poblana y me enseñó el enorme placer que significa la comida mexicana. Era una excelente cocinera. De ella aprendí a comer picadas con cilantro, cebolla y salsa verde, romeritos con mole y tortitas de camarón, ensalada de Nochebuena con betabel y colación y gusanos de maguey fritos o en salsa. También me enseño a bordar con hilos Ancla y con bastidor de madera, las carpetas con dibujos de pájaros y flores que compraba en el mercado y a hacer piñatas en ollas de barro con engrudo y papel de china de colores enchinado con cuchillo. Nos introdujo al mundo de los pueblos rurales ya que nos llevaba a mi hermano Jaime y a mí a las fiestas de su pueblo en el Estado de Hidalgo con toda su familia. Nunca tuvo hijos, pero siempre crío en mi casa a algunas sobrinas que se convirtieron de alguna forma en mis hermanas menores. Aprendí mucho de la cultura popular de México en la convivencia con ella y con su mundo. Mi amor entrañable por México por sus costumbres, sus fiestas, su artesanía, su comida, sus colores, sus sitios se los debo a mi nana. La convivencia cercana con ella y con su familia me hizo conocer un mundo distinto al de la comunidad judía. Su relación con mi madre siempre fue de gran igualdad y cercanía.
En este contexto y en las décadas de los cincuenta y sesenta el futuro que estaba diseñado para mí era el de terminar mis estudios de preparatoria en El Colegio Israelita de México para después buscar una esposo con el cual pudiera procrear una familia judía tradicional encerrada en la comunidad, donde los hijos a su vez estudiarían en escuelas judías y se casarían con otros miembros de la comunidad. Mis relaciones sociales se desarrollarían en la escuela, en el centro deportivo israelita y en las fiestas y celebraciones en los templos. Desde mi óptica una especie de ghetto protector.
Las primeras rupturas con ese destino empezaron en la misma escuela judía donde estudié desde el kínder hasta la preparatoria. Por el ambiente familiar y por formas de trato en la escuela que nos marcaban porque mi padre no pagaba a tiempo las colegiaturas, empecé a desarrollar un rechazo a la desigualdad y a la discriminación. Había familias de la aristocracia económica judía que recibían todos los honores, presidían los comités de padres, imponían sus reglas y sus hijos gozaban de privilegios. Otros que no queríamos pertenecer a los sectores discriminados socialmente hacíamos esfuerzos por destacar de distintas maneras, para no ser relegados a las “masas” de bajos recursos.
Ahora me percato de que yo eché mano de varias estrategias: ser una excelente estudiante, una muy buena deportista y tener cierto liderazgo en mi grupo. Practicaba todos los deportes de las competencias intraescolares que se realizaban cada año entre las escuelas de la comunidad y obtenía medallas. Formaba parte de la sociedad de alumnos o de las responsables de la Cruz Roja. Acabé rompiendo los límites que me imponía mi condición socioeconómica volviendome un personaje singular.
Al terminar la escuela secundaria acometí mi primer gran reto para liberarme del encierro comunitario. Les pedí permiso a mis padres para continuar mis estudios en la Preparatoria 5 de la Universidad Nacional Autónoma de México. La negativa fue rotunda. ¿Cómo una muchacha judía iba a salir a estudiar fuera de las escuelas de la comunidad? ¿Cómo iba a ser eso visto? ¿Cuáles eran los riesgos a que me iba a enfrentar?
Era además la etapa de la vida en donde uno empezaba a tener novios con posibilidades de que al salir de la escuela preparatoria, se pudiera uno casar y cumplir el destino predeterminado. La primera de mis compañeras se casó a los 16 años y la mayoría entre los 17 y 18.
Los años de la preparatoria fueron fundamentales en mi formación. Desde niña tenía yo muy buenas relaciones con los varones: mis dos hermanos, especialmente con Jaime el menor, mis primos, los amigos de la vecindad donde vivíamos. En la preparatoria me refugié de algún modo en las relaciones de amistad con mis compañeros o con mis compañeras que tenían una perspectiva de desarrollo más allá del matrimonio. Pasaba también mucho tiempo sola. Ahí fue donde decidí que debía ir a la Universidad y que tenía que estudiar sociología. La Maestra Cecilia Diamant que me daba ética en la preparatoria y a quien respetaba y valoraba mucho, me disuadió de estudiar sociología y me sugirió que entrara a la escuela de economía.
Las jóvenes judías de mi época que continuaban estudios después de la preparatoria lo hacían en el Seminario para maestras de idish, o estudiaban sicología o decoración. Eran muy pocas que se iban a otras carreras profesionales odontología, filosofía, historia, estéticas, por ejemplo.
La primera ruptura
Les informé a mis padres que ingresaría a la UNAM a estudiar economía. En ese momento ya tenía yo la suficiente fortaleza para no ceder a sus presiones y mis padres tuvieron que aceptar aunque no entendían bien qué era lo que yo quería estudiar. Desde entonces en la comunidad era yo catalogada como “comunista” porque entre economía y comunista no había mucha diferencia en particular para aquellos que habían sufrido los rigores del comunismo estalinista. Había por fin logrado saltar la barda y acercarme al mundo amplio de la comunidad mexicana.
Mi madre no se atrevía a cuestionarme pero sé que le preocupaba que yo no me casara con un hombre judío. Difícilmente se atrevía a decirme algo. Papá estaba más alejado, inmerso en su cotidiana lucha por la sobrevivencia pero o no le preocupaba mucho lo que yo hiciera o no era tan consciente de los riesgos de sanción social de la comunidad judía como mi madre. En mi familia ampliada estaba en particular una amorosa tía Miriam con una enorme capacidad de relacionamiento social que me había tomado de encargo para casarme y se la pasaba buscándome un novio judío sin mucho éxito.
Inicié la escuela de economía junto con Raquel Morgenstern y entramos al grupo matutino de la Facultad de Economía, donde daban clases los mejores maestros: Jorge Tamayo de Geografía Económica, el maestro que más disfruté de toda la carrera; el Profesor Mario Ramón Beteta de Teoría Económica; el maestro Ricardo Pozas de Sociología o el maestro Casanueva de Contabilidad. A las clases de la mañana acudían los jóvenes con mayores recursos pues no tenían que trabajar para sufragar sus estudios y su sobrevivencia. Estos iban en los turnos de la tarde.
Era evidente que Raquel y yo éramos dos personajes extraños en ese contexto, incluso teníamos un compañero muy resentido que externaba opiniones antisemitas cuando pasábamos frente a él. Raquel no soportó la carrera y en el segundo año se pasó a sicología. Yo en cambio empecé a hacerme de muy buenos amigos. Un grupo era de muchachos y muchachas de familias con recursos económicos hijos de gobernadores, de funcionarios públicos o de banqueros. Las relaciones eran muy cordiales y respetuosas, íbamos a las casas de algunos de ellos y conocíamos a sus familias y mi casa siempre estuvo abierta.
Considero que esas relaciones me facilitaron la transición del encierro en la comunidad judía al mundo abierto y diverso. Resultaba de algún modo un espacio protegido y amable y a mi madre le facilitó aceptar el cambio y acoger a los integrantes de este grupo.
Hice muy buenos amigos en la Universidad y los términos de relación eran de mucha igualdad tanto como mujer, como judía. Nuevamente me resultaba más fácil vincularme con los compañeros varones que con las mujeres que por cierto en esa época eran muy pocas. Dos de mis amigos entrañables Mario Alberto Roche y René Barbosa, muy inteligentes y un tanto extraños a sus respectivos ambientes, murieron muy jóvenes, uno en un accidente automovilístico y otro de un infarto.
Estando en el primer año de Universidad le dije a mi padre que quería trabajar para tener algo de dinero. Quería entrar a sicoanálisis. Se trataba de otra ruptura con respecto al destino preestablecido. Necesitaba entender mi entorno y comprender mi ubicación en la familia, en la comunidad y en el mundo y tomar mi vida en mis manos.
Tenía en esa etapa un grupo de amigos judíos intelectuales donde varios estaban en psicoanálisis. Ahí profundicé mi relación con Anita Shapiro, quien se convirtió en mi gran amiga. En esa época en México había una corriente fuerte de profesionales de la escuela froidiana proveniente de Argentina y también estaba en auge y un tanto confrontada con la primera, la escuela frommiana con los discípulos que Erik Fromm había formado en México, los llamados 12 apóstoles. Teníamos relación con varios de estos últimos.
En esa época, por iniciativa de mi padre, Silvia, esposa de mi hermano Miguel y yo iniciamos una pequeña tienda de regalos y tabaco en Hamburgo 112, frente al Centro México Norteamericano de Relaciones Culturales en la Zona Rosa. El proyecto fue un total fracaso, por lo que para tener algo de dinero yo tenía que trabajar dos horas al día en una tienda de ropa “Martha Sartré” en la calle de Génova cubriendo el turno de comida del personal. Fue cuando me di cuenta que no servía para el comercio, ni para negocio alguno.
En la pequeña tabaquería me visitaban mis amigos de la Universidad y aprendí a jugar ajedrez para matar el tiempo. En la tienda de ropa ganaba 400 pesos y con eso empecé mi análisis frommiano con el Dr. José Rubio, quien fuera otra gran influencia en mi vida pues el proceso que seguí con él me sirvió de mucho para profundizar en mi historia y en las relaciones sociales de mi entorno. El marxismo estudiado en la escuela de economía con Juan Bromm y el psicoanálisis se convirtieron en mis instrumentos para tratar de entender la realidad social y armar algunas interpretaciones.
En tercer año de la carrera reconocí que la economía no era mi destino profesional, no toleraba las materias relacionadas con finanzas, banca o comercio internacional. Lo único que quería era pasar el menor tiempo posible en la escuela y opté por cambiarme al “grupo piloto” por las tardes en el cual eran menos horas de clases aunque más de estudio. Fue la oportunidad para conocer a compañeros brillantes, políticamente más involucrados y activos. Personalmente nunca participé en movimientos o partidos políticos.
Producir evidencia sobre la realidad social
En el segundo año de la universidad inicié mi carrera en el servicio público trabajando como auxiliar de analista en la Dirección General de Estadística por las mañanas y acudiendo a la universidad por las tardes. Desde esa época y en varias ocasiones a lo largo de mi vida profesional, me interesé por la producción de información estadística. Siempre he pensado que para documentar y hacer evidentes las problemáticas sociales que vive la población se requiere de información sobre las personas, las familias y las comunidades. Hasta entonces solamente por medio de los Censos de Población realizados cada diez años, se podía saber cuántos éramos en el país, cuántas mujeres, cuántos hombres, de qué edades, en qué trabajábamos, por ejemplo.
Me convertí en una experta del Censo de Población de 1960 (1962-1964) y tuve oportunidad de diseñar el cuestionario del Censo de Población de 1970 (1969-1970) introduciendo un cambio en los marcos conceptuales utilizados para captar el trabajo y los ingresos de las personas e incorporando las recomendaciones de Naciones Unidas en la materia. Eso convirtió al Censo de Población de 1970 en el primer censo moderno de México apegado a las recomendaciones internacionales. Ahí trabajé con Rubén Gleason Galicia quien era director general de estadística, un hombre bondadoso con una gran capacidad para armar equipos de trabajo y generar compromiso de las personas. Para mí con su ejemplo, fue un gran maestro en administración pública.
En 1963 me hice el propósito de entrar a trabajar al Banco de México (BANXICO) que en esa época junto con Nacional Financiera era instituciones ejemplares que aseguraban a los egresados de estudios de economía adquirir una mejor formación en el trabajo. No sin dificultad por ser judía y no ajustarme al estereotipo requerido para ingresar a la estructura del banco y después de que uno de mis profesores de la escuela de economía que era funcionario destacado del mismo, desistió de seguir apoyando mi ingreso, logré entrar a un proyecto especial de proyecciones agrícolas del Banco en colaboración con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Quien se convirtió en mi jefe consideró que no era una mala idea tener a una güerita bonita como florerito para adornar la oficina.
Este trabajo me brindó la oportunidad de compenetrarme con las encuestas de ingreso-gasto cuyo levantamiento apenas se había iniciado en el país por Ana María Flores y el Dr. Nieto de Pascual, con el cual me tocó interactuar. También me relacioné con el mundo de los ingenieros agrónomos y aprendí mucho de la agricultura mexicana. Conocí a otro intelectual mexicano Victor Urquidi un economista de fama mundial que de alguna forma se convirtió en mi mentor. El me abrió varios caminos en mi vida profesional como fue el ingreso a El Colegio de México como su ayudante de investigación, me introdujo al estudio del empleo y los mercados de trabajo y a la prospectiva y los estudios sobre el futuro.
Por entonces tenía un excelente amigo y compañero de la facultad Santiago Sánchez Herrero que trabajaba en la Oficina Técnica de la Dirección del BANXICO un sitio privilegiado dentro del Banco, donde estaban economistas muy destacados como Sergio Gighliaza y Manuel Uribe. Yo los conocí por mi cercanía con Santiago, así como también a los que trabajaban en la Torre Latinoamericana donde Victor Urquidi era el jefe, otro nicho de economistas de primera como Rafael Izquierdo y Luis Cosío. Todos ellos varones. Varios fueron mis maestros y con Gighliaza y Cosío acompañamos a Victor Urquidi cuando asumió la Dirección del Centro de Estudios Económicos y Demográficos (CEED) de El Colegio de México en la calle de Querétaro a finales de los años sesenta. Don Victor fue posteriormente el Presidente de El Colegio de México e introdujo nuevos temas y campos de investigación y creó una época luminosa de El Colegio. También echó a andar el Centro Tepoztlán que ahora lleva su nombre y del que formo parte desde su inicio y en el que mensualmente se reúnen estudiosos de diversas especialidades a debatir sobre problemas de México.
Cuando trabajaba en Proyecciones Agrícolas en la calle de Volivar 15, todos los días en el Renault de Santiago recorríamos Isabel la Católica de norte a sur para llegar a la universidad. Yo contaba las cantinas que había sobre esa calle. Santiago y Tere su esposa que estudiaba filosofía y era la primera mujer verdaderamente liberada que yo conocía, me introdujeron al mundo de los cineclubs universitarios y de los intelectuales de izquierda como José Revueltas y Luis Prieto. Era la época de La nueva ola francesa y me hice apasionada del cine. A veces en el Renault Dauphine de Santiago, un coche muy pequeñito, entrabamos ocho personas y nos íbamos al cine. Recuerdo una ocasión donde Pepe Revueltas se metió junto con nosotros al pequeño Renault.
En 1965 tomé un curso de Encuestas de Hogares por Muestra del Departamento de los Censos de Estados Unidos. Con lo que aprendí en ese curso, años después (1973-1975) pude iniciar la primera encuesta continua de población en el país que es la que actualmente arroja las cifras de empleo y desempleo mensual y trimestralmente, además de otras informaciones valiosas sobre la vida de las personas. Me interesaba mucho poder producir información más precisa y con mayor frecuencia sobre las condiciones de vida de las personas, sobre su trabajo y sus ingresos, sobre la composición de las familias, sobre su marginación y sobre la desigualdad entre clases sociales y sexos. Me parecía que era la manera de evidenciar con datos duros la profunda desigualdad que caracteriza a la sociedad mexicana.
Siempre mantuve mi interés por producir información sobre la población. Cuando trabajé en la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (1975-1977) operábamos un sistema para calcular un índice de precios que nos permitía tener mejor información para fijar anualmente los salarios mínimos. Durante mi participación como Directora del Instituto Nacional del Consumidor (1984-1988) desarrollamos investigaciones de precios comparados de productos en distintos establecimientos para que las personas pudieran escoger dónde se vendía más barato lo que requerían comprar, fueran verduras y abarrotes o electrodomésticos. También montamos un sistema para ver cómo la crisis de 1982 estaba afectando los patrones de consumo de la población cambiando el consumo de carne por consumo de vísceras o de café con leche por café solo. En años más recientes promoví la creación del Observatorio de Política Social y Derechos Humanos en INCIDE Social A.C. la organización civil en la que participo donde concentramos información estadística, indicadores, bibliografía, noticias y notas de opinión sobre los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.
