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Palabras de Clara Jusidman en el evento de firma de la carta de la Ciudad de México por el Derecho a la Ciudad

Señores y señoras  representantes de diversas organizaciones sociales y civiles de la Ciudad de México.

Señores y señoras integrantes de los poderes ejecutivo, judicial y legislativo de la Ciudad, así como de sus órganos autónomos

Autoridades delegacionales.

Compañeros y compañeras ciudadanos y ciudadanas del Distrito Federal.

En mi calidad de habitante de esta compleja, entrañable y profundamente desigual e injusta Ciudad, quisiera iniciar mi intervención haciendo un amplio reconocimiento a los integrantes de las organizaciones civiles y sociales que desde 2007 han llevado a cabo una labor intensa y persistente para lograr que hoy 13 de julio, arribemos a la firma de la Carta de la Ciudad de México por el Derecho a la Ciudad. Un reconocimiento también al Gobierno de la Ciudad por haber acogido e impulsado esta importante iniciativa ciudadana.

El enorme valor e importancia del instrumento que hoy nos entregan y el compromiso para su cumplimiento se ratifica con la presencia de las más altas autoridades de la Ciudad y de cerca de 3000 representantes sociales y habitantes del Distrito Federal.

El proceso mismo de construcción de la Carta ha sido ejemplar y consistente con la vocación democrática que caracteriza a sus promotores. Las consultas y los foros realizados a lo largo de tres años permitieron enriquecer su contenido y tomar en cuenta las diferentes posiciones y puntos de vista en una Ciudad particularmente diversa. El haber llegado a un texto  con un amplio consenso muestra que si bien los procesos de participación ciudadana toman su tiempo para el desarrollo de acuerdos para la convivencia, estos si son posibles y exitosos aún en contextos de tanta complejidad y  presencia de intereses contrapuestos. Pero además los procesos participativos permiten que en la Carta se acuerden y asuman las funciones, responsabilidades y obligaciones de los diferentes agentes sociales que intervienen en la Ciudad,  para que en su momento, ante su incumplimiento les pueden ser exigidas por los demás.

No se trató de imposiciones, sino de construcción de consensos en un contexto de convivencia civilizada. Esperemos que tampoco se convierta en simulaciones y en un nuevo motivo de defraudación de las expectativas ciudadanas.

Si bien se trata de un juego de corresponsabilidades en donde todos deben cumplir sus compromisos,  ello no exenta al Estado como responsable último de la realización de los derechos humanos de las personas,  estando obligado por la legislación internacional a protegerlos, respetarlos y realizarlos,  como debidamente lo señala la Carta en su último capítulo.

La importancia del instrumento que hoy se presenta a firma, parte del reconocimiento de que vivir en ciudad requiere de  la innovación en materia de derechos humanos e implica una  ampliación de las responsabilidades del Estado. Conduce a aceptar que para la vida urbana ya no son suficientes los derechos humanos consagrados en los instrumentos internacionales e incorporados en nuestra Carta Magna. Significa una nueva generación de derechos que queda comprendida bajo el concepto comprensivo  de Derecho a la Ciudad.

La catástrofe natural que está viviendo actualmente la Zona Metropolitana de Monterrey por la intensidad de las lluvias que han destruido vidas y propiedades y han causado daños inmensos a la infraestructura urbana de la ciudad, junto con la catástrofe humana que se observa en Ciudad Juárez,  cuyas élites políticas y económicas la convirtieron en una Ciudad Maquila y relegaron la reproducción, el cuidado y la protección de sus habitantes y el respeto de sus derechos humanos, son casos emblemáticos de las ciudades dejadas al libre juego de las fuerzas del mercado, son las ciudades mercancía, donde todo se compra y todo se vende, incluso la vida y la dignidad de las personas.

Representan décadas de ceguera en el país respecto de la enorme transformación urbana que estaba ocurriendo, del desmantelamiento de los primeros esfuerzos y esquemas de planeación urbana que se estaban montando, de la falta de desarrollo de una arquitectura institucional municipal con capacidad, atribuciones y duración suficiente como para afrontar los enormes y nuevos retos que significa administrar grandes ciudades, de la ausencia de acuerdos y modalidades de gestión de zonas metropolitanas integradas por varios municipios, en fin de ausencias y retrocesos que subyacen en los problemas de convivencia y sustentabilidad en las ciudades, de la violencia y la inseguridad que las caracteriza y de la falta de cohesión social, equidad y justicia.

Por ello, es bienvenida la Carta  por el Derecho a la Ciudad pues intenta colocar por acuerdo de los agentes sociales que habitan, transitan, utilizan y aprovechan la Ciudad de México, nuevas reglas del juego a fin de rescatar lo que aún es rescatable y tratar de prevenir el mayor deterioro de la convivencia social relevando los derechos que todos tenemos a una vida digna y plena, con equidad, sin discriminación, con apego a la ley, con respeto y tolerancia y con derecho al Estado.

El reto ahora es encontrar cómo utilizarla para efectuar una evaluación de todo aquello que está ocurriendo en la ciudad con la intervención de los diferentes actores, privados, públicos y sociales, a fin de revisar su apego real a los principios establecidos en la Carta y detectar aquellos que atentan contra una sana convivencia.

Los términos de la Carta permitirían así, realizar un escrutinio cuidadoso y detallado de las políticas,  programas y acciones gubernamentales actuales, estatales y delegacionales e incluso, de aquellos federales que se concretan en el territorio de la ciudad, a fin de verificar su apego a los principios, criterios y prioridades establecidos en la misma, de manera que sea posible encontrar sus omisiones y establecer una trayectoria clara para ir corrigiendo sus fallas. Por ejemplo, la ausencia de auténticos y suficientes espacios de participación en el ciclo de las políticas públicas, la prevalencia de sistemas discriminatorios, la elevada discrecionalidad en el otorgamiento de beneficios, la ausencia de rendición de cuentas, la insostenibilidad ambiental de ciertas actividades, el daño y abuso de los mantos freáticos y las zonas de captación de agua de la ciudad, la destrucción de zonas verdes, la creciente  privatización y captura de los espacios y servicios públicos, entre muchos otros.

Permitiría también encontrar aquellos aspectos y propuestas de la Carta para las que no hay políticas, programas y acciones y establecer los criterios que deben regir  el funcionamiento de espacios e instalaciones públicas.

Proporciona asimismo un mapa de navegación para el poder legislativo de la Ciudad a fin ir incorporando en las leyes,  los nuevos derechos humanos considerados en la Carta, así como ir definiendo los mecanismos de exigibilidad y justiciablidad de todos los derechos considerados, a fin de permitir su concreción efectiva. Pasar con ello de la utopía y el enunciado políticamente correcto a la posibilidad real de su ejercicio, construyendo legislación, desarrollando institucionalidad y reasignando presupuestos y reiterar el carácter innovador de la legislación que ha caracterizado a nuestra ciudad.

La Carta facilita también el  diseño de un protocolo de evaluación de impacto en el derecho a la Ciudad de los nuevos proyectos públicos y privados que se pretendan llevar a cabo tanto por el sector público como el social y el privado, o de nuevos diseños legislativos.

Las posibilidades que brinda la carta para rescatar de manera ampliamente participativa nuestra ciudad de los riesgos naturales y humanos inminentes y de las injusticias prevalecientes, son en fin muy diversas. Por ello la importancia de su amplia difusión, de su traducción a términos accesibles a todos los habitantes de la Ciudad para que se la apropien, la utilicen en la promoción de sus derechos y la apliquen en el ejercicio de las responsabilidades que les corresponden.

Junto con el Programa de Derechos Humanos, la Carta se convierte en una herramienta fundamental para la gestión de la Ciudad con enfoque de derechos humanos, adecuados a la vida urbana.

Con la esperanza de que todos y todas estemos a la altura y asumamos con conciencia y verdad, los compromisos que nos demanda como autoridades, como organizaciones y como personas que habitamos y transitamos por la Ciudad de México,  bienvenido sea este importante esfuerzo colectivo.

JUVENTUD, DISCRIMINACIÓN Y POLÍTICAS PÚBLICAS. Algunos criterios básicos

1.- El estudio de la juventud no es mi campo de especialidad, pero si es uno de mis ámbitos de preocupación desde hace varios años. Reconozco la existencia de una creciente literatura de investigación y de organizaciones e instituciones que trabajan el tema juvenil y les expreso mi respeto.

2.- Desde hace varios años he buscado cómo aproximarme a los temas y políticas juveniles desde la mirada de las políticas sociales. Hace ya casi doce años llevamos a cabo algunos enfoques de política juvenil desde la Secretaría de Desarrollo Social del Gobierno del D.F. de forma exploratoria, de pequeña escala, pocos recursos y por un breve tiempo, obteniendo tres aprendizajes importantes. Las intervenciones con jóvenes deben:

a) Crear confianza entre los agentes de las instituciones y los grupos de jóvenes y para ello se requiere de acercamientos respetuosos, suaves, lentos, sostenidos y dialogantes. Toman tiempo e implican trabajo en el territorio. Hay que acercarse a ellos y no esperar que ellos y ellas se acerquen a las instituciones.

b) Esa construcción de procesos debe ser sinceramente participativa, como suele decirse: nada para los jóvenes sin los jóvenes

c) La principal demanda de la población juvenil de la Ciudad de México en ese momento, era la posibilidad de contar con espacios públicos: donde encontrarse con sus coetáneos, donde realizar actividades colectivas, donde expresarse en su diversidad. Me queda claro que una de las transiciones en la etapa juvenil de la vida es pasar del mundo de lo privado al mundo de lo público y de lo colectivo.

3.- Pero las cosas han cambiado fuertemente de entonces para acá y las transformaciones más importantes se han dado en el contexto social, económico, político y cultural afectando de manera particular la vida y el desarrollo de la población juvenil conduciendo a varios fenómenos que si bien, ya se venían presentando, nunca con la velocidad y magnitud que observamos en la última década:

a) Migración. Una salida espectacular de hombres y mujeres jóvenes hacia Estados Unidos para encontrar opciones de trabajo y nuevos cursos de vida. Con ello la pérdida de una gran cantidad de jóvenes con educación diversa, incluso de posgrado y una transformación de los contextos familiares por las ausencias físicas, aunque con las contribuciones de remesas para completar el gasto familiar. Desde la óptica nacional podemos afirmar que hemos estado trasladando parte del bono demográfico mexicano y de las inversiones en educación y salud realizadas en la población mexicana, para beneficio de la economía estadounidense y de su población envejecida. Representa la pérdida para el país de un promedio anual de 500 mil mexicanos en su mayor parte jóvenes, a cambio de un flujo de remesas que paulatinamente se irá reduciendo en el tiempo. Otros opinarían que decidimos exportar seres humanos al mercado internacional.

b) La profundización de una cultura adulta de discriminación, criminalización y exclusión hacia las poblaciones juveniles y la incomprensión de su diversidad, donde los cuerpos de seguridad se han convertido en el instrumento principal para perseguir y agredir a los jóvenes, principalmente a los hombres.

c) Un retroceso en los avances en materia de derechos sexuales y reproductivos de las poblaciones jóvenes y principalmente de las mujeres, ante una clase política crecientemente conservadora.

d) La presencia de una economía de la delincuencia y del crimen organizado que se ha apoderado de territorios completos en el país: municipios y estados, que utiliza a los jóvenes como sus trabajadores, ofreciéndoles oportunidades de ingreso, pero también como sus principales víctimas: como consumidores de droga, de materiales pirata y de contrabando, de sus asesinatos (juvenicidios y feminicidios), víctimas principales del secuestro y del desarrollo de nuevos delitos.

e) El uso de jóvenes como miembros del ejército y de las fuerzas públicas y privadas de seguridad para proteger a las élites y las clases medias urbanas en todo el país.

f) Una oferta insuficiente de opciones educativas en los niveles de media superior y profesional, en paralelo del deterioro creciente de la educción por la falta de calidad y relevancia de los contenidos para la realidad que viven y enfrentan actualmente las poblaciones juveniles. Recientemente en algunas investigaciones se ha encontrado que los jóvenes se aburren en las escuelas.

g) Un modelo económico que al privilegiar la economía de la producción y las ganancias privadas, altamente concentradas, ha desatendido la reproducción de su población, afectando particularmente el desarrollo de la infancia y la juventud, al precarizar los salarios y las prestaciones y flexibilizar en la realidad, los términos de las relaciones laborales. Ello además, ante la ausencia de una política de estado distributiva del ingreso y la riqueza, por los bajos niveles de carga fiscal y los privilegios que se otorgan en la materia y por el tipo de política social adoptada que se focaliza en la atención de la pobreza y no en la garantía, promoción, respeto y protección de derechos humanos.

h) Como consecuencia se observa una transformación de las familias que conlleva una precarización de la economía del cuidado y de los ámbitos de protección, aprendizaje y desarrollo de las poblaciones infantiles y juveniles frente a la ausencia de intervenciones oportunas, suficientes, adecuadas e integrales del Estado para apoyar esa economía y esos ámbitos.

Las políticas hacia, con y para la población joven en México.