Mi deseo profundo siempre ha sido que los funcionarios de gobierno se dieran cuenta del sufrimiento de la población y que fundaran sus decisiones futuras tratando de generar los menores efectos perversos en la vida de las personas o que pensaran en producir beneficios para mejorar su bienestar. Las preocupaciones de mi madre por los demás afloraban en todas mis acciones. La constante de mi vida profesional fue tratar de responder a las preguntas sobre ¿cómo puedo yo contribuir a que la vida de los otros sea mejor? ¿Cómo puedo aportar para que haya menos injusticia y desigualdad? ¿Cómo puedo aportar para mejorar el bienestar y la felicidad de las personas y disminuir su sufrimiento?
Paulatinamente me fui inclinando a utilizar las herramientas que había aprendido en la Facultad de Economía y en mis experiencias de trabajo para evidenciar el sufrimiento de las personas que vivían en la pobreza, en el margen, que experimentaban la desigualdad o eran discriminadas. Es decir me moví hacia la economía social y me convertí en una especie de investigadora empírica fuera de los espacios formales de la academia que buscaba respuestas escuchando a las personas.
El cambio de estatus civil
También en esos años me postulé para una beca con el fin de ir a hacer un posgrado en la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en Santiago de Chile. CEPAL junto con el Instituto de Altos Estudios de La Haya eran los dos lugares donde los economistas de mi generación buscaban hacer sus posgrados. Las teorías de Raúl Prebisch y de Charles Bettelheim daban marco al quehacer de los economistas de la administración pública de la época.
Aún cuando si logré calificar para que me otorgaran la beca el comité de selección decidió dársela a un joven al que no se la habían dado el año anterior por que se vieron forzados a concedérsela al hijo de un político influyente. Entendí además que consideraron que como mujer no tenían certeza de que yo fuera a utilizar los estudios de posgrado pues seguramente optaría por casarme. Mi condición de mujer fue fundamental en ese entonces para que yo no alcanzara un posgrado, situación que actualmente se encuentra ampliamente superada para las generaciones actuales de profesionales mujeres. Junto con otras pocas mujeres como Sofía Méndez, María de los Angeles Moreno, Norma Samaniego, con el ejemplo de Ifigenia Martinez o la Sra. Camposalas éramos de las primeras mujeres mexicanas en incursionar en la economía en la administración pública.
Siempre he reconocido que esa decisión del Comité de becas me hizo quedarme en México y conocer en 1965 a mi esposo el Dr. David Bialostozky con el que llevo cerca de 50 años de feliz vida matrimonial con mucho respeto profesional mutuo y con quien he compartido ilusiones y desencantos. Logramos procrear tres hijos fantásticos que son Claudia, Adriana y Héctor tres seres comprometidos y preocupados por su entorno donde cada uno procura mejorar la vida de los demás y del planeta. Al verlos ahora en su vida adulta compruebo como los influimos David y yo con nuestras obsesiones: la preocupación por las poblaciones pobres, por las personas discriminadas, por los animales, por la naturaleza, por la justicia, por la verdad y el desprecio por lo material, por la codicia, por la corrupción, por el engaño y la simulación. Claudia trabaja con la naturaleza en jardinería en Vancouver, Canadá; Adriana como médico pediatra atiende a los hijos e hijas de migrantes latinoamericanos en Nashville, Tennessee y Héctor abre el mundo al autoanálisis y a la auto-reflexión a sus alumnos en la Universidad Iberoamericana. David, la pareja de Claudia es profesor de preescolar y Andrés David el esposo de Adriana es un pediatra cardiólogo que trabaja en la Universidad de Vanderbilt. Tenemos dos nietos maravillosos Sebastián y Santiago de 13 y 11 años, sensibles, educados, amorosos y muy buenos músicos y deportistas.
La conciliación vida familiar y vida de trabajo
Colaboré un tiempo en El Colegio de México como ayudante de investigación del Sr. Victor Urquidi (1965-1972). Gracias a él me convertí en una de las primeras expertas en mano de obra y mercados de trabajo del país, lo que me permitió intervenir en el Censo de Población de 1970 y en la construcción de la Encuesta Nacional de Empleo mencionada anteriormente, así como llegar a ser Directora Técnica de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (1975-1976) y Directora General del Empleo (1976-1982) en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social.
Me casé en 1965 cuando trabajaba en El Colegio. El horario de trabajo era sólo hasta la una de la tarde lo que me permitía combinar mis funciones de investigadora con los de madre, pues por las tardes llevaba a mis hijos a distintas actividades. Fue una época donde pude conciliar mi vida de trabajo con mi vida familiar. Al entrar a la Comisión Nacional de Salarios Mínimos la corta armonía se fracturó. Las fijaciones de los salarios nos llevaban a sesiones con el Consejo de la Comisión hasta altas horas de la noche durante varias semanas.
Fue el momento de mi vida en que empecé a ceder a las demandas de tiempo que impone el desempeñar una función de alto nivel en la administración pública mexicana. Se piensa que las personas que ocupan esos puestos son hombres de disponibilidad total y deben estar dispuestas a responder las demandas del trabajo las 24 horas del día e incluso los fines de semana. No hay consideración alguna al hecho de que las personas, incluso los hombres, somos parte importante de una familia y tenemos roles que desempeñar en el trabajo reproductivo o doméstico.
El haber dado el paso a aceptar que mi agenda de tiempo me fuera impuesta desde afuera fue en perjuicio de mi vida familiar y de la crianza de mis hijos. Aún cuando mis hijos no estaban solos pues nuestra situación económica y la amplia disponibilidad de trabajadores en México permitieron que siempre tuvieran quien los cuidara, yo me perdí una parte fundamental de su crecimiento. David solía dejar de trabajar en su consultorio todos los miércoles y se los llevaba al cine y a comer hamburguesas. El también los llevaba a la escuela. El Sr. Abel Piña una excelente persona pasaba a recogerlos a la escuela y los llevaba a sus distintas actividades. Los fines de semana yo siempre procuraba estar con ellos y yo los llevaba a sus visitas médicas.
Varias mujeres han trabajado con mi familia a cargo de la economía del cuidado de mi casa. Jovita Martínez los primeros años, Aurora como nana de mis hijos y durante cerca de cincuenta años Guadalupe Reyes una mujer silenciosa y solitaria que nos dio una calidad de vida excepcional cuidando la casa, las cosas, el jardín y la ropa. Ella tenía que trabajar para sostener a un hermano enfermo a quien aún ahora le envía mensualmente parte de su ingreso. Lupe representa la trágica historia de vida de muchas mujeres que son enviadas al trabajo doméstico en las ciudades para sostener a sus familias en los pueblos y rancherías. Continúa viviendo con nosotros, realizando pocas actividades pues en realidad su casa y su familia somos David, yo y mis hijos. Su sobrina Rosa Reyes lleva treinta años a cargo de la cocina de la casa. Fue enviada por su familia, sin opciones para escoger, a ayudar a su tía Lupe.
Conocida como Toña es un personaje memorable y apreciado no sólo por nosotros sino por la familia ampliada, mis hermanos, sus hijos y los hermanos de David y sus hijos. Cocina extraordinariamente, goza la cocina y le prepara a David diferentes platillos para el desayuno, la comida y la cena procurando ahora qué el ya tiene 85 años, complacerlo en sus caprichos y gustos. Los amigos de la infancia de mis hijos siempre recuerdan su sopa de munición con mostaza, el pulpo en su tinta o los romeritos con camarones.
Cada año en agosto son famosos los chiles en nogada de Toña y por lo menos organizamos tres cenas de chiles para satisfacer a todos los que esperan la llegada de la temporada de nueces de castilla frescas, de granada roja y de chiles anchos. Cuando vamos a ver a Adriana y Andrés y a los nietos a Nashville es ineludible llevar una carga de strudel de manzana de Toña de acuerdo a la receta de la abuela Bertita, un “topper” lleno de tapioca y un frasco de romeritos en mole para Adriana. El sincretismo de la comida judía y la mexicana. Toña, junto con el Sr. Javier Cervantes nuestro chofer por veinte años, son dos personajes fundamentales de la casa y nos resuelven la vida ahora que David y yo somos adultos mayores.
David mi esposo trabajó por 52 años en el Instituto Nacional de Cardiología y es un cardiólogo clínico e investigador destacado. Su origen judío, su autonomía, su carácter y su dura crítica al funcionamiento de las instituciones en México obstaculizaron que se le reconociera su aporte a la medicina mexicana- Esta es controlada como muchos espacios profesionales en el país, por mafias históricas conocidas que ocupan todos los puestos importantes, manejan los recursos de las instituciones y se distribuyen los reconocimientos. David nunca pudo ingresar por ejemplo a la Academia Nacional de Medicina ni al Sistema Nacional de Investigadores.
Su dedicación de lleno a la medicina y su educación de niño lo hicieron un hombre muy dependiente en la vida cotidiana. Es el típico caso del hombre que se le pide que saque la leche del refrigerador y que teniéndola frente a sus ojos no ve dónde está. Es absolutamente negado para cualquier trabajo doméstico pero ha sido un padre extraordinario y su contribución a la vida familiar además del aporte económico que nos ha permitido una vida holgada, ha sido el cuidado y atención de los hijos. Su dedicación de vida ha sido a su familia nuclear siendo un hombre muy amoroso y cálido.
Reconozco también que esa seguridad económica que David aportó a la relación de pareja ha sido fundamental en mi trayectoria profesional. Nunca me vi forzada por razones económicas a aceptar un trabajo que no me gustara. Además, siempre tuve la suerte de que en los momentos que tenía que cambiar de trabajo como era cuando había cambio de administración de gobierno se me presentaban varias opciones a escoger y siempre tuve la libertad para seleccionar aquellas que más me gustaban. También he podido negarme a aceptar muy diversas posiciones, particularmente en los últimos años en los que he privilegiado mi libertad para estar con David, para opinar con libertad y para hacer lo que más me gusta que es investigar, denunciar y proponer.
Desde mi primera elección profesional en 1965 cuando tuve que escoger entre quedarme en la estructura formal del Banco de México o aceptar la invitación de Victor Urquidi para integrarme a El Colegio de México, opté por la segunda. Me percaté que entrar al Banco significaba que me iban a poner un sello como a los periódicos Excelsior que se entregaban diariamente al Banco y que decía “propiedad del Banco de México”. Nunca he aceptado ser propiedad de nadie, nunca quise subordinarme a un jefe político y cuando corría el riego de que me pusieran un grillete hacía una fuga rápida y desaparecía de la mira.
Cuando me desanimaba y quería “tirar la toalla” David siempre estaba a mi lado y me hacia reflexionar, me ayudaba a decidir qué era lo mejor, aún cuando claramente significara un sacrificio para nuestra relación de pareja y para la vida familiar. Los dos éramos muy dedicados a nuestras carreras profesionales y el tiempo que teníamos libre lo destinábamos a los hijos.
Siempre me ha gustado viajar y a lo largo de mi vida profesional he tenido constantes oportunidades. En una época viaje mucho a Latinoamérica, en otra a Europa, algunas veces a Asia y más recientemente mucho dentro del territorio nacional. David siempre aceptó mi condición trashumante que creo heredé a mi hijo Héctor. Disfruto conocer otros lugares, saber qué ocurre en la vida de las personas que habitan el lugar fundamentalmente platicando con la gente. Me encanta experimentar y comer muy bien. He tenido una oportunidad realmente excepcional a lo largo de mi vida para tener amigos cubanos, portugueses, españoles, franceses, brasileños, chilenos, ticos, uruguayos y argentinos.
Creo que una razón fundamental de mis logros profesionales tiene que ver fundamentalmente con la calidad e inteligencia de David que ha sido un compañero de vida incomparable, así como con la tolerancia de mis hijos al abandono materno y con las varias personas que nos han ayudado como familia a cursar por la vida de forma muy feliz y con un gran bienestar.
La continuación de la vida laboral
Al cambiar la administración de Luis Echeverría a la de José López Portillo acudí a la oficina de Pedro Ojeda Paullada recién nombrado Secretario del Trabajo del nuevo gabinete a entregarle mi renuncia como Directora Técnica de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos. Iba decidida a recuperar el control de mis tiempos y retornar a un horario de medio tiempo para poder atender a mis hijos. Yo tenía para entonces 34 años, Héctor tenía seis años, Adriana ocho y Claudia diez.
Yo no conocía a Pedro Ojeda Paullada y no obstante de inmediato me ofreció que asumiera la Dirección General del Servicio Público del Empleo pues sabía que yo era experta en empleo y mercados de trabajo. No me dio opción para decidir y de inmediato me presentó con Javier Alejo que en ese momento lo visitaba, como la nueva Directora General del Servicio que consistía esencialmente de una Bolsa de Trabajo en la calle de Dr. Barragán. Recibí el escritorio de Don Adolfo López Mateos en mi oficina de directora, pues fue Secretario del Trabajo en algún momento de su vida.
El trabajo en la Dirección que posteriormente se convirtió en Dirección General del Empleo fue una experiencia excepcional en mi vida. Estábamos en un tema de punta tanto nacional como internacionalmente y contábamos con el apoyo de un equipo de expertos internacionales muy destacados a través de un Proyecto del Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Eran varios economistas latinoamericanos Samuel Lichtenstejn, Oscar Tangelson, Roberto Tomassini, Esteban Lederman y Benito Roitman que habían tenido que huir de las dictaduras militares de sus países y venían de ocupar posiciones importantes en los gobiernos, universidades o en instituciones internacionales: rectorías, ministerios, direcciones de investigación y políticas, etc. La mayoría de ellos judíos.
Era la época del Programa Mundial del Empleo promovido por la OIT y en América Latina operaba PREALC, el Programa de Empleo para América Latina y CINTERFOR para formación profesional. Éramos muy activos en los foros internacionales dado que a Pedro Ojeda Paullada después de haber presidido la Primera Conferencia Mundial de la Mujer en México en 1975, le interesaba mucho la participación en los foros internacionales. En esos seis años participé en varias reuniones internacionales y regionales. Asistía a Ginebra con frecuencia y fue cuando conocí toda América Latina. Éramos líderes en planificación del empleo, estudios de mercados de trabajo e hicimos las primeras investigaciones en la región sobre el sector informal de la economía.
Elaboramos el primer y único Programa Nacional de Empleo que ha tenido el país, promovimos la creación del Servicio Nacional de Empleo en todos los estados para dar orientación sobre oportunidades de trabajo y capacitación a la población, desarrollamos el Catálogo Nacional de Ocupaciones y promovimos investigaciones sobre las necesidades futuras de egresados de la educación superior.
Estábamos construyendo institucionalidad pública en un campo totalmente desatendido hasta entonces por el gobierno mexicano: el del empleo y los mercados de trabajo. En el equipo de la Secretaría había varias mujeres destacadas: Gloria Brasdefer como oficial mayor quien ayudó a Ojeda Paullada con la conferencia mundial de la Mujer y después se encargo de los trabajos técnicos para la Conferencia de Beijing de 1994; Aída Gonzalez en Relaciones Internacionales quien llegó a puestos importantes en la Secretaría de Relaciones Exteriores y a nivel internacional en posiciones relacionadas con los derechos de las mujeres y María de los Ángeles Moreno Uriegas que trabajaba conmigo como subdirectora de planificación del empleo y se convirtió en mi amiga de vida, muy cercana a David y a mis hijos.
Las cuatro desde distintas trincheras luchamos por los derechos de las mujeres y por la institucionalidad pública. Gloria era un de las primeras expertas en administración pública. María de los Angeles y yo participábamos en el grupo técnico del gabinete económico y nos peleábamos con Carlos Salinas de Gortari, entonces Director General en la Secretaría de Programación y Presupuesto, con Rogelio Montemayor, con los representantes del Banco de México y con el grupo de José Andrés de Oteysa entonces Secretario de Industria y Comercio porque desconsideraban los efectos en el empleo y en los ingresos de la población de las medidas de política económica que proponían al Gabinete Económico de López Portillo.
Por ejemplo, desde la Secretaría del Trabajo nos opusimos a la apertura económica irrestricta hacia el mercado externo por los problemas que se tendrían en el empleo y en los ingresos de la población. Posteriormente, el llamado grupo de los “los doctores” encabezados por José Córdova y Pedro Aspe consiguieron la apertura total al exterior en el primer gobierno neoliberal de México encabezado por Miguel de la Madrid. Desde entonces hemos padecido una muy baja tasa de generación de empleos, causa eficiente de las violencias y la delincuencia que hemos vivido en los últimos años.
Desde mi óptica esos años del gobierno de López Portillo fueron una etapa excepcional de la función pública. Todos estábamos orgullosos de trabajar en el servicio público. Para mí se realizaba mi sueño de aportar a mejorar las perspectivas de ocupación e ingresos de los mexicanos y mexicanas haciendo que los efectos en el empleo fueran tomados en cuenta en las decisiones de política económica y construyendo institucionalidad para facilitar la capacitación de las personas y la localización de empleos a través de la creación del Servicio Nacional de Empleo en todo el país.
La única experiencia negativa en esa etapa vinculada a mi condición de mujer, judía y diría rubia fue el no poder participar en los programas de televisión donde funcionarios de la administración de López Portillo tenían que explicar el contenido de los informes presidenciales en las diferentes materias. Yo tenía una figura demasiado poco “mexicana” y resultaba embarazoso que representara públicamente al gobierno mexicano.
Al salir de la Dirección General del Empleo, María de los Ángeles Moreno que desafortunadamente había sido capturada por el equipo de Carlos Salinas de Gortari, pasó a ocupar la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Social en la Secretaría de Programación y Presupuesto encabezada por Salinas. Me invitó a que la acompañara en el único puesto que Salinas le permitió colocar a una persona cercana a ella, la Dirección del Centro de Investigaciones para el Desarrollo Rural Integral, el CIDERI.
Desde ahí logramos formular el último Programa Nacional de Alimentación PRONAL (1982-1988) con la colaboración y el impulso comprometido del Dr. Salvador Zubirán y del equipo del Instituto Nacional de Nutrición y con Sergio Reyes Osorio, entonces subsecretario de la Reforma Agraria, así como un Programa de Desarrollo Integral de la Mixteca Oaxaqueña. Carlos Salinas en su inacabable astucia le entregó la coordinación del PRONAL a Jorge de la Vega Domínguez anterior Secretario de Comercio y Presidente del PRI, con lo cual canceló toda posibilidad de que se aplicara el Programa pues ningún secretario le hacía caso a Don Jorge, excepto el Gordo Pesqueira entonces Secretario de Agricultura y un hombre muy simpático y afable. El Programa de las Mixtecas, Salinas se lo dio a su amigo Heladio Ramírez que en ese entonces era miembro del Congreso y estaba confrontado con el entonces Gobernador de Oaxaca. Dos magníficos proyectos resultado de la colaboración y el compromiso institucional los anuló Carlos Salinas por sus ambiciones políticas y su profunda maldad.
Decidí que mi espacio no era la Secretaría encabezada por Salinas y su equipo, lleno de personajes inexpertos, soberbios y profundamente ambiciosos. Me pasé en 1984 a dirigir el Instituto Nacional del Consumidor el INCO, institución que vi concebir y nacer dirigida por mi querido amigo Santiago Sánchez Herrero. Era para mí una maravillosa oportunidad.
De los años en la dirección del CIDERI obtuve varias cosas: continuar aprendiendo del sector agropecuario mexicano, del tema de la alimentación, de la organización campesina y de la planeación participativa a nivel comunitario. Inicié una excelente relación con los nutriólogos destacados del país como Héctor Bourges y Esther Villanueva, con funcionarios públicos serios y muy profesionales del sector alimentario como José Ernesto Costemalle y José Urquiaga y con Sergio Reyes Osorio. Ingresé así a la comunidad interesada en el problema alimentario del país y desde entonces formo parte del Consejo de Educación y Salud que edita la revista Cuadernos de Nutrición. Esta experiencia me ha permitido opinar sobre la actual Cruzada contra el Hambre promovida por la presidencia de Enrique Peña Nieto y mantener la libertad para aportar y cuestionar.
También entré en contacto con el que posteriormente fuera el equipo de Carlos Rojas en el Programa Nacional de Solidaridad y con profesionales que trabajaban en las organizaciones campesinas como Gustavo Gordillo y Hugo Andrés Araujo.
Esta capital social que fui formando a lo largo de mi trayectoria profesional permitió que en mi gestión como directora del INCO pudiéramos incluir líneas de trabajo cercanas a las necesidades en materia de alimentación de la población del país apoyadas por la comunidad de expertos. Realizamos campañas de orientación sobre la mejor alimentación en radio, televisión y medios impresos mediante los programas, la revista y el periódico del Consumidor, diseñadas y operadas por Martha Susana Ruiz; actividades de capacitación a la población para ser consumidores más conscientes y conocedores y organización de compras en común dirigidas por Andrés Manuel López Obrador que colaboró conmigo como Subdirector de organización y capacitación; investigaciones de precios, sobre la calidad de los productos y sobre el comportamiento de los consumidores dirigidas por Humberto Delgado y cuando él murió en el sismo del 85 por Gustavo Ponce.
Formulamos y difundimos propuestas de menús de bajo costo, formas de preparación de productos de consumo con tecnología doméstica para bajar el gasto en la compra de productos industrializados, paquetes de verduras concertados con la central de Abasto de bajo costo, comparaciones de precios publicadas en periódicos en varias ciudades para que las personas eligieran las tiendas más baratas. En el sismo de 1985 el Instituto armó brigadas para colaborar en la eliminación de escombros y en iluminar zonas de desastre como el Hospital Juárez. Con el teléfono del Consumidor enlazábamos a personas víctimas del desastre con aquellas que ofrecían diversos apoyos, orientamos sobre la calidad del agua y la vulnerabilidad de los edificios. Éramos una institución pública cercana e interesada por servir a las personas, éramos una institución confiable y creíble.
Creo que varios nos realizamos como servidores públicos en esa etapa del INCO. Teníamos amplias posibilidades de innovar y de educar para el consumo. Generamos varios materiales que aún ahora son apreciados por la comunidad de expertos en alimentación. El INCO estaba en la mira de Carlos Salinas para incorporarlo desde entonces a la PROFECO y en los cuatro años que estuve como directora logré impedirlo e incluso recuperar delegaciones estatales que ya habían venido cerrando. Fue una herramienta importante para los programas de estabilización de precios que encabezaban Pedro Aspe y Tellez. Sin embargo, la lógica de desestructuración del Estado promovida desde 1982 por los gobiernos neoliberales acabaron con esa magnífica institución y la sumaron a la PROFECO a la cual además le agregaron la vigilancia de los precios con lo que la destinaron a convertirse en una institución profundamente corrupta.
Como mujer el haber tenido la oportunidad de dirigir una institución como el INCO me permitió penetrar en un campo muy vinculado a la economía del cuidado históricamente encomendada a las mujeres. Nuestro interés radicaba en apoyarlas en las tareas que realizan sin pago, sin reconocimiento y sin valoración en el mercado, pero sobre las cuales tienen muchas responsabilidades y preocupaciones. Recuerdo que incluso en el teléfono del consumidor abrimos una línea para que pudieran llamar y obtener orientación en materia de nutrición y alimentación: ¿cómo preparar algún producto de temporada? ¿qué darle de lunch a los hijos?¿cómo alimentar a personas con problemas de diabetes?¿cuáles eran los mejores productos alimenticios en el mercado?
Mi deseo hubiera sido permanecer en el INCO como directora, pero la incertidumbre del cambio de gobierno hicieron que aceptara irme con María de los Angeles Moreno a la Secretaría de Pesca como Subsecretaria (1988-1991) en el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Posiblemente una de las actividades que menos hubiera deseado asumir y en un gobierno como el de Salinas, el hecho de estar con María de los Angeles me daba tranquilidad y certeza de que lo que haríamos sería buscar el mayor beneficio para los pescadores y ampliar el consumo de pescado en el país. La experiencia en la SEPESCA fue de una constante confrontación con el grupo de “los doctores”. Ellos buscaban privatizar el sector y abrir todas las especies protegidas para las cooperativas por el General Lázaro Cárdenas desde los años treinta. Tenían intereses personales de invertir en el desarrollo de la acuacultura de camarón que en esos años estaba dejando muy buenas ganancias a los empresarios en varios países.
Bajo la dirección de María de los Ángeles defendimos y tratamos de eliminar las confrontaciones entre los grupos de cooperativas; dimos una fuerte pelea contra Estados Unidos por su afán de controlar la pesca del atún en aguas de América Latina y tratamos de evitar los embargos en las pesca de atún y camarón; montamos un programa para evitar la pesca incidental de delfines, desarrollamos varios parques acuícolas para alentar le inversión; alentamos la regulación de la extracción de especies de acuerdo a evidencia científica; defendimos el crédito para el sector pesquero; abrimos y conservamos los mercados europeos y asiáticos de productos pesqueros mexicanos; defendimos la planta industrial de enlatado mexicana. Todo ello en contra de los deseos de “los doctores” cuya consigna era privatizar, vender la propiedad estatal a precios irrisorios y destruir al sector cooperativo de la pesca, beneficiarse personalmente de todo ello y yo diría incluso destruir al propio sector pesquero. Lograron sacar a María de los Ángeles de la Secretaría y enviarla como candidata a diputada de un distrito electoral en el D.F. donde tradicionalmente perdía el PRI.
A pesar de la invitación del nuevo Secretario de Pesca para quedarme en la Subsecretaría decidí que las razones por las cuales había yo entrado al servicio público se habían terminado; que ya no estaba dispuesta a colaborar con un gobierno totalmente contrario a lo que pensaba debería ser un gobierno para la gente. Se trataba ya de una administración pública capturado por una camarilla de personas que buscaban su beneficio personal, prolongarse en el poder y apoyar a los grupos que se los permitiera.
Los poderes del Estado quedaban en manos de un grupo sin escrúpulos y profundamente ambicioso. Se disponían a destruir las fortalezas que aún tenía el servicio público mexicano y a liberar todo a la fuerza de los monopolios y de los intereses fácticos entre los cuales ellos fueron construyendo sus propios espacios de control y poder. Profundizaron así la desigualdad, la pobreza, la discriminación, la exclusión de millones de jóvenes que se estaban incorporando a la vida escolar y laboral. Exacerbaron el individualismo escondido bajo los postulados de la competencia, la eficiencia y la productividad y destruyeron el comunitarismo, lo colectivo, lo comunal y con ello el tejido social. La gran tragedia de México de finales del Siglo XX y que hoy nos tiene sumidos en una guerra silenciosa y cruenta, sentaba sus bases en la codicia de los nuevos gobernantes.
En 1991 dejé voluntariamente la administración pública federal después de casi 30 años de participar en la construcción de instituciones y el desarrollo de capacidades de gobierno. Siempre he sido una ferviente creyente de la necesidad de un Estado de las personas y para el beneficio de éstas, que trabaje democráticamente y amplíe la participación de los ciudadanos pero que se responsabilice de cumplir las obligaciones de respetar, promover, proteger y garantizar los derechos humanos de todos los integrantes de la sociedad.
Después de quince años de trabajar juntas María de los Angeles y yo nos separamos. Ella siguió colaborando en el gobierno del PRI y en ese partido, siendo la primer mujer en llegar a presidirlo. Yo opté por alejarme y tomar rumbo por la participación ciudadana libre y por la construcción de organizaciones ciudadanas.
La etapa de activismo cívico
Al dejar el gobierno federal hice un intento no exitoso para entrar a trabajar en la CEPAL México. Rechace las invitaciones para retornar a la academia a hacer investigación. Mis amigos investigadores se habían convertido para ese entonces en los directores de los centros de investigación y en los principales investigadores en sus temas. Pensaba que desde la academia era difícil tratar de atajar el profundo cambio que se estaba dando en la sociedad mexicana hacia una economía de libre mercado, con poco Estado y muchos monopolios.
Fue así que a invitación de Miguel Basañez mi querido amigo demócrata, me incorporé al Acuerdo Nacional para la Democracia (ACUDE) una organización formada por intelectuales que promovían el tránsito de México hacia un país democrático y pretendían acabar con el monopolio del PRI en el poder. También acabé siendo presidenta del Consejo de administración de Este País la revista formada por Miguel y Federico Reyes Heroles que empezó a difundir encuestas de opinión.
En Acude, organización en la que también terminé siendo presidenta en 1994 conocí a gente extraordinariamente comprometida con la democracia: Jaime Gonzalez Graff un estudioso de la política y de la institucionalidad electoral muerto prematuramente que contribuyó de manera importante a la reforma política de 1996; Demetrio Sodi de la Tijera que en ese entonces era un interesante líder del movimiento ciudadano en formación con una notable capacidad para generar proyectos movilizadores como el Plebiscito de la Ciudad de México de 1993 y los 20 Compromisos por la Democracia; Jorge Eugenio Ortiz Gallegos un importante intelectual e ideólogo panista que abandonó ese partido con Bernardo Batiz y Jesús González Schmall y se incorporaron a ACUDE; Adolfo Aguilar Zinser muerto en un desafortunado accidente automovilístico y un hombre congruente con su ideología hasta el final; Jorge Castañeda un intelectual cosmopolita y variable; Amalia García quien fuera posteriormente Gobernadora de Zacatecas; Rubén Aguilar que llegó a ser el vocero de Fox; José Agustín Ortiz Pinchetti un intelectual y político honesto que ha acompañado a Andrés Manuel López Obrador desde hace varios años; José Antonio Crespo editorialista e investigador, Miguel Álvarez secretario de don Samuel Ruiz, el Obispo de Chiapas y un promotor de la paz y el diálogo y otros más, muchos de los cuales permanecieron como mis amigos a través de los años.
De ese grupo que tuvo varias iniciativas importantes para el tránsito a la democracia como la creación del grupo San Ángel, la observación de elecciones, la reforma política de 1996, pocos nos mantuvimos en la lucha ciudadana. Varios se incorporaron a las administraciones que fueron subiendo al poder desde distintos partidos. Incluso yo acepté ser Secretaria de Desarrollo Social del Gobierno del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas que llegó a la Jefatura de Gobierno del D.F. mediante una elección democrática.
Nuevamente la mayoría eran hombres y a mí me incluyeron en el grupo central de ACUDE, Amalia García participó en el Plebiscito y en los 20 Compromisos y con frecuencia sólo éramos ella y yo las únicas representantes del sexo femenino.
1994 fue un año particularmente complejo en México y en mi vida personal. Por alguna razón fui bien aceptada en el mundo del activismo cívico de reciente formación. Además de ser presidenta de Este País y de ACUDE participé con otras siete organizaciones por invitación de Sergio Aguayo, en la creación y en la primera Coordinación Nacional de Alianza Cívica; colaboré con Gloria Brasdefer en la integración y coordinación de los grupos de trabajo técnico para preparar la posición de México frente a la Conferencia de la Mujer que tendría lugar en 1995 en Beijing y formé parte con otras nueve personas del mundo científico del Grupo Técnico para la Auditoría del Padrón Electoral constituido a instancias del Dr. Jorge Carpizo a fin de garantizar la calidad de las listas electorales.
No sé cómo le hice y cómo David aguantó tanto activismo. En varias ocasiones me acompañó y colaboró. Todo era pro-bono. En mi casa se organizaban cenas, comidas y encuentros de políticos. Se construían proyectos y se discutía la situación del país bajo la administración de Salinas de Gortari.