 A partir de lo anterior me parece que el reto en materia de políticas juveniles tiene al menos, tres ejes:

a) El reconocimiento de la importancia de una política nacional de juventud de gran envergadura e integral, con sus claras expresiones y adecuaciones al nivel territorial y definición de responsabilidades por niveles de gobierno y con suficientes apoyos legislativos, institucionales y presupuestales. Personalmente creo que si los Institutos de Juventud han de servir para algo es para convocar y conducir el diseño de esa política nacional y de transversalizar el enfoque juvenil en todas las políticas gubernamentales y para convertirlas realmente en políticas públicas, garantizar una participación en su diseño, instrumentación y evaluación de representantes juveniles.

b) La creación de un ambiente propicio para la protección, el aprendizaje y el desarrollo de las poblaciones juveniles con cambios en las políticas económica, social, cultural y ambiental y también, en los procesos e instituciones políticas. Es decir, actuar sobre el entorno o el contexto desde la perspectiva juvenil.

c) El desarrollo de políticas públicas de, para y con los jóvenes con un enfoque de integralidad y de derechos que podríamos enunciar en los siguientes rubros en términos de derechos humanos:

  • derecho a la no discriminación y a la igualdad de género
  • derechos sexuales y reproductivos
  • derecho al disfrute del nivel más altos de salud física, mental y social
  • derecho al trabajo y del trabajo y a un nivel de vida adecuado
  • derecho a la educación
  • derechos culturales y reacceso a la tecnología y el conocimiento científico
  • derecho de acceso a la justicia y al debido proceso, de respeto a las libertades fundamentales como libertad de expresión y de acceso a la información, de reunión y de asociación, a la privacidad y al honor, a la libertad de pensamiento, conciencia y religión y a la libertad de movimiento.
  • Derecho a la vivienda
  • Derecho a un medio ambiente sano

Rogelio Marcial  considera que los espacios de mayor riesgo en la actualidad para las poblaciones juveniles tienen que ver con los campos de: sexualidad, educación, empleo, consumo de sustancias y jóvenes en conflicto con la ley lo que podría orientar las prioridades de políticas. Estas deberían ser las prioridades en el diseño de una política integral en el corto plazo.

Desde la mirada del tema que nos convoca que es la discriminación, algunos de los campos anteriores de derechos tendrían mayor relevancia, aunque en todos ellos las prácticas de exclusión de ciertos grupos de jóvenes tendrían que enfrentarse.

Siempre he pensado que la superación o atenuación de conductas discriminatorias tiene que ver con la forma en que construimos y desarrollamos a los seres humanos y que hace a cambios profundos en la cultura y que una de las intervenciones que ha probado su eficacia en esta materia, son las acciones positivas que obligan a la convivencia cotidiana de representaciones diversas.

Si en la primera infancia, etapa de la vida fundamental en el desarrollo de valores, es más difícil la intervención intencionada para propiciar la convivencia de la diversidad económica, social, cultural, religiosa, étnica, racial, de género, política y de capacidades físicas y mentales, si es factible propiciarla en las instituciones, espacios y programas públicos en etapas posteriores de la vida. Esa convivencia de la diversidad debería ser en las políticas juveniles un criterio fundamental en el desarrollo de programas públicos de educación, salud, culturales, recreativos, deportivos, laborales y de servicios y utilización de los espacios  públicos, en general.

Es necesario combatir la creciente segmentación que se observa en los ámbitos de educación como son las universidades, en los servicios de salud o en las actividades culturales y de recreación, por ejemplo, y propiciar más espacios de encuentro y convivencia de la diversidad.

Las acciones afirmativas que obliguen a la convivencia de la diversidad deberían aplicarse a los servicios privados también como son las escuelas y universidades, donde la formación de los hijos de las clases medias y altas se lleva a cabo de manera aislada sin contacto con la infancia y los jóvenes provenientes de las clases populares y en pobreza. No se trata de que acepten a uno o dos jóvenes de familias de bajos ingresos, sino que para tener un impacto real, al menos, treinta por ciento de la matrícula de escuelas particulares debería asignarse y en su caso, sea apoyada con recursos públicos, para niños, niñas y jóvenes de origen diverso.

Finalmente quisiera referirme a un tema de creciente preocupación entre la población juvenil y que es su relación con los cuerpos de seguridad ante la creciente violencia criminal e institucional en la vida de todos los mexicanos. Algunos autores señalan que los cuerpos de seguridad asumen como suyos los valores de las clases dominantes y que verán como peligrosos a aquellas personas que son consideradas como tales por las élites.

Al no existir un proyecto de las élites económicas y políticas mexicanas para la enorme población juvenil en la estructura demográfica actual del país, pues no asumen como su responsabilidad la creación de una economía que crezca, genere empleos, distribuya y sea sustentable, los jóvenes -por su energía, cuestionamiento de la autoridad y las instituciones, defensa del ejercicio de su libertad-, son colocados como poblaciones peligrosas, pues no aceptan su pertenencia a los sectores subordinados.

Los cuerpos de seguridad se convierten entonces en el instrumento para subordinarlos y si se revelan  acaban en el mejor de los casos, en los reclusorios, que tiene un elevado y creciente porcentaje de población entre 18 y 29 años, y en el peor, entre los miles de muertos por la violencia criminal e institucional.

Son las élites económicas y políticas las que deben entender el enorme riesgo en que están colocando la viabilidad del país al no reconocer y asumir el enorme valor actual y  futuro que representa la elevada proporción de jóvenes en la estructura poblacional del país. Es en etapas similares de la historia poblacional de los países desarrollados donde se hizo posible el despegue económico por las bajas tasas de dependencia.

En México en cambio, hemos elegido acosarlos, correrlos del país o destruirlos. Un grave error histórico, además de una profunda tragedia humana.

Visiones sociales en torno a la evaluación de la perspectiva de género

Reunión de Evaluación de la política de equidad de género en los ámbitos federal y estatal.

INMUJERES-COLEF

Gracias por la invitación al Colef y al Inmujeres. Me permite revisar el tema, lo cual me ocurre periódicamente y actualizarme en materia de políticas de género.

Centrada más en el análisis y la promoción de los DESCA y en el análisis de la construcción económica, social y cultural de la violencia social y de género en las ciudades, a partir del estudios sobre la Realidad Social de Juárez que hicimos desde Incide Social en colaboración con el Consejo Ciudadano de Desarrollo Social de esa ciudad y que publicó la UACJ en 2007 y que ahora estamos utilizando como metodología para analizar lo que ocurre en otras cinco ciudades y actualizando la investigación de Juárez.

Generalmente me he dedicado a los diagnósticos sociales y al diseño y ejecución de programas, el campo de la evaluación de políticas públicas no es mi fuerte y mi comentario en esta reunión  plantea algunas dudas sobre la situación actual de las políticas de género en los gobiernos federal y estatales que refieren más a una evaluación más macro de sus efectos y efectividad.

Intereses prácticos e intereses estratégicos

Parto de reconocer que algunas tendencias en la evolución de diversos indicadores de avance en la condición de las mujeres y en la igualdad de género, traen una inercia derivada de intervenciones públicas que se han realizado a lo largos ya de varios años y que resultan de procesos, desarrollos institucionales e inversiones realizados en distintos momentos.

Con frecuencia la evolución de esos indicadores, se relacionan con avances generales de políticas sociales dirigidas a mejorar en el nivel de vida de la población y que permiten la ampliación de coberturas para incorporar poblaciones marginadas o previamente desprotegidas, entre las que su ubicaron por siglos las mujeres.