A través de Alianza Cívica se organizó en todo el país la primera observación ciudadana amplia de elecciones federales. Queríamos acabar con todas las trampas y esquemas de clientelismo que había desarrollado el PRI a través de los años. Apostamos observadores en una muestra de casillas electorales, logramos hacer un conteo rápido de los resultados y emitir una opinión sobre la calidad del proceso.
David y yo nos llevamos una brigada de Alianza Cívica a la Zona Zapatista a realizar observación electoral a petición del EZLN. Una experiencia conmovedora e irrepetible. Por primera vez las mujeres de las comunidades acudían a depositar su voto y no eran los esposos que llevaban sus credenciales para votar por ellas. Primero votaron las mujeres, luego los hombres de las comunidades y al final la milicia zapatista. Al terminar la observación, los zapatistas no nos dejaron salir de la zona sino hasta que Ofelia Medina y Juan Bañuelos con la Cruz Roja Internacional salieran con toda la documentación electoral. Al salir de los límites de la zona encontramos al ejército rodeándola y fuimos ampliamente fotografiados.
En 1995 seguí colaborando en la preparación de la participación de México en la Conferencia de la Mujer en Beijing. Encabezaba yo los trabajos técnicos y con Gloria Brasdefer logramos articular a mujeres del gobierno y de los partidos, a las académicas y a integrantes de las organizaciones del movimiento feminista. Ahí conocí a Cecilia Loria con quien después impulsamos Causa Ciudadana una Asociación Política Nacional y a Patricia Mercado quien fuera candidata a la presidencia de la República en una elección posterior y que en ese momento lideraban al movimiento feminista.
La delegación para asistir a la Conferencia tuvo la intervención del Vaticano que exigía subir a la misma a mujeres representantes de los sectores más conservadores y retrógrados respecto de los derechos de las mujeres. Así lo hizo en todas las delegaciones de América Latina en algunas con mucho éxito como con la delegación Argentina y la Guatemalteca. Tuvimos que defender las posiciones ganadas en la delegación mexicana por varias mujeres que habían participado activamente en los grupos y conferencias preparatorias.
Sin embargo, lograron incorporar a dos personajes de la derecha más recalcitrante. Una de ellas particularmente, Paz Gutiérrez Cortina, nos hizo la vida pesada pasando información y grabaciones distorsionadas y manipuladas sobre las intervenciones de la delegación mexicana a las redes de información que había armado el Vaticano y la Iglesia Católica Mexicana.
Al regresar a México de Beijing nos esperaban en el aeropuerto un grupo amplio de periodistas y los jefes de la delegación prefirieron huir por la puerta de atrás y evitar a la prensa. La delegación fue calificada de abortista por que México no denunció a la Plataforma que resulto de la Conferencia como si lo hicieron las delegaciones de la región copadas por el Vaticano. Olga Pellicer una funcionaria ejemplar del Servicio Exterior Mexicano jugó un papel fundamental para que México preservara su posición de siempre acompañar los documentos que emanaban de reuniones internacionales de Naciones Unidas.
El gobierno mexicano en ese momento presidido por Ernesto Zedillo, optó por abandonar el reconocimiento del buen papel que había jugado la delegación mexicana en la Conferencia y solas tuvimos que enfrentarnos a la difamación y a las mentiras creadas por los grupos “defensores de la vida” en la opinión pública.
Personalmente y por mi condición de judía procuré no involucrarme en los temas de derechos y salud reproductiva que constituían una parte medular de la Conferencia después de los avances que se habían logrado en la materia en la Conferencia de Población que se había realizando antes en El Cairo. La mayoría de las representantes de las organizaciones feministas que integraron la delegación mexicana se concentraron en ese tema.
Las tesis sobre el desarrollo social
Siempre he pensado que en las economías de mercado como la nuestra el bienestar de las personas y las familias depende fundamentalmente de sus oportunidades de trabajo y de las retribuciones que reciben por éste. Si bien el Estado puede proveer una serie de bienes y servicios públicos como educación, salud, infraestructura urbana, recreación, transporte subsidiado, etc. es el ingreso que reciben las personas y las familias el que les permite acceder a los bienes y servicios que requieren para hacer la vida. Cuando las sociedades no tienen la capacidad o no se preocupan por ofrecer trabajos dignos adecuadamente remunerados, a sus poblaciones y especialmente a los jóvenes que recién están ingresando a los mercados de trabajo, las personas se ven obligadas a realizar actividades informales e incluso delincuenciales dado que la economía de mercado les exige contar con dinero para comprar lo que necesitan. Pero además los medios de comunicación masiva les generan necesidades adicionales que se convierten en aspiraciones de consumo como es todo lo relacionado con el desarrollo de artefactos tecnológicos, la compra de relojes sofisticados o de autos de lujo.
Si además el Estado se va retirando como ha venido sucediendo en las últimas décadas, de la provisión de servicios y bienes públicos suficientes y de calidad, la vida de las familias se va deteriorando y se ven obligadas a echar mano de todos sus miembros para trabajar y generar ingresos. Esto a su vez afecta, la calidad de las tareas de crianza y cuidado de los miembros de las familias. Los niños, niñas y adolescentes empiezan a pasar muchas horas solos pues todos los adultos de la familia tienen que ocuparse en obtener ingresos. La reducción del tiempo destinado por las familias a la economía del cuidado y la pérdida de calidad e insuficiente cobertura de los bienes y servicios públicos que ofrece el Estado para apoyar a las familias son desde mi óptica factores precursores de las violencias y de la delincuencia que nos agobia. Como sociedad estamos construyendo seres humanos abandonados, solos, enojados, con una deficiente transmisión de saberes para la vida y fallas en el desarrollo de su sicoafectividad.
Al estar involucrada en el estudio del empleo me fui introduciendo en tres campos de la economía social relacionados profundamente con la vida de las mujeres. En primer lugar, lo que refiere a la incorporación de las mujeres en el empleo o lo que se conoce como trabajo productivo. La década de los años setenta cuando yo era directora nacional del empleo la incursión de las mujeres en el mundo del trabajo se hizo claramente evidente y empezamos a estudiar cómo fueron cambiando sus tasas de participación en la actividad económica por edades, las sectores y las ocupaciones a las que ingresaban, las horas que trabajaban, los ingresos que recibían. Este campo se volvió una línea de trabajo de los estudios del feminismo y yo contribuía con análisis y reflexión en ellos.
Más adelante me propuse estudiar los efectos de las crisis económicos en los arreglos domésticos para saber cómo enfrentaban los grupos familiares las caídas en los ingresos. Estudiamos por una parte los cambios en las modalidades de participación de los integrantes de las familias en las actividades para obtención de ingresos, observando cómo ha venido aumentando el tiempo que las familias destinan a ese tipo de actividades acelerando la incorporación de mujeres, de jóvenes e incluso de niños y niñas o extendiendo los horarios de quienes trabajan. Por otra empezamos a verificar los cambios en los patrones de consumo y gasto.
Estas investigaciones nos condujeron al tercer campo de estudios que se relaciona con las transformaciones que experimenta la estructura, funciones y conformación de las familias ante los cambios económicos, sociales, culturales y políticos en su entorno. Por muchos años el movimiento de mujeres rechazó tener una postura clara frente al tema de las familias. Consideraban que la sociedad androcéntrica entendía siempre por familia a la básicamente constituida por la relación entre madre e hijo y que las políticas de familia acababan siempre reforzando esa relación y reduciendo a la mujer a su papel de madre. Los Hospitales de la Madre y el Niño que se construyeron en una época de la política de salud y las actividades del Sistema Integral de Atención para la Familia (DIF) se fundamentaban en esa concepción y ambas políticas eran fuertemente rechazadas por el movimiento feminista.
Desde mi perspectiva estos extremos han producido una gran ausencia de políticas públicas de apoyo a las familias por lo que desde finales de los noventa y hasta la fecha uno de mis intereses ha sido promover el conocimiento sobre las transformaciones que experimentan las familias en México y cómo la falta de políticas públicas de apoyo ha venido generando vacíos en el papel que juegan las familias en la construcción y socialización de la infancia y la adolescencia.
Otro interés ha sido el apoyar el reconocimiento del aporte que hace el trabajo reproductivo o la economía del cuidado en la construcción de seres humanos y como el hecho de no valorarlo ha provocado su abandono o la reducción del tiempo que las familias destinan al mismo para concentrar sus recursos de trabajo en actividades generadoras de ingresos. Incluso escribí un artículo sobre el colapso de la economía del cuidado en Ciudad Juárez como una de las causas subyacentes en la violencia que ha dominado esa ciudad por varios años.
De manera natural las investigaciones sobre empleo y mercados de trabajo, sobre la participación de las mujeres en el trabajo productivo y reproductivo, sobre las transformaciones de las familias, sobre la economía del cuidado, sobre política social y con mi aprendizaje sobre demografía en El Colegio de México al haber tenido oportunidad de interactuar con los demógrafos mexicanos pioneros como Raúl Benitez Centeno, Gustavo Cabrera, Romeo Madrigal y José Morelos, me llevaron a buscar explicaciones económicas, sociales y culturales de las violencias y la delincuencia que afloraron en México desde mediados de la década pasada.
Iniciamos con una investigación en 2003 sobre la situación social de Ciudad Juárez en una colaboración con el Consejo Ciudadano para el Desarrollo Social donde participaban varios amigos míos de las organizaciones civiles locales que estaban preocupados y desesperados por el problema de los feminicidios. Las autoridades del gobierno de Fox querían hacer intervenciones por el lado duro de investigación, sanciones y castigo penales. A mí me surgió la idea que debajo de la punta del iceberg que representaban los feminicidios había una violencia estructural que se había venido desarrollando en Ciudad Juárez durante varias décadas y que tenía que ver con la forma en que fue extendiéndose la ciudad, su ubicación como ciudad de frontera al servicios de los habitantes de El Paso, las actividades económicos que se generaron en ella, el fuerte impulso a las migraciones para atraer trabajadores hacia las maquilas, la ausencia de Estado de Derecho, las grandes omisiones de políticas públicas que acompañaran la llegada de miles de trabajadores y especialmente trabajadoras, etc. El trabajo lo hicimos platicando y entrevistando a personas de Ciudad Juárez y leyendo y resumiendo investigaciones sobre distintos temas. Nos dimos cuenta que la realidad cambia mucho más rápido que la posibilidad de sistematizarla en investigaciones académicas y que platicar y escuchar a las personas arroja pistas interesantes y valiosas sobre lo que está ocurriendo en la realidad.
Los resultados de la investigación fueron publicados por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez en 2007 como La Realidad Social de Ciudad Juárez y dieron inicio a la polémica sobre el enfoque que debe adoptarse para enfrentar las violencias y la delincuencia en México. Con apoyo de algunos funcionarios del gobierno federal continuamos impulsando y apoyando las investigaciones diagnósticas sobre las causas sociales, culturales y económicas de las violencias para sustentar un enfoque de prevención social de estos fenómenos. En 2010 se estudiaron seis áreas metropolitanas con la metodología que desarrollamos desde INCIDE Social A.C. y en 2011 y 2012 se asignaron recursos del Subsidio para la Seguridad Municipal (SUBSEMUN) para que los municipios que recibían recursos de ese fondo pudieran emprender estudios diagnóstico con nuestra metodología. En la actualidad hemos logrado rescatar alrededor de 80 diagnósticos municipales.
La discusión sobre los enfoques para atender las violencias y la delincuencia entre uno de prevención social versus otro centrado en seguridad policial y militar se iniciaron en el país durante el gobierno de Felipe Calderón. Este optó por impulsar el segundo enfoque durante varios años con resultados funestos y más de 100 mil personas asesinadas, hasta que en 2011 se vio obligado a adoptar un intento incompleto y fragmentado de acciones de prevención social en Ciudad Juárez bajo la estrategia “Todos Somos Juárez”. El Gobierno de Peña Nieto desde su inició adoptó como central el enfoque de prevención social y empezó a promoverlo en los municipios más afectados por la delincuencia en el país.
Mi postura personal es que los enfoques no se contraponen y que deben combinarse y dosificarse adecuadamente según el nivel del problema de violencias y delincuencia que se pretende enfrentar. El símil es la salud, la prevención es útil cuando el cuerpo aún no se encuentra enfermo o muy enfermo y aún se le puede rescatar y prevenir que caiga enfermo o que se agrave. Pero cuando la enfermedad ya es muy grave lo que tiene que aplicarse son tratamientos fuertes que expulsen el mal para restaurar la posibilidad de mantenerlo sano con acciones preventivas. Lo que hay que evitar es que el enfermo se muera.
Las violencias y las delincuencias son problemas complejos y multifactoriales. En su desarrollo intervienen aspectos sociales, culturales, económicos, políticos, biológicos y sicoemocionales. Es realmente difícil determinar cuáles son los nodos o aspectos críticos en los que confluyen los procesos que subyacen en estos fenómenos para poder tener certezas de que será posible abatir los índices de violencias y delincuencia, incidiendo en ellos o previniendo su desarrollo.
Distintas disciplinas adjudican el surgimiento de las violencias a diversas causas y proponen acciones para enfrentarlas centrándose en lo que consideran son esas causas[1]. También ocurre que las autoridades de diferentes niveles de gobierno o de diversas instituciones busquen utilizar las políticas públicas y las herramientas que están dentro de sus tramos de controlpara abatirla.
En muchas ocasiones, las autoridades que están responsabilizadas de la seguridad pública como son los cuerpos policíacos consideran que el origen de las violencias y la delincuencia están en otros ámbitos sociales y económicos; por ejemplo, los niveles de pobreza, la falta de crecimiento y de generación de oportunidades de empleo y de ingresos dignos para los jóvenes, o bien en el enorme mercado mundial de drogas, pero ellas no tienen manera de incidir en esas causas y tratan de hacer lo que pueden con los instrumentos bajo su control y de acuerdo a las funciones que les corresponden.
Se puede señalar que hay dos enfoques dominantes en las medidas para enfrentar la delincuencia y la violencia criminal. Uno que privilegia la seguridad pública mediante intervenciones de los cuerpos de seguridad persiguiendo y acosando a los delincuentes y a las bandas criminales. Es la seguridad de mano dura. Dentro de ésta se puede incluir la prevención policial de la delincuencia que incluye el fortalecimiento de las capacidades de vigilancia de las fuerzas de seguridad incrementando su equipamiento (patrullas, helicópteros, armas, vestuario, etc.), aumentando los sistemas de vigilancia (cámaras, rondines, revisiones, retenes, arcos de detección, etc.), incorporando a la población para que denuncie y se proteja (líneas telefónicas de denuncia, alarmas, sistemas de seguridad casera y por colonias y barrios), elevando el costo y reduciendo las ganancias de la comisión de delitos.
También hay quienes desde un enfoque criminalístico se dedican a estudiar las características de los delincuentes en los reclusorios para tratar de determinar los contextos en que crecieron, sus antecedentes familiares, sus características físicas y sicológicas y las causas que los condujeron a la comisión del delito, con miras a detectar con oportunidad posibles futuros delincuentes y cambiar las condiciones de su desarrollo, o bien incidir en los contextos territoriales y sociales que reproducen condiciones semejantes a aquellas de donde provienen los delincuentes, por ejemplo evitar la deserción escolar, el bullying en las escuelas, modificar las condiciones en los reclusorios, atender las zonas o comunidades de donde son originarios los delincuentes y concentrar las intervenciones públicas en las colonias o territorios más riesgosos por ser zonas que incuban delincuentes o zonas donde mayor violencia y delitos ocurren
El otro enfoque tiende a la seguridad ciudadana busca mejorar la condición de bienestar de la población enfatizando en su seguridad frente a las violencias y la delincuencia. Desde este enfoque surgen diversos énfasis en las modalidades de prevención socialde acuerdo a las interpretaciones que se hacen sobre las causas probables. Por ejemplo, la prevención situacional atribuye el problema a deficientes condiciones de infraestructura urbana en territorios específicos, mismas que permiten la existencia de espacios para la comisión de delitos, estructuras y edificaciones urbanas deterioradas que generan un ambiente deprimente y riesgoso, falta de alumbrado público,ausencia de espacios públicos, hacinamiento en las viviendas, etc. La prevención comunitaria pone énfasis en la reconstrucción de relaciones sociales en los barrios y coloniaspromoviendo relaciones pacíficas y una cultura de paz; y realizando programas sociales que modifiquen conductas antisociales. En esta modalidad se pone énfasis en la recuperación de espacios públicos en los territorios afectados por las violencias y la delincuencia con miras a desarrollar confianza entre los vecinos a partir de actividades de encuentro en esos espacios y de acciones colaborativas. Se busca construir resiliencia en la comunidad, en las personas y en las familias, generar acuerdos de convivenciay reconstruir capacidades de contención social de las trasgresiones
Hasta ahora estos son los enfoques y las modalidades más favorecidos en nuestro país desde la perspectiva de prevención de las violenciasen territorios específicos y son aplicadas por las autoridades municipales y los gobiernos estatales y el federal. A veces se combinan elementos de las distintas modalidades e incluso, el enfoque policial,de mano dura, se empezó a acompañar con modalidades del enfoque de seguridad ciudadana como fue el caso del programa Todos somos Juárezy la más recientemente intervención del Gobierno Federal en Michoacán.
Sin embargo, desde mi óptica, las modalidades aplicadas de seguridad ciudadana hasta ahora, más que políticas de prevención de las violencias y la delincuencia son intervenciones de mitigación, pues buscan sanar a personas y grupos que ya se encuentran afectadosde manera grave por la delincuencia, el crimen organizado y diversos tipos de violencias o bien, detener el avance esas situaciones antes de que se profundice su gravedad.
Ahora bien, si uno parte de la hipótesis de que en las violencias y la delincuencia tiene determinantes globales, regionales, nacionales, estatales y locales y se trata construcciones sociales en donde intervienen determinantes económicos, sociales, culturales, biológicos y sicoemocionales, las dificultades metodológicas para establecer relaciones causales y encontrar los puntos críticos de actuación son realmente enormes. Se trata de problemas sociales perversos que requieren de intervenciones complejas.
Así lo hemos tratado de evidenciar desde los estudios diagnóstico que hemos promovido en Iniciativa Ciudadana y Desarrollo Social, INCIDE Social A.C.a partir del primero que hicimosen colaboración con el Consejo Ciudadano de Desarrollo Social de Ciudad Juárez sobre la situación social de esa ciudad en 2003-2004[2].
En la administración pasada la CONAVIM y el Centro Nacional para la Prevención de la Delincuencia del Secretariado Nacional de Seguridad Pública promovieron y apoyaron con recursos la realización de diagnósticos similares en varias áreas metropolitanas (Tijuana[3], Guadalajara[4], Ciudad Juárez[5], Aguascalientes[6], Tapachula y Mérida, en 2009 y 2010) y en 2011 y 2012 en varios municipios incluidos en el Subsidio para la Seguridad Municipal (SUBSEMUN).
Aún cuando la metodología desarrollada por INCIDE Social estaba concebida para el análisis de ciudades o áreas metropolitanas, cuando el Centro Nacional tomó la decisión de que estos diagnósticos sociales pudieran ser realizados como una de las líneas del ámbito de la prevención social incluidas en las reglas de operación del SUBSEMUN, procuramos participarpara tratar de asegurar los mejores resultados posiblesen apoyo a esa decisión.
Para el efecto desde INCIDE Social formulamos una nota metodológica[7], un catálogo con información sobre instituciones locales capaces de realizar estos complejos diagnósticos[8], ofrecimos capacitación a los posibles líderes de los proyectos y llevamos a cabo algunas reuniones regionales para propiciar el intercambio entre los responsables seleccionados por las autoridades municipales para que realizaran los trabajos de diagnóstico. Aunque nos propusimos dar seguimiento a un número definido de equipos no fue posible hacerlo debido a la insistencia de los directivos del SUBSEMUN de que esa tarea sería realizada por sus propios enlaces, el enorme retraso en la entrega de recursos, así como en la selección de las agencias ejecutoras. Tampoco pudimos realizar una síntesis de hallazgos al nivel regional y nacional por los retrasos mencionados y por la cancelación de la segunda parte del proyecto de INCIDE Social, INAP y el Centro Nacional debido al cambio en la dirección de este último.
La nota metodológica se propuso
En razón de los tiempos, procesos y montos de recursos implícitos en proyectos que se llevan a cabo con recursos públicos generalmente no pasan de seis meses los tiempos efectivos para llevarlos a cabo y los montos son reducidos.Por lo que hemos sostenido que se trata de investigaciones diagnósticas de segundo piso que deben recoger y sintetizar hallazgos de investigaciones previas, de material hemerográfico, incluso sugerimos la revisión de literatura y obras de historia local, así como aprovechar la información estadística disponible. Las condiciones de realización de las investigaciones diagnósticas, especialmente lo reducido de los montos de recursos, nos impedían sugerir la realización de encuestas por muestreo representativas
La metodología cualitativa de entrevistas a profundidad con informantes clave y los grupos focales debían realizarse una vez seleccionadas las preguntas relevantes o las hipótesis en cada tema. Estas metodologías buscaban detectar evoluciones de la realidad social que aún no estaban registradas o documentadas en investigaciones previas reconociendo la velocidad de los cambios del contexto.
Los trece campos de investigación propuestos son:
La inclusión de estos dos últimos campos nos fue expresamente solicitada por la CONAVIM así como la apertura del tema de capital social en cuatro capítulos. Por lo tanto la propuesta plasmada en la nota metodológica que se puso a disposición de las autoridades municipales presupone el desarrollo de 16 capítulos.
Posiblemente omitimos un campo fundamental: el estudio de las relaciones de poder o de las relaciones políticas dominantes, que son una expresión de la profunda desigualdad que domina nuestra realidad social y económica y subyacen en muchas expresiones de violencia, como la de género, la homofóbica, la racial y étnica. La omisión puede deberse a que son las autoridades municipales, especialmente las instancias de seguridad pública las que reciben los recursos del SUBSEMUN y las encargadas de seleccionar y contratar los diagnósticos, situación que de por si puso fuertes límites a la libertad, cobertura y aseguramiento de la calidad de trabajos de investigación que atañen a lo social, económico y cultural. Esto también obstaculizó en muchos casos, la colaboración de las instancias sociales de los gobiernos municipales en la realización de los trabajos de investigación.
La hipótesis central del enfoque metodológico de INCIDE Social es que en la evolución y los niveles de violencias y delincuencia que padecemos confluyen procesos macro, meso y micro por las opciones de desarrollo para el país que hantomado las élitesdominantes tanto en lo social, como en lo económico, lo político y lo cultural, particularmente en los últimos treinta años.
Se trata de corroborar que estas opciones han cancelado o destruido trayectorias de vida digna dentro de los marcos de la legalidad y del respeto de los derechos de los otros a la vida, a la integridad, a la libertad, a la diferencia y a la propiedad.
Causas estructurales profundas de la deplorable situación de violencias y delincuencia que vive el país son la ausencia de un Estado de Derecho, la desestructuración y reducción de la institucionalidad pública y dentro de ello el deterioro de la calidad de los servicios públicos sociales, la cancelación del trabajo como vía de acceso al bienestar,la profunda desigualdad ahora concentrada en las urbes, la promoción de una ética individualista y de modelos aspiracionales materialistas y la enorme corrupción y codicia que caracterizan a las clases económicas y políticas dominantes.
Después de treinta años la desigualdad se hace más evidente, la pobreza ha aumentado, la economía no genera suficientes empleos ni ingresos dignos para las familias; éstas han tenido que destinar más tiempo a la obtención de ingresos por cualquier medio, reduciendo los tiempos destinados atender las tareas de reproducción y socialización de los seres humanos.La discriminación socioeconómica, étnica, por sexo, edad, condición migratoria y orientación sexual impide la igualdad sustantiva. Los tejidos sociales, comunitarios e incluso familiares se han desmadejado por las migraciones, la destrucción de pequeñas actividades económicas, el crecimiento horizontal y segmentado de las urbes y los inhumanos desarrollos de vivienda que han surgido en todo el territorio nacional. Muchos niños niñas, adolescentes y jóvenes en este país han crecido en la soledad, en la desatención, con la ausencia de adultos educadores y ante la presencia de los medios de comunicación electrónica cuyo objetivo es desarrollar clientelas y mercados.
Los actores económicos, sociales, culturales y políticos públicos y privados que con su comportamiento, muchas veces abusivo y lleno de codicia, contribuyen al clima de violencias y al aumento de la delincuencia en México, son muchos. Por ello, las investigaciones diagnósticas propuestas por INCIDE Social incluyen tantos campos de análisis y buscan propiciar proceso de auto- reflexión sobre la medida en que cada uno de esos actores pudieran cambiar esos comportamientos y hacer una contribución para cambiar la violencia crónica en que estamos cayendo y hacer posible la convivencia pacífica y la justicia social en nuestro país.
Ahora bien para poder desarrollar estas investigaciones diagnóstico las principales dificultades metodológicas encontradas han sido las siguientes:
Desde INCIDE Social hemos logrado rescatar poco más de 80 diagnósticos municipales realizados en 2011 y 2012.
Tres ejemplos: el estudio de las grandes transformaciones que en su estructura, composición y funcionamiento han experimentado las familias en México es más que imposible con los datos que se captan sobre las mismas y la forma en que se combinan. Provienen esencialmente del Censo de Población y Vivienda y de algunas encuestas demográficas.¿Qué ha ocurrido realmente con su composición? ¿Cuántas familias están formadas por abuelos y nietos o por niños y adolescentes exclusivamente? ¿Qué ha ocurrido con la distribución del tiempo total de trabajo del grupo familiar por tareas y con la distribución de las cargas de trabajo entre los miembros?¿Qué ocurre con la violencia doméstica? ¿Cuántas horas pasan los niños y adolescentes sin la presencia de un adulto? Las familias como agente socializador de los seres humanos no han sido materia de interés de los políticos, de los funcionarios públicos, ni de los congresistas. Hay un abandono institucional en la comprensión de sus cambios, de su papel fundamental y por lo tanto,para su atención con políticas públicas.
La información sobre capital social es precaria, insuficiente para entender su complejidad y sus procesos de cambio.Se piensa que la población mexicana no se organiza.
Otro tema con muy poca información se relaciona con el desarrollo y la estructuración de las ciudades y de las viviendas. ¿Cuántas viviendas se construyen al año en una ciudad o municipio? ¿Cuáles son sus características más alládel material de piso, techo y paredes?¿Cuántas personas y familias viven en ellas? ¿Cuánta accesibilidad tienen sus habitantes a transporte y a servicios comerciales, sociales, y urbanos? ¿Cuánto tardan las personas en trasladarse a sus escuelas, trabajos o actividades?
Uno de los temas que más nos ha preocupado es la poca investigación que se realiza en nuestro país sobre el papel de los medios de comunicación en la vida colectiva y personal, la influencia que tienen en la socialización de la infancia y la juventud, en la construcción cultural de los mexicanos. Fue realmente difícil encontrar investigadores que estén avocados al estudio de los medios de comunicación como agentes socializadores.
Las condiciones descritas conducen a tener que usar métodos cualitativos de investigación que si bien permiten descubrir cambios que están ocurriendo y nuevos fenómenos sociales y avizorar ciertas interrelaciones, dificultan conocer los órdenes de magnitud de estos cambios e interrelaciones por lo que hacer inferencias siempre es riesgoso. La única manera es encontrar en los informantes o grupos entrevistados respuestas que reiteran la presencia de una nueva situación o de cambios. Además, se entra al mundo de las percepciones y no de las evidencias concretas.
Sin embargo, siempre he tenido mis dudas sobre las personas y los investigadores que les adjudican a los indicadores cuantitativos un valor absoluto como evidencia incuestionable del avance o retroceso social. El indicador puede ser el mismo pero en fenómenos complejos, las condiciones pudieron haber cambiado sustancialmente. Pensemos en los indicadores de pobreza en términos de una línea de ingreso definida, los indicadores pueden mantenerse en el mismo nivel pero al venirse deteriorando la parte del salario social consistente en el acceso a servicios públicos gratuitos y por la tanto, la pobreza real haciéndose más aguda. Igual puede ocurrir cuando uno revisa el Coeficiente de Gini y encuentra cambios poco perceptibles, cuando el deterioro de las relaciones sociales producto de la sostenida desigualdad, que ahora se concentra en las urbes, estarse agravando.
Sabemos que los promedios suelen ser malos indicadores en sociedades tan desiguales como la mexicana y considero que también algunos indicadores cuantitativos sintéticos muchas veces son una pálida representación de la realidad pues se construyen a partir de muchas convenciones y concesiones.
Lo triste es que mientras tratamos de encontrar relaciones de causalidad para hacer más certeras las intervenciones de política pública y entender mejor la realidad, el nivel de barbarie que estamos viviendo continúa avanzando y transformándose constantemente. La creatividad criminal es enorme y encuentran nuevas formas para explotar y abusar de los demás. A su vez, la debilidad institucional por la pérdida del sentido del Estado de los funcionarios de gobierno y los partidos políticos dificultad la reconstrucción de instituciones confiables y eficaces, que permitan acabar con la corrupción y la impunidad.
[1] CONAVIM e INCIDE Social A.C. (2010); Orígenes de la Violencia en México, Foro Interdisciplinario, 235 pp.
[2]Jusidman, Clara y Almada, Hugo, (2007) La Realidad Social de Ciudad Juárez. Análisis social, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México, pp. 299-323
[3]CONAVIM, INCIDE Social A.C., el Colegio de la Frontera Norte (2012), La Realidad Social y las Violencias. Zona Metropolitana de Tijuana,Diagnóstico sobre la realidad social, económica y cultural de los entornos locales para el diseño de intervenciones en materia de prevención y erradicación de la violencia, 507 pp.
[4]CONAVIM, INCIDE Social A.C., CIESAS, ITESO (2012), La Realidad Social y las Violencias. Zona Metropolitana de Guadalajara,Diagnóstico sobre la realidad social, económica y cultural de los entornos locales para el diseño de intervenciones en materia de prevención y erradicación de la violencia, 432 pp.
[5]CONAVIM, INCIDE Social A.C., OPI, UACJ (2012), La Realidad Social y las Violencias. Ciudad Juárez. Diagnóstico sobre la realidad social, económica y cultural de los entornos locales para el diseño de intervenciones en materia de prevención y erradicación de la violencia, 432 pp.
[6]– Diagnóstico sobre la realidad social, económica y cultural de los entornos locales para el diseño de intervenciones en materia de prevención y erradicación de la violencia en la región centro: el caso de Aguascalientes, Aguascalientes. Disponible en http://conavim.gob.mx/work/models/CONAVIM/Resource/pdf/AGUASCALIENTES.pdf
[7]Incide Social, A.C. (2011), Nota metodológica para el Diagnóstico Territorial de las causas sociales de las violencia, 145 pp.Disponible en http://www.incidesocial.org/images/pdf/nota_metodologica_diagnistico_territorial_causas_sociales_violencias.pdf
[8]Incide Social, A.C. (2011), Catálogo de Instancias Ejecutoras para la realización de Investigaciones Diagnósticas sobre “Factores detonadores, de riesgo y contención de las violencias”. Investigadores, Centros de Investigación, Entidades Académicas y Organizaciones de la Sociedad Civil dedicadas a la Investigación.Disponible en
http://www.incidesocial.org/incide2009/images/pdf/Foro_violencia/2011/mapeocolegioscentros.pdf
Quisiera en este comentario destacar varias cuestiones que considero importantes para la concreción de una Cruzada contra el hambre adecuada a las condiciones del Distrito Federal. En primer lugar quisiera referirme a cómo interpreto personalmente con la poca información pública disponible en qué consiste la Cruzada Nacional contra el Hambre y cuáles son sus déficits y riesgos. En segundo lugar destacaré la especificidad de la situación alimentaria en el Distrito Federal y finalmente a partir de ello compartiría una reflexión sobre las necesarias vías para enfrentar esa compleja situación en la Ciudad de México, teniendo en consideración los programas que se han puesto en práctica desde hace muchos años al nivel federal y otros generados en las últimas administraciones locales y que se concretan en el territorio del D.F..