Atienden principalmente a los intereses prácticos de las mujeres que se relacionan a necesidades inmediatas vinculadas a las carencias o insuficiencias de servicios y bienes materiales básicos y que fueron el gatillo para desatar la participación de las mujeres en la vida pública; acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, al crédito, a la tierra, al ingreso. En estas materias no existe conflicto y hay un reconocimiento amplio de los derechos de las mujeres. Persisten sin embargo, brechas entre hombres y mujeres en el acceso y los niveles de cobertura y protección  y la desigualdad entre mujeres de distintos estratos sociales y ubicaciones territoriales se convierte en un tema central  de preocupación.

Sin embargo, el centro de las preocupaciones actuales en materia de políticas de género se ubica en el campo de las necesidades estratégicas que refieren al reconocimiento y toma de conciencia de la posición de subordinación, desigualdad y discriminación de las mujeres en la sociedad. Se trata de la transformación de las relaciones sociales de género y  la consecución  de libertad, igualdad real, construcción de autoestima y de empoderamiento. Son temas como:

Abolición de la división sexual del trabajo

Disminución de la carga doméstica

Eliminación de  la discriminación

Políticas de igualdad y libertad

Reconocimiento de derechos sexuales y reproductivos

Medidas contra la violencia y el control masculino sobre las mujeres

Participación en las estructuras de toma de decisiones

En el campo de los intereses estratégicos los avances son más difíciles pues cuestionan las bases mismas de las relaciones de poder que sostienen a las sociedades androcéntricas. Son también las materias en las que existe mayor conflicto y tensión y en las que suelen ocurrir retrocesos como vimos en sociedades como Irán y Egipto, por ejemplo, particularmente cuando persisten estructuras de poder religioso arraigadas y muy presentes y las sociedades no se han secularizado suficientemente.

En materia de intereses estratégicos la evolución de los indicadores de avance no suele ser lineal y progresiva. Se pueden presentar rupturas en las tendencias, tanto en sentido positivo como negativo. Por ejemplo, debemos estar atentos a un posible retroceso en los índices de mortalidad materna ante las modificaciones en las constituciones de los estados respecto del derecho a la vida, las hemos observado anteriormente en materia de cobertura del uso de métodos de anticoncepción, ante la reducción de su acceso y disponibilidad en las instituciones de salud de algunos estados.

Es decir, si bien amplios sectores de las mujeres permanecen en condiciones graves de pobreza, estas condiciones también la padecen millones de varones y al avanzar en su superación, es posible que las mujeres también se beneficien.

No es así en las disputas por el poder político o por el control del cuerpo y el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos, o la eliminación de la violencia de género. Se trata de retos más complejos, enraizados en la cultura y que significan sesiones de espacios de control y poder.

Ubicando así desde mi personal óptica, el reto actual de las políticas de género, plantearía algunos interrogantes que podrían ser objeto de evaluación:

1.- ¿En qué medida estamos desarrollando y aplicando políticas gubernamentales de igualdad de género y no realmente políticas públicas? Es decir políticas que deriven del diálogo y la participación de mujeres y hombres en todo su ciclo de desarrollo; participación que tenga en cuenta la diversidad territorial y de situación social, étnica, religiosa. ¿Cuáles son y cómo funcionan los mecanismos de participación que permiten decir que efectivamente se están aplicando políticas públicas?

2.- ¿En que medida estamos impulsando políticas hacia las mujeres, más que políticas de igualdad de género donde se incida sobre los dos componentes de las relaciones asimétricas: hombres y mujeres? y cómo consecuencia de ello ¿tenemos evaluaciones de la forma en que los hombres están asumiendo y procesando los cambios  como para garantizar que a la vuelta del tiempo, no se retorne a las situaciones asimétricas de origen en las relaciones de poder?

3.- ¿Cuánto están las políticas de género incidiendo en las estructuras y el funcionamiento de las instituciones que fueron construidas bajo una lógica de asimetría del poder entre hombres y mujeres o de determinados roles de género? Por ejemplo, las reglas de funcionamiento del mundo del trabajo, de las instituciones que prestan servicios públicos, de los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones empresariales, de las instituciones del Estado: poder legislativo, poderes ejecutivos y judiciales (carrera judicial dedicatoria y disponibilidad absoluta) ¿Se tiene una reflexión y propuestas de modificación de la arquitectura institucional de los poderes del Estado con perspectiva de género?

4.- ¿Existe una estrategia consistente y mecanismos efectivos que articulen o alinien las intervenciones de distintas agencias gubernamentales y de los distintos niveles de gobierno bajo objetivos compartidos, generando sinergias? ¿O se trata de una miríada de intervenciones o programas llevados a cabo por muchas agencias, con muy pocos recursos, sin revisión de experiencias previas o de otros y por tanto, con poca efectividad e incluso, con riesgo de que se anulen entre sí o se dupliquen?

5.- ¿Cuántas personas en el territorio conocen efectivamente la posibilidad de acceder y los requisitos para hacerlo, a los distintos programas y servicios?¿Existen indicadores de accesibilidad, disponibilidad, calidad y asequibilidad de los servicios y la oferta que significan muchos de los programas?

6.- ¿Existen definiciones claras a partir de mediciones y proyecciones sobre las necesidades de ampliación de coberturas? Pienso por ejemplo, en servicios accesibles de atención psicológica, jurídica, económica, de refugio frente a la violencia de género; servicios de salud; estancias y guarderías; transporte especializado, etc.;

7.- Es frecuente que las políticas en materia de equidad de género se traduzcan en el desarrollo de leyes, normas y la creación de instituciones, y que el progreso en la igualdad de género se mida por el número de normas, leyes e instituciones que se han establecido y dictado ¿Antes de aprobarlas o de echarlas a andar se calcula su costo de implementación (personal, instalaciones, equipamiento, acuerdos de colaboración, etc,)?¿Se asegura que se hubiese llevado a cabo la revisión de experiencias previas nacionales o al nivel local o internacional como para tener mayor seguridad de que la política o programa adoptado tiene mayores posibilidades de éxito respecto del objetivo deseado?

8.- En el mismo sentido ¿Las evaluaciones que se realizan de programas públicos por ejemplo, revisan en qué medida la construcción de los mismos tomó en cuenta lecciones aprendidas de otros programas o políticas similares, o experiencias del sector social o privado como para reducir la extensión y el costo de la curva de aprendizaje? Con frecuencia las agencias y los nuevos funcionarios repiten intervenciones sin consultar esas experiencias y caen o repiten errores e incurren en costos.

9.- ¿Se han cancelado programas cuando las evaluaciones hacen evidente que no cumple con los propósitos que se fijo, o está muy mal montado u operado, o genera efectos secundarios no esperados e inconvenientes? ¿Hay efectos vinculatorios de las evaluaciones para los ejecutores de los programas?

10.- ¿Se cuenta con metodologías de evaluación que nos permitan efectivamente saber si los miles de cursos y talleres de sensibilización en materia de género que se dan a los servidores públicos, provocan algún cambio en sus conductas o ya hay metodologías de sensibilización con mayor seguridad de impacto?