La Cruzada contra el Hambre
Las características que encuentro de lo hasta hoy conocido sobre la Cruzada contra el Hambre son las siguientes y espero que el Dr. Aberlado Avila abunde o me corrija.
Ahora bien, con relación a la situación de hambre en el Distrito Federal y de lo que podríamos considerar la problemática alimentaria general de la Ciudad, la situación adquiere características específicas diferentes a los que ocurre en los ámbitos rurales:
La Cruzada contra el Hambre en el Distrito Federal enfrenta entonces ciertas ventajas pero también ciertos riesgos. Estos últimos son los que derivan de la naturaleza misma de la estrategia federal para la cual no hay recursos sino supuestamente 70 programas y como ya señalamos de ellos solo poco más de 20 tienen parte de su aterrizaje en zonas urbanas, los otros 50 se refieren a zonas rurales; asimismo la posibilidad de cambiar la dirección de algunos de los recursos de esos programas está muy limitada por que ya tienen compromisos adquiridos previos con beneficiarios específicos (Oportunidades, Adultos Mayores, Estancias infantiles). Es decir, yo no veo con claridad cuál es la oferta de la SEDESOL a las delegaciones del D.F. que quedaron entre las zonas prioritarias de la Cruzada. Entiendo que están por iniciarse levantamientos en los territorios de la entidad con alumnos de la UNAM y del IPN para definir una línea de base y que esto será trabajo voluntario proporcionado por esas instituciones; pero una vez que se tenga esa línea de base ¿cuáles serán las medidas que tomará la Cruzada para en su caso, superar las condiciones de desnutrición que se encuentren en los hogares?
En la Ciudad es muy difícil por no decir imposible pensar en aumentar la producción de alimentos a partir de los hogares: El mayor número de familias adquiere sus alimentos en el mercado y como decíamos depende de sus niveles de ingreso por trabajo y del comportamiento de los precios. Como señalábamos el Indice de la Tendencia Laboral de la Pobreza se ha incrementado notablemente en el D.F. es decir los ingresos por trabajo se han venido deteriorando a mayor velocidad que la situación promedio nacional. Aún cuando el índice de precios internacionales de alimentos ha venido bajando desde 2011 no alcanza los niveles previos a la crisis 2008/2009.
Tal vez un camino a explorar sería el retomar los contenidos de la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional para el D.F. y desarrollar una estrategia integral para garantizar el derecho a la alimentación para los habitantes de la Ciudad desde el GDF que incorporara la participación de las delegaciones, así como del importante sector privado que opera en la ciudad en los ramos de abasto, transformación, comercialización y preparación y venta de alimentos, el compromiso de los medios de comunicación y los publicistas, la experiencia de académicos e instituciones académicas como el Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán o el Programa Universitario de Alimentos de la UNAM. Se podría tener en cuenta la experiencia de las instituciones del Gobierno en la operación de programas alimentarios y las capacidades y conocimiento de las organizaciones sociales y civiles que trabajan en el territorio de la Ciudad atendiendo a grupos en situación de vulnerabilidad y pobreza.
Tal vez con todos esos recursos el Distrito Federal podría sentar un precedente nacional de una estrategia alimentaria que no sólo enfrentara los problemas de hambre sino también de malnutrición y que en congruencia con la reforma constitucional del 2011 colocara en el centro del derecho humano a la alimentación.
Quisiera empezar agradeciendo a los Drs. Mendoza y Omaña su invitación para acompañarlos en la presentación de este importante texto que finalmente lograron publicar gracias al apoyo del Instituto Nacional de Geriatría.
En segundo término mencionaría lo importante que es para míy el enorme gozo que me proporciona el reencontrarme después de poco más de 15 años, con los autores, pero también con la Dra. Mireya Lustalot y con el Dr. Luis Miguel Gutiérrez Robledo. Todos participamos en un momento luminoso del gobierno de la Ciudad de México cuando finalmente fue posible que los ciudadanos y ciudadanas del D.F. ejerciéramos nuestro derecho al voto para elegir a nuestro jefe de gobierno.Optamos por un gobierno progresista encabezado por el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas.
Los doctores Mendoza y Omaña y la Dra. Mireya Lustalot se incorporaron a los trabajos del Instituto de Salud del D.F. que en esa administración pasó a convertirse en la Secretaría de Salud del Distrito Federal al sumarse a los 29 hospitales que tenía el GDF las 220 clínicas que se descentralizaron del Sistema Federal de Salud Pública. Es decir, les correspondió avanzar en una nueva institucionalidad y en un nuevo enfoque de la salud pública en la ciudad.
Por su parte el Dr. Luis Miguel Gutiérrez Robledo aceptó integrase al Consejo para los adultos mayores en el marco de la Secretaría de Educación, Salud y Desarrollo Social, con el propósito de construir y proponer políticas públicas dirigidas a esa población. Ese consejo fue uno de los varios que creamos para introducir el enfoque de diversidad y equidad desde la mirada de los requerimientos de los distintos grupos poblacionales con la participación de representantes de esos grupos y de expertos en su problemática. Así constituimos Consejos para la Infancia, para las personas con discapacidad y otro para los jóvenes.
El Gobierno del Ing. Cárdenas que fue concluido por Rosario Robles, tuvo que abocarse en un plazo muy breve, de sólo tres años, a ordenar la desarreglada casa ocupada durante varios decenios por gobiernos del PRI. Se sentaron ahí las bases institucionales para poder llevar a cabo una gestión pública de izquierda que honrara el compromiso con la participación de la población en el desarrollo de políticas públicas y con autonomía respecto del gobierno federal, poniendo en el centro del quehacer gubernamental el bienestar de los habitantes de la ciudad.
El libro que hoy comentamos contiene un testimonio muy puntual y profesional sobre uno de los programas que buscó introducir una nueva forma de hacer gobierno con un mayor acercamiento a las personas, lo que ahora se llama políticas de proximidad. El Programa de Educación para la Salud de la Familia (Edusfam) descrito en el libros, recupera una práctica de salud pública que entiendo fue originalmente promovida por el Dr. Gustavo Baz Prada en el Hospital de Jesús y desarrollada por su hijo el Dr. Gustavo Baz,primero en el Estado de México y luego transferida al Distrito Federal. El fundamento de esa práctica consistía en formar promotoras de salud a partir de capacitar a mujeres provenientes de las propias comunidades y convertirlas en intermediarias entre los servicios de salud y la población con capacidad para informar y educar a la población sobre temas de salud.
El libro del Dr. Mendoza y el Dr. Omaña destina una parte importante de su relato a explicarnos las bases metodológicas cuantitativas y cualitativas que se usaron en el EDUSFAM para seleccionar a las personas y familias en situaciones de marginalidad a través de cerca de 2000 educadoras originarias de las áreas territoriales seleccionadas. Se trataba de focalizar los apoyos en materia de educación para la salud y de atención en las clínicas a aquellas poblaciones con mayor grado de vulnerabilidad y marginalidad.
La revisión metodológica y conceptual contenida en el primer capítulo del libro y en la primera parte del tercer capítulo resulta muy ilustrativa del fundamento científico que se quiso dar a la intervención representada por el EDUSFAM. Los autores incluyen referencias bibliográficas valiosas para sustentar las metodologías cuantitativa y cualitativa utilizadas y nos explican el valor que tiene la combinación de ambas, pues si bien los métodos cuantitativos permiten identificar específicamente a los hogares que experimentan marginalidad, las historias orales dan luz sobre un mundo de experiencias y situaciones de vida de las personas que están dentro de esos hogares. La información que se obtiene con métodos cualitativos permite muchas veces detectar problemáticas y dolores que aún no son captados por las estadísticas disponibles o los indicadores tradicionales. Históricamente estos últimos tienden a medir carencias o déficits materiales y hansido omisos en la captación de las vivencias y experiencias sicoemocionales de las personas. Es decir, conllevan a un enfoque fragmentado de la vida separando al cuerpo de las emociones, congruente con una visión de política social que ha privilegiado la atención de carencias materiales: alimentación, acceso al agua, a infraestructura sanitaria, a salud física, a vivienda, etc.
Esta situación se hace evidente a partir de los breves relatos de las condiciones en que viven algunos de los adultos mayores que fueron visitados por las educadoras para la salud y que se exponen en el tercer capítulo del libro. Si bien las condiciones materiales en que vive una proporción importante de ellos son muy graves, estás se agudizan por dos situaciones que hacen a las relaciones con otros seres humanos; la primera el abandono por los familiares y a veces el abuso y las distintas violencias que estos ejercen contra ellos y ellas. La segunda situación, ligada al abandono es la soledad que amplía la responsabilidad hacia el conjunto social que ha sido incapaz de desarrollar servicios de atención que respondan a las distintas circunstancias en que se encuentran la población envejecida. Cuando las personas viejas ya no pueden ni siquiera salir a recoger tortillas duras, papel, cartón o fierro viejo para mal subsistir y se encuentran postradas en sus precarias y sucias viviendas ante su incapacidad para mantenerlas limpias, el abandono y la soledad se recrudecen pues son acompañadas de aislamiento y marginación intencionados por parte de sus vecinos.
Por ello, un programa como el EDUSFAM en donde las educadoras acudían a visitar y platicar con las familias, a orientarlas y fundamentalmente a escucharlas tenían desde mi punto de vista un valor mayor que la entrega de una pensión alimentaria en dineropues atendía a necesidades de afecto, de cercanía, de escucha y reconocía la dignidad de las personas.
Me supongo que para algunas educadoras del Programa las herramientas que poseían les eran insuficientes para apoyar de manera más integral a las familias que visitaban, pues estas se concentraban en el campo de la salud y muy frecuentemente sólo en la información que podían proporcionarles para atender sus problemas de salud. El gobierno del Ing. Cárdenas fue particularmente maltratado en términos de acceso a recursos por parte del Gobierno del Presidente Zedillo y los nuevos desarrollos de política social se vieron limitados por esas restricciones. De origen fue realmente difícil conseguir los recursos para las educadoras y se les asignaron becas en un principio.
En paralelo con el EDUSFAM desde la Secretaría de Desarrollo Social intentamos en el Gobierno del Ingeniero establecer un programa de Servicios Comunitarios Integrados el llamadoSECOI que procuró alinear y crear sinergias entre los distintos servicios sociales públicos y privados que se ofrecían en cada delegación, mediante la operación en cada una de ellas de un Grupo Interinstitucional de Coordinación, los GRICOs
El propósito era poner a disposición de las educadoras información sobre los distintos servicios sociales disponibles en el territorio donde trabajaban, incluyendolos servicios de empleo y capacitación, las unidades y los albergues de atención a la violencia familiar, las comunas para jóvenes, los centros de desarrollo infantil, las estancias infantiles, las ludotecas, los talleres de primera infancia, etc. de manera que no sólo pudieran brindar orientación sobre salud sino también información para la atención de otros problemas que detectaran a partir de las pláticas que sostenían con integrantes de las familias marginadas.
La estrategia planteada era ir incorporando nuevos servicios acordes a las problemáticas encontradas en la población. Por ejemplo, una queja reiterada de las madres de familia era la ausencia de espacios y actividades donde sus hijos pudieran ocupar creativamente su tiempo libredespués de los cortos horarios escolares o el creciente problema de las adicciones, la depresión, las tendencias suicidas y la soledad o la necesidad de espacios de encuentro y de actividades pertinentes a la población adulta mayor.
Con muy escasos recursos recuperamos cerca de 200 centros de desarrollo social ubicados en las cercanías de las áreas marginadas seleccionadas por la Secretaría de Salud, los actualizamos y dimos mantenimiento, los equipamos para brindar diferentes actividades y formamos a 1500 promotores comunitarios para que desarrollaran actividades deportivas, culturales y recreativas con miras a la creación de ciudadanía, a la reconstrucción de tejido social y al uso productivo del tiempo libre. Dentro de estas actividades incluimos pequeñas unidades de rehabilitación para situaciones de discapacidad, actividades deportivas, artísticas y deportivas adecuadas a las personas adultas mayores y un servicio de detección y orientación inicial para problemas de salud emocional.
Intentamos crear comedores y centros de días para adultos mayores en la zona Centro de la ciudad pero nunca encontramos los recursos para establecerlos.
Fuimos un gobierno de muy corta duración, un gobierno de transición entre dos visiones encontradas de política social, un gobierno acosado y sin recursos pero con un compromiso real con la práctica democrática y la participación de la población, procurando la proximidad de las intervenciones para hacerlas más pertinentes a las problemáticas reales.
El texto que hoy se comenta es un buen testimonio del esfuerzo realizado y de la capacidad de imaginar caminos institucionales posibles para atender en el caso que nos ocupa, a las poblaciones envejecidas vulnerabilizadas y marginadas en la ciudad. Agradezco a los autores el empeño por sistematizar, relatar y publicar la valiosa experiencia a trece años de su conclusión.
Bajar presentación: Requerimientos para la vida y gobiernos subnacionales
Este comentario intenta contribuir a aclarar qué es fundamental en materia de vivienda desde la óptica social y cómo acotarlo para avanzar hacia la construcción de un nuevo modelo de Estado de Bienestar. Se busca como lo señalan los términos de referencia de este diálogo ir más allá de la definición de umbrales mínimos para medir carencias, mismos que al convertirse en indicadores específicos terminan por transformarse en las metas de los programas de gobierno, aún cuando su origen más que representar lo que verdaderamente sería en este caso una vivienda adecuada, deriva de las estadística disponible a niveles geográficos desagregados.
El objetivo de los programas sociales se transforma entonces no en asegurar el derecho de toda persona “a vivir en seguridad, paz y dignidad en alguna parte” como define al derecho a una vivienda adecuada el Comité de las Naciones Unidas de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, sino en abatir los indicadores considerados ahora por CONEVAL para medir carencias en materia de vivienda, mismos que esencialmente refieren al hacinamiento, a las condiciones materiales de la misma y a los servicios que tienen disponibles (agua, drenaje, electricidad, etc.)
Incluyo además una breve reflexión sobre por dónde habría que empezar para revertir lo que a través de los años se ha convertido en violaciones sistemáticas del Estado Mexicano al derecho a una vivienda adecuada para millones de mexicanos y mexicanas.
El Comité de Naciones Unidas mencionado considera que una vivienda adecuada debe brindar más que cuatro paredes y un techo y yo agregaría más que acceso a servicios e instalaciones. Deben satisfacerse varias condiciones para que una forma particular de vivienda pueda considerarse que constituye “vivienda adecuada”. Debe reunir como mínimo los siguientes criterios[1]:
La seguridad de la tenencia: la vivienda no es adecuada si sus ocupantes no cuentan con cierta medida de seguridad de la tenencia que les garantice protección jurídica contra el desalojo forzoso, el hostigamiento y otras amenazas. La seguridad en la tenencia, que es la piedra angular en el derecho a una vivienda adecuada, puede adoptar diversas formas entre ellas, el alojamiento de alquiler, las viviendas cooperativas, los arrendamientos, la ocupación por los propietarios, el alojamiento de emergencia y los asentamientos improvisados. Como tal, no está limitada al otorgamiento de un título jurídico formal[2].
Disponibilidad de servicios, materiales, instalaciones e infraestructura: la vivienda no es adecuada si sus ocupantes no tienen agua potable, instalaciones sanitarias adecuadas, energía para la cocción, la calefacción y el alumbrado, y conservación de alimentos o eliminación de residuos.
Asequibilidad: la vivienda no es adecuada si su costo pone en peligro o dificulta el disfrute de otros derechos humanos por sus ocupantes.
Habitabilidad: la vivienda no es adecuada si no garantiza seguridad física o no proporciona espacio suficiente, así como protección contra el frío, la humedad, el calor, la lluvia, el viento u otros riesgos para la salud y peligros estructurales.
Accesibilidad: la vivienda no es adecuada si no se toman en consideración las necesidades específicas de los grupos desfavorecidos y marginados.
Ubicación: la vivienda no es adecuada si no ofrece acceso a oportunidades de empleo, servicios de salud, escuelas, guarderías y otros servicios e instalaciones sociales, o si está ubicada en zonas contaminadas o peligrosas.
Adecuación cultural: la vivienda no es adecuada si no toma en cuenta y respeta la expresión de la identidad cultural.
El derecho a una vivienda adecuada abarca libertades. Estas libertades incluyen en particular:
La protección contra el desalojo forzoso y la destrucción y demolición arbitrarias del hogar;
El derecho de ser libre de injerencias arbitrarias en el hogar, la privacidad y la familia; y
El derecho de elegir la residencia y determinar dónde vivir y el derecho a la libertad de circulación.
El derecho a una vivienda adecuada contiene otros derechos. Entre ellos figuran:
La seguridad de la tenencia;
La restitución de la vivienda, la tierra y el patrimonio;
El acceso no discriminatorio y en igualdad de condiciones a una vivienda adecuada;
La participación en la adopción de decisiones vinculadas con la vivienda en el plano nacional y en la comunidad.
A partir de estos conceptos los indicadores para verificar en qué medida se encuentra realizado el derecho a la vivienda adecuada tendrían que abarcar aspectos tan esenciales como saber si la vivienda se encuentra ubicada en un lugar seguro frente a riesgos de tipo ambiental o peligros de contaminación, o si tiene cercanía a oportunidades de empleo, a servicios escolares, de abastecimiento y de salud; si tiene un tamaño adecuado que brinde espacio suficiente para llevar a cabo la vida con privacidad y en forma pacífica y digna de todos sus integrantes e incluso si tiene opciones para ser ampliada teniendo en cuenta el ciclo de vida de las familias; si tiene seguridad en la tenencia y si es adecuada culturalmente a las personas que la ocupan y si su costo no atenta contra la realización de otros derechos.
Las políticas y programas de vivienda de los gobiernos en México desde hace al menos quince años atentan contra el derecho a la vivienda adecuada de la población en México pues más que procurar proteger, respetar y garantizar ese derecho han visto en la producción de vivienda un espacio para promover negocios privados muy lucrativos que han convertido a la vivienda en una mercancía más. Así también el apoyo a los grandes proyectos de vivienda se mira en el mejor de los casos, como una opción para obtener ingresos para los gobiernos municipales y en el peor de estos para generar ganancias ilícitas para los funcionarios públicos que controlan los usos del suelo.
Examinemos sólo algunas de las violaciones a los atributos que deberían tener las viviendas adecuadas a la luz de los resultados de esas políticas:
Por cuanto a su ubicación hay tres aspectos a destacar:
Miles de viviendas han sido construidas desde hace muchos años, con anuencia y a veces complicidad de servidores públicos, en zonas de alto riesgo ante contingencias naturales. Esto se ha puesto en evidencia, particularmente en meses recientes, con las catástrofes naturales vividas y que son cada vez más frecuentes. Hay pérdidas de vidas, de patrimonio y de infraestructura.
Asimismo, cientos de nuevos desarrollos de vivienda han sido ubicados a varios kilómetros de las ciudades sin acceso a servicios educativos, de salud o de abasto, mucho menos a oportunidades de empleo, con vialidades internas sumamente angostas y dependiendo de vialidades primarias previamente construidas y que llegan a congestionarse y convertirse en espacios de alto riesgo y conflicto. Con mucha frecuencia, los gobiernos municipales no tienen recursos para ofrecerles seguridad, alumbrado, recolección de basura y abasto seguro de agua.
En tercer lugar, la eliminación de cinturones ejidales de las ciudades a partir de los cambios al artículo 27 constitucional ha facilitado un descontrolado crecimiento horizontal de las ciudades y abonado a la especulación de la tierra. La extensión de las ciudades en México crece a tasas más elevadas que el aumento de sus habitantes, con importantes consecuencias en el derecho a un nivel adecuado de vida, (donde está comprendido el derecho a la vivienda adecuada en el PIDESC), debido al aumento de los tiempos y los costos de traslado.
En documentos oficiales recientes se ha reconocido el grave error cometido en los últimos años autorizando y apoyando con créditos proyectos de vivienda donde no hay ciudad[3].
Por cuanto a su habitabilidad los nuevos desarrollos inmobiliarios incluyen viviendas incluso de tan sólo 24 o 30 metros cuadrados como ocurre en Aguascalientes, sin posibilidad de crecimiento por lo pequeño de los predios o por encontrarse en edificios multifamiliares.
En la actualidad el hacinamiento normalmente calculado con respecto a cada vivienda individual tiene una nueva modalidad que se refiere al gran número de viviendas que se construyen en los predios desarrollados. Ese número es calculado mediante programas de computadora que estiman el máximo número de viviendas que pueden construirse con el menor costo y la mayor ganancia, en el número de metros disponibles.
Respecto de la seguridad en la tenencia, miles de personas que han adquirido viviendas en los nuevos desarrollos no han recibido el título de propiedad de las mismas y por lo que refiere a la accesibilidad, como lo señala la Dra. Rubalcaba en su ponencia, para 2010 había cerca de 5 millones de viviendas abandonadas muchas de ellas en los nuevos desarrollos inmobiliarios debido a los altos costos de la unidad y del crédito, a los elevados gastos en traslado, a lo que se suman deficiencias de habitabilidad por la mala calidad de las construcciones, su ubicación en zonas de riesgo y la falta de acceso a servicios.
El derecho a una vivienda adecuada no exige que el Estado construya viviendas para toda la población y que las personas carentes de vivienda puedan pedírsela automáticamente. Este derecho comprende las medidas necesarias para prevenir la falta de un techo, prohibir los desalojos forzosos, luchar contra la discriminación, centrarse en los grupos más vulnerables y marginados, asegurar la seguridad de la tenencia para todos y garantizar que la vivienda de todas las personas sea adecuada[4].
El gobierno en lugar de proveedor directo de todas las viviendas puede adoptar una estrategia donde se convierta en un facilitador de las actividades de todos los participantes en la producción y mejora de viviendas. Ese es el papel que ha asumido el Estado Mexicano desde los años noventas[5] pero su objetivo no se ha centrado en la realización del derecho a una vivienda adecuada para la población, sino como ya señalé en fundamentalmente promover un sector de la economía y la generación de utilidades al sector privado. Así lo detectó y denunció Miloon Kothari exrelator especial sobre el derecho a la vivienda adecuada de Naciones Unidas[6]. Tal vez en ciertas etapas de la historia contemporánea, el interés estaba en generar suficientes viviendas para superar el rezago habitacional, pero aún eso no significa que se hayan construido viviendas adecuadas en los términos señalados.
Por el contrario el Gobierno Mexicano ha sido omiso en el cumplimiento de una de sus tres obligaciones principales al ser parte de los tratados internacionales en materia de derechos humanos, la que se refiere a la obligación de proteger que consiste en impedir la injerencia de terceros en el derecho a una vivienda adecuada. Para el efecto debe adoptar legislación y otras medidas pertinentes para cerciorarse de que los actores privados- propietarios, desarrolladoras inmobiliarias, propietarios de tierras, empresas constructoras-cumplan con las normas relativas a derechos humanos y en este caso el derecho a la vivienda adecuada. Los gobiernos deben entre otras cosas, reglamentar los mercados de la vivienda y de los arrendamientos, garantizar que los agentes financieros concedan créditos para la vivienda sin discriminación, asegurar que las mujeres tengan acceso a los créditos sin discriminación así como a la posibilidad de heredar las viviendas, las tierras y las propiedades, que los propietarios de vivienda no discriminen contra ciertos grupos y velar para que los actores privados no lleven a cabo desalojos[7].
Pero me parece que frente a la obligación del Estado Mexicano de proteger la realización del derecho a la vivienda adecuada está también el no permitir desarrollos en terrenos riesgosos, el vigilar la habitabilidad de las construcciones, el que las viviendas se integren y construyan ciudad y existan facilidades para realizar la vida con dignidad y el asegurar la tenencia de las viviendas.
Propuestas
En la actualidad debe haber un inventario de viviendas en todo el territorio nacional superior a 29 millones, a partir de lo que señala la Dra. Rubalcava en su ponencia. Desde el enfoque de Derechos Humanos habría dos preguntas que formularse. La primera es ¿Cuántas de esas viviendas cumplen los atributos para ser consideradas como viviendas adecuadas y qué tendríamos que hacer para en su caso, transformarlas en tales?
Algo que me parece indispensable y urgente es revisar la ubicación de viviendas en el mapa de riesgos ambientales de todo el país y poner en práctica un programa de traslado de población hacia viviendas en terrenos más seguros a fin de minimizar las pérdidas de vidas y proteger la integridad de las personas, así como su patrimonio.
Otra acción consistiría en verificar la situación de la seguridad de la tenencia de las viviendas obligando a la expedición de títulos de propiedad, contratos de arrendamiento o de uso, títulos de participación en esquemas cooperativos, etc.
Un programa de acceso a servicios de infraestructura y urbanos como: agua, desalojo adecuado de residuos, energía y combustible dentro de las viviendas y de alumbrado, vialidades, servicios de seguridad y recolección de basura, escuelas, estancias infantiles, servicios de salud y de abasto en su entorno cercano.
Dados los niveles de violencia en el país parecería necesario el desarrollo de un mapa de riesgos de la vivienda por hacinamiento en su interior o en su entorno, por mala calidad de las construcciones, por falta de mantenimiento de éstas, por deterioro en las relaciones sociales e incremento en la inseguridad y la violencia, a fin de diseñar y llevar a cabo un programa de mediano y largo plazos de disminución de riesgos y prevención situacional de las violencias.
Asimismo, es necesario el desarrollo de programas de construcción de tejido social y de prevención social de las violencias con perspectiva de seguridad humana en los desarrollos inmobiliarios y colonias con medianos y altos niveles de inseguridad, incluyendo opciones productivas y de empleo. Se trata de desestructurar la violencia generada por la irresponsabilidad social derivada de la codicia de los desarrolladores inmobiliarios y por las omisiones del Estado mexicano.
La segunda pregunta sería ¿Qué medidas administrativas, legislativas y presupuestales debe adoptar el Estado Mexicano para que los desarrollos futuros de vivienda cumplan con los atributos que les den el carácter de viviendas adecuadas a fin de garantizar el derecho humano respectivo?
En este sentido es necesario recuperar el ejercicio de planeación urbana que permita hacer previsiones sobre las necesidades futuras de vivienda, de servicios urbanos y sociales, de conectividad y de suelo para desarrollarlas. Esto incluiría la reconversión y redensificación de algunos territorios, el uso de terrenos baldíos en zonas urbanas y limitar la expansión horizontal de las ciudades y la segregación urbana por niveles socioeconómicos, así como alentar los usos combinados del suelo.
Revisar la legislación y la institucionalidad relacionada con la ocupación del territorio y adoptar medidas de regulación de los mercados de vivienda y de tierras. En particular es necesario eliminar la discrecionalidad y la corrupción en materia de usos del suelo para y ajustar el otorgamiento de permisos de construcción a los planes de desarrollo urbano por ciudad o localidad.
Formular normas o protocolos para la revisión y en su caso aprobación de proyectos de nuevos desarrollos de vivienda de acuerdo a criterios de seguridad humana y respeto a los derechos humanos.
Todo lo anterior tiene como requisito la recuperación de nuestro derecho al Estado, un Estado que coloque los derechos de todas las personas por encima del interés de los negocios, de la concentración del poder y del enriquecimiento de las clases dominantes; un Estado que sea empático con los problemas y dolores de las poblaciones subordinadas y que sea capaz de gobernar para todos y todas.
La tarea pendiente en materia de derechos sociales me parece que pasa por la reconstrucción de un Estado que pueda proveer de manera progresiva, sin discriminación y utilizando el máximo de recursos posibles suficientes bienes y servicios sociales accesibles económica y físicamente, de calidad y culturalmente asequibles y que garantice que cuando esos bienes y servicios sean ofrecidos por terceros sin costo o a través del mercado, que sus atributos cumplan con los establecidos en los instrumentos nacionales, regionales e internacionales de derechos humanos. Asimismo debe respetar las posibilidades que tengan las personas para resolver sus requerimientos para la vida por sí mismas.
[1] Comité de Naciones Unidas para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Observación General N° 4
[2] Naciones Unidas, Derechos Humanos, Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos y ONU-Habitat, El derecho humano a una vivienda adecuada, Folleto Informativo N° 21/rev.1, pág. 8.
[3] Sociedad Hipotecaria Federal, CIDOC, Centro de Investigación y Documentación de la Casa, A.C. Estsado actual de la vivienda en México 2012
[4] Ibídem. El derecho Humano a una vivienda adecuada, pág. 6
[5] Hasta la década de los ochenta, el eje de la política de vivienda había sido la intervención directa del Estado en la construcción y financiamiento de vivienda y aplicación de subsidios indirectos, con tasas de interés menores a las del mercado. En la primera mitad de la década de los noventa, se inició la consolidación de los organismos nacionales de vivienda como entes eminentemente financieros.
[6] Informe ante la Comisión de Derechos humanos del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas 27 de marzo 2003.
[7] Ibídem. El derecho humano a una vivienda adecuada, pág. 36
Me da mucho gusto estar nuevamente en una de las magnificas reuniones promovidas por la FECHAC con las organizaciones de la sociedad civil o del Tercer Sector de Chihuahua como algunos prefieren denominar a este conjunto de ciudadanos y ciudadanas que se organizan en diversas modalidades y con distintos propósitos para incidir en la vida pública del país sin aspirar a acceder al poder político y sin fines de lucro.
Personalmente pienso que referirse al tercer sector no es una denominación que aplica a la tradición constitucional mexicana donde se plantea la existencia de tres sectores: el público, el privado y el social, estando este último constituido no sólo por ONGs e instituciones de asistencia privada sino fundamentalmente por comunidades, ejidos, sindicatos, cooperativas, asociaciones de profesionistas, gremios, etc.
Al utilizar el término Tercer Sector se desconsidera la enorme tradición mexicana de organización colectiva que viene desde la época prehispánica y que lamentablemente ha sido tan afectada y combatida en las últimas décadas de individualismo dominante.
Pienso que la denominación de Tercer Sector viene más de la tradición sajona donde las representaciones colectivas de trabajadores, agricultores, profesionistas, artesanos, grupos indígenas y colectivos de diversa índole que promueven y defienden los derechos de sus propios integrantes nunca han tenido una presencia importante. Esta presencia y poder son ampliamente superados por la presencia, el poder y los recursos económicos del sector de la filantropía que es de alguna manera, la cara de responsabilidad social del sector privado.
Ahora bien, me pidieron que compartiera con ustedes algunas reflexiones sobre la colectividad ¿el principal reto del sector social?
Si uno busca en el diccionario el significado de colectividad se refiere al conjunto de personas que persiguen un objetivo común o al conjunto de individuos agrupados que comparten los mismos intereses, ideales o que se reúnen para un fin.
Cuando se plantea a la colectividad como posible reto del sector social quisiera traducirlo como una preocupación sobre la construcción un sentido de conjunto, de pertenencia a un grupo, a una comunidad, a un Estado o como la búsqueda de objetivos y fines compartidos que nos brinden el sentido de pertenecer a una colectividad. Esto puede tenerse por afiliación u origen al practicar una religión, pertenecer a un grupo étnico o a una nacionalidad que vive en otro país: la colectividad española en México o la colectividad judía en Argentina. Tiene cierto sentido de automaticidad, simplemente se es parte de esa colectividad y la pertenencia a la misma no demanda de mayor esfuerzo excepto el de aceptar ser parte. Hay ciertamente muchas personas que conscientemente rechazan ser parte de sus colectividades de adscripción originaria.