11.- ¿Existen en alguna parte montados mecanismos que vayan haciendo prospectiva en materia de relaciones de género y de las nuevas problemáticas emergentes ante los cambios sociales, económicos, ambientales, políticos y culturales que se están dando? Por ejemplo: efectos diferenciados de catástrofes naturales y humanas; cambios en las cargas familiares por el envejecimiento poblacional; modificaciones en  las estructuras de solidaridad familiar y reproducción y crianza ante la movilidad territorial en aumento de miembros de las familias. Ello como para ir haciendo prevención y mitigar la profundización de asimetrías, el aumento de las cargas de trabajo y las responsabilidades de las mujeres.

12.- ¿Se han aplicado evaluaciones del efecto que tiene la narcocultura y la creciente violencia social en las libertades y los derechos de las mujeres y en las asimetrías de géneros, más allá del reconocimiento de su condición de víctimas directas de la violencia?

El documental como una herramienta en la promoción y protección de los derechos humanos

En mi intervención, quiero iniciar con la exposición de varias situaciones que se presentan en los países de América Latina respecto de los derechos humanos:

1.- Las personas no tienen conciencia de que son sujetos de derechos humanos y que existen instrumentos desarrollados por la comunidad internacional, a lo largo de al menos un siglo, que reconocen la dignidad de todas las personas sin importar sexo, edad, origen, nacionalidad, religión, etnia, raza, orientación sexual, ideología, estatus económico,  etc.

2.- Los Estados no asumen, ni  cumplen sus obligaciones de respetar, proteger, garantizar y promover  los derechos humanos, mismas que están establecidas en los instrumentos internacionales y regionales que han firmado.

3.- Ni la población, ni los Estados conciben que los derechos humanos son inalienables, interdependientes, universales, indivisibles y exigibles, es decir son para todos y todas, que no se puede proteger los civiles y políticos y vulnerar los económicos, sociales, culturales y ambientales o viceversa.

4.- La calidad de persona digna y de ciudadanía plena implica el goce de todos los derechos humanos independientemente del territorio donde las personas se encuentren

5.- La globalización impone nuevos retos al marco conceptual y político de los derechos humanos ante el debilitamiento de los Estados Nacionales como  referentes centrales de la exigibilidad del cumplimiento de los derechos humanos.

6.- La vulneración de los derechos humanos de millones de personas en el mundo está adquiriendo nuevas modalidades por los avances científicos y tecnológicos y por la apertura de mercados, a la vez que se están recreando viejas formas que se pensaban  superadas, como la esclavitud y la trata de personas.

7.- Que la persistencia y ampliación de la desigualdad y la ausencia de democracia y acceso a la justicia profundizan relaciones de subordinación entre élites económicas, políticas, religiosas y criminales respecto de millones de personas que viven en condición subordinada.

8.- Que el respeto a la dignidad de todas las personas y de sus derechos humanos significa un cambio cultural profundo que a veces, muestra avances y otras más como ahora, evidencia retrocesos.

A partir de estas premisas,  y visto desde la óptica de lo que ocurre al nivel de las tendencias macrosociales, considero que el cine y video documental están haciendo un aporte fundamental en la visibilización, sensibilización y concientización acerca de la problemática de los derechos humanos y en la denuncia de las violaciones a éstos.

El cine y el video tienen la maravillosa facilidad de describir y mostrar contextos y documentar casos dentro de ellos que nos llevan a entender y a reflexionar que la no repetición de casos específicos de violaciones tiene una fuerte relación con la modificación de los contextos. Es decir, no depende de la conducta y del buen comportamiento individual y personal, sino del contexto favorable o desfavorable al respeto de los derechos humanos donde la persona se ubica. Refiere  lo anterior  a normas y valores dominantes, niveles de tolerancia, de impunidad, de corrupción, a la existencia y eficacia de las instituciones, a estructuras de poder, a  los niveles de organización y participación ciudadana, a la cultura de la ilegalidad y a muchos otros elementos presentes en una sociedad, en una época determinada y que se convierten en caldo de cultivo propicios para la violación de los derechos humanos. La tolerancia a los feminicidios, a la pederastía, a la trata de personas, a la criminalización de la protesta social y a la limpieza social, la discrecionalidad en la aplicación de la justicia,  la muerte de activistas civiles y sociales, los fraudes electorales, la precarización de las condiciones laborales de millones de trabajadores, ocurren en contextos sociales que requieren modificaciones profundas en varios ámbitos de las relaciones sociales, económicas,  culturales, políticas, tecnológicas y científicas.

En una situación tan y crecientemente compleja cuáles son y podrían ser las aportaciones del cine y el video documental para modificar los factores económicos, sociales, culturales, políticos y religiosos que subyacen en la violación de los derechos humanos de las personas.

1.- Son  un instrumento muy poderoso para que en un tiempo breve muestren un contexto y una situación individual o colectiva que deviene en injusticia, abuso, temor, enojo. Lo vimos con el caso de unos de los documentales ganadores en el 2008 del Encuentro de Contra el Silencio Todas las Voces que duraba sólo un minuto y mostraba la angustia previa a un desalojo de jóvenes.

2.- El desarrollo alcanzado por los medios audiovisuales y el crecimiento del acceso a los mismos  permite una distribución y alcance masivo hacia los sectores poblacionales como  las élites  y  las poblaciones de jóvenes.

3.- Se convierten en voces de las víctimas y contribuyen a la exigibilidad, a la justiciabilidad, a exponer y avergonzar, a proporcionar evidencias, a recrear las realidades injustas.

4.- Permiten también crear conciencia sobre conductas y actitudes personales que violan o contribuyen a la violación de derechos humanos en la vida cotidiana: en las familias, las escuelas, los lugares de trabajo, las instituciones públicas, los espacios públicos, en general. Nos hacen concientes de que en nuestra cotidianeidad nos volvemos perpetradores de violaciones a la dignidad de las personas: maltrato y desprecio  a los cuerpos de seguridad, invisibilización de personas de mantenimiento y limpieza, distintas formas y expresiones de  violencia intrafamiliar, maltrato entre profesores y alumnos, prepotencia y discriminación de “servidores públicos” hacia la población que deben atender; acoso sexual,  violaciones en el tráfico de automóviles, maltrato a las poblaciones de servicios personales, etc. Todas esas pequeñas conductas cotidianas en las relaciones con otros, donde constantemente violentamos derechos y percibimos la vulneración de los nuestros.

5.- Son una poderosa herramienta para inducir el indispensable cambio cultural que se necesita para hacer de los derechos humanos un mapa de ruta para la evolución de nuestras sociedades.

En razón de lo anterior considero que el video y el cine documental podría contribuir a varías tareas que se deberían impulsar:

1.- Concientizar a las élites económicas, políticas y religiosas sobre qué son los derechos humanos y cómo en lo cotidiano ellas los están violando al explotar a sus trabajadores, pagándoles mal, al abusar de los consumidores con precios injustificados, al entregar productos de mala calidad y riesgosos, al ejercer de manera discrecional su poder, al imponer creencias religiosas como normas sociales, al denostar desde el púlpito a ciertas personas o grupos o al promover valores que no honran con sus conductas.