Pero pienso que el problema que nos preocupa se relaciona más bien con la pérdida en los últimos 30 años de un sentido de pertenencia a una colectividad con la que compartimos ciertos ideales y objetivos comunes, tenemos normas de conducta y convivencia y referencias culturales compartidas y de manera muy importante, contamos con mecanismos de control y sanción para aquellos que no respetan las normas consensuadas por la colectividad y que por lo tanto serán excluidos o castigados como ejemplo para que otros no rompan esas reglas y que la trasgresión no se vuelva a repetir.
La colectividad o la comunidad dispone de cuatro agentes socializadores de los seres humanos que introducen o incorporan a las personas a los objetivos comunes, a los referentes culturales y a las normas de convivencia y de algún modo, les transmiten el papel que deberán jugar en esa colectividad por su sexo, edad y condición socioeconómica. Los cuatro agentes socializadores que contribuyen a la construcción social de los seres humanos son las familias, la escuela, los grupos de amigos y los medios de comunicación, mismos que se supone deberían actuar de manera compatible con los valores y las normas colectivamente compartidos.
Este proceso de socialización o de inclusión de las personas a su colectividad debería tener como propósito último alcanzar una vida buena para todos los integrantes de la misma e impedir que el conflicto destruya los lazos sociales que unen a los integrantes de la colectividad.
La realidad que estamos viviendo donde han aflorado distintas violencias y la conflictividad social está a flor de piel nos indica que algo o varias cosas sucedieron que se rompieron los mecanismos de reproducción social y de socialización de los seres humanos o a lo mejor de contención de los conflictos, que operaron durante varios años en México y permitieron que tuviéramos un país en paz.
Pensemos juntos que ocurrió que esa relativa tranquilidad que existió en el país durante varias décadas, que periódicamente era alterada por el afloramiento de conflictos estructurales como fueron el movimiento estudiantil del 68 o el de ferrocarrileros, el de médicos o los de maestros, actualmente muestre la presencia permanente de conflictos y de violencias que diariamente lastiman la vida, la integridad y el patrimonio de millones de personas.
Me permitiría sugerir algunas cuestiones y me gustaría que pudiéramos conversarlas, modificarlas o enriquecerlas con el fin de qué podamos llegar a algún consenso sobre qué nos ha ocurrido en los últimos 30 años.
De acuerdo a la percepción de la población captada en la Encuesta Nacional de Discriminación es que la mayor discriminación se origina en las diferencias socioeconómicas lo que significa que las poblaciones pobres se sienten maltratadas por serlo, ya que discriminación es igual a mal trato. Dentro de ello quisiera destacar la criminalización de los jóvenes de los estratos más pobres de la población que son maltratados por los cuerpos de seguridad simplemente por su apariencia y a su vez, son abusados por los grupos criminales.
Las políticas de gobierno en los últimos treinta años han profundizado la desigualdad al alentar la segmentación de los servicios sociales propiciando la pérdida de calidad de los bienes y servicios públicos para justificar el surgimiento de servicios sociales privados, especialmente en materia de salud y de educación. Servicios públicos pobres o ausentes para las poblaciones pobres y servicios sociales privados caros para las poblaciones ricas y de ingresos medios.
La desigualdad atenta contra la construcción de un proyecto de país compartido, contra la construcción de colectividad o comunidad con intereses y objetivos comunes, contra la cohesión social y contra la restitución del tejido social. Ello porque se sabe que una parte importante de la riqueza concentrada en 400 familias en México proviene de la corrupción, de la apropiación de bienes y riqueza pública con la transferencia de empresas públicas a monopolios privados, con la especulación de la tierra y financiera, con el fraude en la venta de viviendas de mala calidad y sobrevaluadas y los créditos hipotecarios recientemente denunciado, con al abuso del poder y de los recursos públicos, con la explotación irracional del subsuelo sin pago a la nación, con el cobro de tarifas altas por servicios de telefonía, telecomunicaciones y bancarios. Es decir, no provienen del ahorro, del trabajo honesto, de la creación de riqueza y de empleos sino de la extracción de recursos e ingresos de los pocos a los muchos con la anuencia de nuestros gobiernos y la participación de una proporción alta de nuestros políticos.
Entre tanto, 60 millones de personas, más de la mitad de la población total viven en la pobreza y de ellas 23 millones en la pobreza extrema.
Llevamos treinta años con un crecimiento económico endeble que tiene como consecuencia una generación de empleos formales muy precaria y un deterioro de los ingresos y las condiciones de trabajo derivadas de la venta de fuerza de trabajo, que es la principal fuente de ingresos de la mayoría de las familias mexicanas. Las nuevas generaciones de infancia y juventud nacidas a partir de la década de los años ochentas, han crecido en hogares con ingresos insuficientes y en la pobreza y no han tenido las oportunidades para ser incluidos a la sociedad como seres humanos productivos ante la falta de fuentes de trabajo.
Tampoco han podido incorporarse a la comunidad a través de las escuelas pues 50 por ciento de los egresados de escuelas primarias no continúan la secundaria y los niveles de deserción escolar son elevados por ausencia de oferta suficiente de escuelas de los niveles medio superior y superior, por el alto costo que aún siendo servicios públicos le significa a las familias enviar a sus hijos a las escuelas y porque un mayor nivel de escolaridad no se traduce en encontrar trabajo o trabajo digno.
La mayoría de las escuelas han perdido su función de socialización positiva de los seres humanos, de mecanismos de incorporación a las normas y valores de la colectividad y de lugares de encuentro de los diferentes. Frecuentemente observamos situación de abuso, acoso y bullying, altos riesgos en los entornos escolares, irresponsabilidad de algunos maestros, deterioro de la infraestructura y poca pertinencia de los programas y contenidos escolares respecto de lo que los niños, niñas y jóvenes viven en la cotidianeidad.
El peyorativo nombre de “ninis” asignado a los jóvenes que ni trabajan, ni estudian desconoce que no lo hacen porque la sociedad no les brinda oportunidades de desarrollo como seres humanos dignos.
El individuo trabajador, ahorrador, altamente competitivo y sin escrúpulos o el hábil en los negocios de cualquier tipo legales e ilegales que viste muy bien es dueños de casas, coches, relojes, aviones, yates y mujeres se ha convertido en el modelo a seguir; establece el estándar para muchos jóvenes y quienes lo miran como inalcanzable se hunden en el desanimo, el inmediatismo, la droga, la vida en constante peligro y los deportes extremos, la delincuencia deshumanizada e incluso el suicidio. El goce inmediato y la vida sin sentido. El no futuro.
Podemos considerar a los poderes del Estado democrático moderno como al conjunto de instituciones y personas a las que la colectividad o la sociedad les encomienda gobernar al colectivo, realizar las consultas y construir los consensos para definir fines y objetivos compartidos, los planes y políticas públicas que se pondrán en práctica y una vez decididas ponerlas en práctica, las leyes y normas que regirán las relaciones sociales y económicas, la provisión de bienes y servicios públicos, la garantía de la seguridad pública y nacional, la administración e impartición de justicia, las relaciones con el exterior y la administración del patrimonio de la nación, entre otras funciones.
Es decir, los poderes del Estado están mandatados por el pueblo mediante la Constitución para llevar a cabo las actividades que nos permiten vivir en paz y en forma ordenada y que tienen que ser encomendadas a algún ente operado por personas para el beneficio colectivo.
Sin embargo, la ideología dominante en el país y en el mundo occidental desde finales del siglo pasado conlleva la idea de que entre menos Estado y más mercado es mejor. Que el Estado coarta la libertad de las personas y que la racionalidad de los mercados y de la libre competencia pone límites a las actuaciones individuales y permiten la convivencia.
Somos testigos de las consecuencias del extremismo en este sentido practicado por el Tea Party en Estados Unidos que tiene en paro a 800 mil trabajadores del Gobierno Federal y al mundo entero al borde de un colapso financiero al no autorizarse la elevación del nivel de endeudamiento autorizado a dicho gobierno.
El Consenso de Washington surgido a principios de la década de los años ochenta y que resume los postulados de la ideología de extremismos como el del Tea Party, planteaba la necesidad de llevar a cabo tres procesos: a) la reducción del tamaño del Estado, b) el traslado de funciones del mismo y de la propiedad de las empresas públicas al sector privado y c) la descentralización de varias funciones hacia los gobiernos subnacionales.
Tres consecuencias en México de la aplicación al pie de la letra de esos postulados del Consenso de Washington:
Por cuanto a la reducción del tamaño del Estado hemos visto el deterioro de los servicios sociales públicos en su calidad y en su disponibilidad en varios sentidos: a) no se le ha dado mantenimiento adecuado a la infraestructura social en salud y educación que se construyó durante los años en que la economía mexicana tenía altas tasas de crecimiento; b) no se ha construido suficiente nueva infraestructura adecuada a la estructura demográfica del país donde desde al menos hace una década existe un amplio volumen de jóvenes, tampoco la creación de infraestructura social y urbana acompaña a la redistribución de la población en el territorio nacional, ni a lo ocurrido en el crecimiento horizontal expansivo de las ciudades el resultado es que los nuevas colonias carecen de infraestructura social guarderías, escuelas, transporte, centros de salud suficientes y adecuadas; c) tampoco se atendieron en las tres décadas pasadas las nuevas necesidades de servicios sociales acordes a la nueva complejidad social y a los cambios en las familias y en la población (estancias infantiles, centros de día y asilos para adultos mayores, atención de adicciones, de violencia, de víctimas y de salud mental comunitaria, espacios de esparcimiento, etc.). Es decir durante las últimas tres décadas, no se mantuvo la infraestructura social que ya se tenía, no aumentó ésta de acuerdo a las necesidades y no se adecuó a las nuevas realidades y complejidades sociales. Los salarios y la plantilla de los servidores públicos responsables de la provisión de servicios públicos sociales se deterioró en relación con el crecimiento de la demanda de servicios y se perdió la dignidad del servicio público. Finalmente los modelos de atención y los contenidos de los programas nos se actualizan con la velocidad necesaria frente a las nuevas complejidades y a la diversidad sociales.
Respecto al traslado de funciones del Estado y de la propiedad de las empresas públicas al sector privado sólo basta con tres ejemplos:
El traslado de los bienes y del servicio telefónico provocó que un monopolio público se mantuviera como un monopolio privado produciendo con sus ganancias y su dominancia en el mercado en varios campos vinculados a esos servicios originales de telefonía haya creado al hombre más rico del Mundo, el Sr. Carlos Slim, Los beneficios para la población mexicana ha sido el pago de tarifas muy elevadas y la obtención de servicios muy mediocres. Los altos costos por recluso, consecuencia de la traslación de la operación de los reclusorios al sector privado recientemente denunciados o el reuso de equipos de diálisis en servicios subrogados del Seguro Social con los altos riesgos de infección que ello conlleva, la pésima calidad de las viviendas de desarrollos realizados por desarrolladoras privadas con recursos públicos muestran que el problema actualmente no es si se trata de lo público o de lo privado sino de ética y responsabilidad social relacionada con la avaricia y la ambición de lucro personal.
Finalmente el resultado de la descentralización de funciones del gobierno federal a los Estados y a los municipios sin los debidos contrapesos y controles y desarrollo de capacidades de los gobiernos subnacionales nos han llevado a niveles de endeudamiento de los gobiernos estatales jamás vistos en la historia del país, a la desviación de los recursos de los Estados para la construcción de instalaciones de salud relacionadas con el seguro popular, a la enorme corrupción en la compra descentralizada de medicamentos y a la creación de empresas y asociaciones civiles simuladas para apropiarse de los contratos y recursos del Subsidio para la Seguridad Municipal (SUBSEMUN) como algunos ejemplos.
La ausencia de ética en las relaciones económicas y sociales en México y en la gestión de la cosa pública provoca desconfianza entre las personas y entre los ciudadanos y los servidores públicos. Sin confianza no es posible construir colectividad y el conflicto aflora permanentemente.
Hasta aquí los cinco aspectos que desde mi opinión nos están impidiendo construir comunidad y desarrollar el tejido social:
Segunda parte
¿Qué podemos hacer el relativamente pequeño sector de organizaciones de la sociedad civil frente a los procesos que han desestructurado a nuestra colectividad?
Primero: Reconocer nuestro tamaño, nuestra diversidad, nuestras debilidades y nuestras fortalezas e instrumentos de actuación para influir en un cambio de la situación descrita y tratar de reconstruir un proyecto compartido de país en el que todos formemos parte y podamos contribuir.
Las organizaciones que actualmente tenemos una Clave Única de Identificación (CLUNI) en el registro de la Secretaría de Desarrollo Social somos alrededor de 23 mil y las que dentro de éstas tienen registro de donatarias son 7 mil. Es decir, frente a la envergadura de los problemas los ciudadanos organizados en OSC somos un número pequeño. Además varias que tiene registro son realmente organismos paraestatales como el Comité Olímpico Nacional.
De acuerdo a la encuesta reciente de CEMEFI sobre el voluntariado hay una participación amplia de ciudadanos en organizaciones de tipo deportivo, escolares o religiosas.
Sabemos que somos muy diversas que la mayoría realizan labores de asistencia social, otras se dedican al desarrollo y a realizar intervenciones en comunidad, otras más a la defensa de los derechos humanos y de agendas de políticas de determinados grupos de población y de personas, otras hacemos investigación y desarrollamos observatorios para la incidencia en políticas, un sector se ubica en la defensa del medio ambiente.
Nuestros intereses están dispersos y excepcionalmente logramos articularnos y encontrar objetivos comunes y construir consensos, nuestras coaliciones y redes tienden a ser precarias y poco duraderas. Enfrentamos conflictos de liderazgos y protagonismos, competimos por recursos y frente a las relaciones con los poderes públicos, diferimos en nuestras bases ideológicas, no tenemos una cultura democrática en nuestro funcionamiento, no nos apegamos a la legislación laboral, muchas veces no sabemos dialogar y negociar en buena lid y preferimos acusar, señalar y marcar con un cierto dejo de soberbia y sin evidencias sustentadas, algunas violentan principio éticos para sobrevivir, etc.
Nuestras fortalezas son que aún con nuestras debilidades contamos con un capital ético reconocido, con algunas excepciones, tenemos líderes de opinión y generamos agenda pública, tenemos capacidad de convocatoria nacional e internacional, desarrollamos innovación social, realizamos pedagogía y sensibilizamos a otros sobre nuevas temáticas e introducimos nuevos marcos de comprensión de la realidad. A veces logramos hacer una labor de intermediaciones entre los grupos sociales con los que trabajamos y los círculos del poder político y económico.
Ante estas realidades del sector de organizaciones civiles considero que ante la difícil y compleja realidad nacional deberíamos mejorar nuestras posibilidades de acercamiento y diálogo con el fin de encontrar objetivos comunes y promoverlos fortaleciendo nuestras propias redes y coaliciones con otros actores sociales.
Promover la democracia, la capacidad de escucharnos y generar confianza a partir del reconocimiento de nuestra diversidad permitiría ir avanzando en la construcción de un futuro compartido y en la superación de las brechas sociales, económicas y culturales que nos separan.
Superar y ser conscientes de nuestras prácticas discriminatorias que generan y profundizan el resentimiento de los sujetos a discriminación o reconocer aquellas acciones que contribuyen a profundizar la desigualdad como es pagar malos salarios, no cumplir con la legislación laboral, abusar en el cobro de nuestros servicios, no contratar a cierto tipo de personas: mujeres, indígenas, población LGTB, migrantes; no brindar nuestros servicios y apoyo a esos grupos, etc.
Es decir, hacer un profundo examen de la forma en que nosotros mismos o nuestras organizaciones contribuimos a las situaciones y procesos señalados en la primera parte de esta plática y encontrar las estrategias para abonar en su superación.
Bajar presentación:Los problemas sociales de Mexico