Es decir, ponerlos frente a sus inconsistencias, sus abusos, su imposición, su corrupción y su ausencia total de compasión.

2.- Concientizarnos a todos y todas sobre conductas cotidianas, que pensamos insignificantes y menores, pero que conllevan a la violación de los derechos humanos de terceros.  Antanas Mokus  quien fuera en dos ocasiones alcalde de Bogotá y ahora está contendiendo por la Presidencia de Colombia, utilizo modalidades novedosas y creativas para mostrar a los habitantes de esa ciudad las pequeñas violaciones que cometían al transitar por la ciudad haciendo que ante ellas otros ciudadanos mostraran tarjetas de premiación o sanción, o una zanahoria, que mimos y payasos se convirtieran en agentes de tránsito, por ejemplo. Mokus y varios otros alcaldes de ciudades de Colombia, produjeron cambios culturales profundos con medidas creativas e inteligentes que abatieron los altos niveles de violencia que caracterizaban a Bogotá o a Medellín.

De la serie de videos que me toco dictaminar como jurado en el Encuentro de 2008 de Contra el Silencio Todas las Voces, el que más me impactó fue un video de Brasil donde una alumno de la facultad de Psicología decide ponerse el uniforme del personal de limpieza de su Facultad y empezar a hacer tareas de aseo entre sus compañeros. El resultado es que nadie lo saluda pues el uniforme lo invisibiliza, así se transforma por su uniforme en un individuo que no merece ser reconocido, identificado, saludado.

En las urbes no saludamos, ni sonreímos a los seres humanos  que encontramos a nuestro paso; no vemos a los policías, los carteros, los recogedores de basura, mucho menos platicamos con ellos; al subirnos a un autobús no saludamos al chofer, tratamos de subirnos antes que los demás, no concedemos el asiento a otros con mayor necesidad física, los adultos mayores nos volvemos invisibles y que decir de los pobladores indígenas o pobres.

La vida en las ciudades a pesar de la cercanía territorial, nos ha alejado cada vez más de nuestros congéneres. Tenemos miedo y desconfianza y nos aislamos. Se genera resentimiento, se acrecientan las distancias y se motivan las revanchas, por una espiral de agravios pequeños, sostenidos, continuos, que a veces concluyen en violencia.

Creo que el video y cine documental podrían contribuir a una revolución cultural en las conductas cotidianas al hacer concientes a las personas de sus malas actitudes frente a otros.

3:-Finalmente, continuar siendo las voces de todas las víctimas y grupos excluidos a quienes sistemáticamente se les niega el acceso a la justicia y que no tienen acceso a contar sus historias en los medios de comunicación masiva, concentrados por poderosos grupos económicos; ni tampoco conocen ni usan las modernas redes sociales; algunos inclusive manejan lenguas y desconocen el castellano.

Las posibilidades de los documentalistas de traer desde muy diversos territorios las muestras del abandono, de la precariedad de la vida, de la permanente injusticia y violación de derechos por los caciques y grupos locales de poder, de la violencia doméstica, de la indefensión e incertidumbre de muchos jóvenes, por ejemplo, a las entrañas de los centros de poder nacionales e internacionales, imposibilitan el continuar siendo sociedades donde no pasa nada y van ayudando a construir una conciencia de que o se cambia la profunda desigualdad, la exclusión, la discriminación, la  pobreza y la negación y discrecionalidad en la aplicación de la justicia o el riesgo es convertirse en sociedades fallidas como nos está ocurriendo en mi país donde cada vez hay menos Estado y cada vez  más violencia y delincuencia y una creciente violación de los derechos humanos sin consecuencias.

4.- En México estamos viviendo momentos críticos y de enorme tristeza y miedo. Pienso que los documentalistas también podrían contribuir a renovar la esperanza encontrando y mostrando situaciones e historias que nos hacen evidente que otro mundo es posible, pequeñas experiencias de solidaridad, de convivencia respetuosa, de sociedades que se apegan a la Ley, de niños y jóvenes que crecen y viven sin miedo porque tienen una sociedad de adultos que los protege y se preocupa por ellos, de mujeres que transitan en los espacios públicos y regresan a sus casas sin el temor de ser violentadas y agredidas por su condición genérica; de personas que ayudan y defienden a los migrantes que transitan por territorios cada vez más peligrosos; de legisladores que promueven legislaciones que ampliarán la exigibilidad y justiciabilidad de los derechos humanos; de experiencias exitosas como las de Palermo, Bogotá y Medellín donde se dio un salto cualitativo en el deterioro social; de ciudades donde se respetan los usos del suelo y conviven personas diversas en espacios con usos mixtos; donde las viviendas se construyen para los seres humanos que las habitarán y no para obtener inmensas ganancias, en fin donde se respetan los derechos humanos de todos y todas y es posible tener una vida buena.

Pero destacando cuáles son las aportaciones que las personas involucradas en esas experiencias tuvieron que hacer, las trayectorias que se tuvieron que seguir para lograrlo, de manera que vayamos entendiendo que somos sólo nosotros los que podemos cambiar las cosas participando, organizándonos, exigiendo colectivamente, revocando mandatos, proponiendo, en fin, impidiendo que los abusos, la impunidad y la corrupción continúen carcomiendo los debilitados cimientos de un edificio que está a punto del colapso.

Derechos humanos

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¿Qué son los Derechos Humanos?

Luigi Ferrajioli señala que los derechos fundamentales son los derechos que están adscritos universalmente a todos en cuanto personas, o en cuanto ciudadanos o personas con capacidad de obrar y que son por tanto, indisponibles e inalienables. Sostiene además que si queremos garantizar un derecho como fundamental se debe sustraer tanto a la disponibilidad política como a la del mercado, formulándolo como regla general, y por tanto confiriéndolo igualmente a todos y todas.

En el derecho mexicano esos derechos universales e indisponibles están establecidos en la Constitución Mexicana, y en el ámbito internacional, corresponden a los establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) en los Pactos internacionales (1966) y en las demás convenciones internacionales sobre derechos humanos.

Los derechos humanos son atributos y garantías que corresponden a las personas, al margen y por encima de las leyes, los cuales deben ser reconocidos y protegidos.

Los derechos humanos son los que tienen todas las personas para vivir una vida de libertad y dignidad, en virtud de su humanidad común. Expresan el compromiso de garantizar que todas las personas puedan disfrutar de los bienes y libertades necesarios para alcanzar esa vida digna. Se hallan sustentados en valores éticos, cuyos principios se han traducido en normas de derecho positivo nacional e internacional, constituyéndose en parámetros de justicia y legitimidad política.

Se realizan cuando los individuos gozan de las libertades amparadas por el derecho y el ejercicio del derecho está garantizado y cuando hay mecanismos sociales suficientes para proteger a la persona de las amenazas contra el ejercicio de las libertades amparadas por esos derechos.

Los ddhh son las condiciones de la existencia humana que permiten al ser humano desenvolverse y utilizar plenamente sus dotes de inteligencia y de conciencia en orden a la satisfacción de las exigencias fundamentales que le imponen su vida espiritual y natural y con ello dan cumplimiento a su dimensión ética, con las características propias del ser humano, en su vida personal y colectiva.

Punto de vista antropológico, los ddhh responden a la idea de las necesidades que tienen los seres humanos para vivir de manera digna: alimentación, vestido, vivienda, educación, trabajo, salud, en una primera instancia; también a la libertad de expresión, de organización, de participación, posteriormente; de trascendencia, de tener una vida de calidad, de solidaridad, etc. una vez que las anteriores han sido cubiertas

En la declaración francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano se consagraron de una manera definitiva como texto legislativo. Siglo XVIII.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, piedra angular del sistema actual de derechos humanos parte señalando que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana” Que “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. [1]

Los ddhh no son absolutos, sino más bien susceptibles de cambio, de acuerdo con las necesidades de una época determinada o de un lugar determinado.

Han mantenido dos características la defensa de la persona humana y las limitaciones al poder del Estado.

En 1948 la Asamblea General de las N.U. sancionó la Declaración Universal de los DDHH. Desde ese año y como producto de negociaciones entre los gobiernos representados en el Sistema Universal de Derechos Humanos, se han ido generando diversos instrumentos jurídicos[2] varios de ellos vinculantes. Asimismo, se han creado sistemas de instituciones y mecanismos que han avanzado en la conceptualización y la cobertura del marco de derechos humanos; vigilan, dan seguimiento y visibilizan el grado de cumplimiento de las obligaciones de cada uno de los Estados Parte; y reciben denuncias, realizan escrutinios y aplican sanciones o hacen recomendaciones ante violaciones a los derechos humanos. Adicionalmente, desde la Conferencia de Viena de 1993 se busca avanzar en la forma de operacionalizar el “enfoque de derechos humanos” en planes, políticas y programas de los Estados e incorporarlo en la operación de los organismos del Sistema de Naciones Unidas.

El Sistema Universal se fortalece además con la existencia de sistemas regionales como es el caso del continente americano del cual forman parte la Corte, la Comisión y el Instituto Interamericanos, que se encargan de atender, adaptar y desarrollar el marco de derechos humanos a las realidades de la región.

Interesa destacar que existe en el mundo un cuerpo amplio de instituciones y un gran número de especialistas que por sesenta y cinco años, que se cumplieron el 10 de diciembre del 2013, han venido reflexionando y avanzando en la protección de los derechos humanos y dentro de ello, en la forma de operacionalizar las obligaciones que adquirieron los Estados al firmar los diversos instrumentos internacionales en materia de Derechos Humanos.

La evolución normativa de los derechos humanos ha dado lugar a dos categorías amplias de estos: los derechos civiles y políticos y los derechos económicos sociales y culturales. Los primeros consagran al individuo frente a la ley y garantizan su habilidad para participar libremente en la vida política, económica y civil de las sociedades. Los segundos promueven el florecimiento individual, el desarrollo económico y social, la autoestima y la identidad.[3]

Los derechos humanos son universales, indivisibles, inalienables, interdependientes, interrelacionados, de igual importancia para la dignidad humana y exigibles, y los DESC tienen el mismo estatuto legal, importancia y urgencia que los derechos civiles y políticos. El goce de los derechos económicos, sociales y culturales es determinante para la posibilidad del goce efectivo, igualitario y no discriminatorio de los derechos civiles y políticos.

Teoría de las tres generaciones de derechos humanos

Derechos civiles y políticos

Libertades individuales

Siglo XVIII, fundamentados en la libertad. Derechos individuales. Constituciones de Estados Unidos y de Francia. Desde antes Aristóteles, Cicerón, Santo Tomás de Aquino y retomados por Rousseau, Voltaire, Diderot, D’Alambert

Derecho a la integridad física (Derecho a la vida) y moral (derecho al honor), derecho a la seguridad de las personas, los domicilios y las comunicaciones, protección contra la discriminación originada en cualquier condición personal o social y los derechos individuales: la propiedad, la libertad de pesnamiento, expresión, prensa e imprenta, de culto, de circulación y residencia; al debido proceso, garantías contra detención arbitraria, el derechos de asistencia, representación y defensa jurídica, a no declarar, a la ausencia de torura. El heveas corpus, la presunción de inocencia, la no retroactividad de las leyes, la proporcionalidad de las penas, a obtener reparación

Derechos políticos: a la participación en la vida civil y política, el derecho al voto, el de petición, de reunión y manifestación, de asociación

 

Derechos económicos, sociales y culturalesIgualdad

Florecieron en 1917 y 1918 y se conocen como derechos sociales y económicos y se agregaron los derechos culturales. Ideólogos y pensadores Marx, Engels, Lenin, Hegel. Tienen que cumplir con una función social sin dejar de ser individuales: el individuo es su titular.

Algunos los consideran como derechos programáticos o “derechos prestaciones”porque para su realización el ser humano necesita de la ayuda de la sociedad a fin de obtener los medios para la realización de sus necesidades

En este contexto, los derechos económicos, sociales y culturales específicamente son aquellos que posibilitan a la persona y a su familia gozar de un nivel de vida adecuado. Incluyen aspectos relacionados con el derecho a la vida, a la libertad y a la subsistencia.

¿Cuáles son los DESCA?

El derecho al trabajo y a la libre elección del empleo; a condiciones de trabajo equitativas y satisfactoria; libertad sindical y derechos de huelga; a la seguridad social; protección a la familia y a los menores; a un nivel de vida adecuado y a la mejora continua de las condiciones de existencia (alimentación, vestido y vivienda digna); al nivel más alto de salud física y mental; a la educación; a participar en la vida cultural y a disfrutar de los beneficios que resulten de los progresos intelectuales y de los descubrimientos científicos; derechos de autor; al descanso y a la recreación, a constituir una familia y a recibir protección, derecho al agua; derecho al medio ambiente sano

Los DESC podrían considerarse como la expresión nuclear del conjunto de los derechos sociales, a los que deben agregarse los derechos definidos en los instrumentos internacionales y nacionales referidos a los pueblos y a los grupos de población sujetos a discriminación como son la niñez, las mujeres, los adultos mayores, las personas con discapacidad, los migrantes, entre otros. La formulación específica de instrumentos internacionales para estos grupos refiere a la inclusión, la igualdad y la no discriminación.

Las garantías sociales protegen los derechos de corte social y económico del individuo. Son instrumentos para que el derecho social declarado en la ley, se convierta en operable, ejecutable, exigible. Son métodos, mecanismos o dispositivos que sirven para asegurar la efectividad de un derecho social.

Derechos de los pueblos y la solidaridadFraternidad

Son los derechos de los pueblos y de la solidaridad, que les permite a aquellos reclamar ciertas prestaciones de la sociedad:

Pertenencen a los individuos y, a la vez, al conjunto del pueblo e incluso a la comunidad internacional.

Derecho a la paz, derecho a un medio ambiente sano y ecológicament4e equilibrado, derecho a beneficiarse con el patrimonio común de la humanidad, derecho a la comunicación, derecho al desarrollo y derecho a un nuevo orden internacional. Derecho a la intimidad, a disfrutar del aire puro, a r4ecibir una buena información, a la protección del patrimonio, los derecho del consumidor, el dercho en general, a tener una vida de calidad.Haroeld J.Laski, Benedetto Croce, Mancery Fry, Mahatma Gandhi. Jacques Maritain, Kurt Riezler, Goerge Friedman, Hung Shulo, Luc Somerhausen, Humayeun Kabir y Richard Mc Keon

Tránsito entre Estado Nación y Estado Región de los bloques económicos transnacionales. Derechos de las generaciones futuras, derechos de los migrantes, derechos difusos

“Hoy en día es indudable que los derechos humanos en su conjunto son indivisibles, interdependientes, interrelacionados y de igual importancia para la dignidad humana. En vista de lo anterior, los Estados tienen la misma responsabilidad en cuanto a las violaciones a los derechos económicos, sociales y culturales y las violaciones a los derechos civiles y políticos” Directrices de Maastricht Apartado 4.

En su apartado 6 se dice “Al igual que los derechos civiles y políticos, los derechos económicos, sociales y culturales imponen sobre los Estados tres tipos de obligaciones distintas:las obligaciones de respetar, proteger y cumplir. El incumplimiento de cualquiera de estas tres obligaciones constituye una violación a dichos derechos. La obligación de respetar requiere que el Estado se abstenga de obstaculizar el goce de los derechos económicos, sociales y culturales. Así, el derecho a la vivienda se infringe si el Estado lleva a cabo expulsiones forzosas arbitrarias. La obligación de proteger exige al Estado prevenir violaciones a estos derechos por parte de terceros. Así, el no asegurar que los empleadores privados cumplan las normas básicas de trabajo podría constituir una violación al derecho a trabajar o a condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias. La obligación de cumplir requiere que el Estado adopte las medidas legislativas, administrativas, presupuestarias, legales y de otra índole adecuadas para lograr la plena efectividad de dichos derechos. Así, podría constituirse una violación si el Estado no proporciona la atención primaria de salud esencial a las personas que lo necesiten”[4]

Interesa destacar que los instrumentos internacionales y la jurisprudencia relativa a los DESC establecen que existen diversas formas en que los Estados pueden honrar su obligación de satisfacer o de cumplir. El enfoque de derechos humanos en las políticas públicas, si bien aporta marcos para la orientación de esas políticas, no define el contenido de las mismas. Es decir, de acuerdo a sus regimenes sociales y económicos los Estados podrán escoger diferentes caminos para garantizar que su población acceda al cumplimiento de sus derechos humanos

Qué significan para las personas ordinarias y concretas

Al firmar los Estados los distintos instrumentos internacionales de DDHH y al ser incorporados estos en las constituciones nacionales y en la legislación lo que se llama armonización legislativa, se obligan a respetarlos, protegerlos y garantizarlos y a abstenerse de violarlos.

De alguna forma establecen los términos de relación entre los Poderes del Estado y el pueblo y limitan a los primeros en su ejercicio del poder sobre estos últimos para no vulnerar la dignidad de las personas. Los obligan a desarrollar los instrumentos, mecanismos, modalidades que permitan la realización de los DDHH: garantías específicas, legislación, políticas, programas y presupuestos, creación de instituciones como tribunales, defensorías, procuradurías, mecanismos de participación, de exigibilidad, de información, de protección como medidas cautelares, etc. Es decir los estados tienen que desarrollar sus capacidades para realizar los DDHH de sus poblaciones y a aplicar las prescripciones definidas en los instrumentos de los que forman parte.

Las personas como titulares de derecho pueden usar esos instrumentos e instituciones para hacer exigibles sus derechos y si agotan las instancias nacionales y no son atendidos sus reclamos pueden acudir a las instancias internacionales y someter a los países a un juicio de pares.

Las sanciones son más bien de tipo moral en ciertas instancias como son los Comités que vigilan el cumplimiento de los tratados y convenios internacionales. Estos emiten recomendaciones y examinan periódicamente su cumplimiento.

Cuando ya se trata de asuntos ante la Corte Internacional o la Comisión Interamericana, los Estados son obligados a realizar diversas acciones entre las que se encuentran medidas de reparación del daño a quienes fueron afectados por comisión u omisión del Estado.

En algunos casos, como estuvo a punto de ocurrir en el Parlamento Europeo en el caso de Ayotzinapan los Estados pueden adoptar sanciones económicas o políticas al país que violó derechos humanos.

¿Cómo entender la dignidad humana en clave de derechos humanos?

Toda la teoría y desarrollo conceptual de los derechos humanos es en realidad un intento de dar contenido al concepto de dignidad humana.

Es decir, cuales son las condiciones en que el ser humano puede realizar una vida buena y digna: con libertades, con igualdad, sin discriminación, con seguridad, con reconocimiento y respeto a su calidad humana, con cobertura de sus requerimientos para la vida, y posibilidades constantes de mejorar su calidad de vida.

Los derechos humanos son una traducción de lo que la sociedad mundial concibe como elementos fundamentales para que las personas realicen su dignidad como humanos. Puede ser un marco aspiracional y fijan un estándar.

¿En qué sentido sería importante la noción de derechos humanos en la vida y relaciones familiares?

La Carta de las Naciones Unidas surge en una etapa de la historia en donde las naciones tenían que establecer reglas claras en la relación entre Estado y las poblaciones, después de las atrocidades de la primera y segunda guerra mundial cometidas por regímenes totalitarios. En la posguerra florecen los Estados de Bienestar en occidente y los regímenes socialistas en Europa del Este y en Asia. El debate en materia de derechos humanos surge entre Estados con diferentes regímenes sociales y de cierto modo había una competencia para ver quien realizaba mejor los derechos humanos de sus poblaciones. Los sistemas de mercado privilegiaban las libertades, los derechos individuales y por lo tanto los DH políticos y civiles. Los Estados de Bienestar buscan ser una alternativa dentro de las economías de mercado que también atendieran al tema de igualdad y justicia social. Los Estados socialistas privilegiaron la cobertura de las necesidades materiales de sus poblaciones y por lo tanto la igualdad y conculcaron sus derechos civiles y políticos.

Sin embargo, desde finales del siglo XX y frente a la caída del Muro de Berlín, el contrapeso que los países de régimen socialista hacían a los países de economía de mercado por cuanto a las prioridades respecto de sus poblaciones, se destruyó. Esto incluso ha representado una retracción de las economías de bienestar y la reducción de los servicios y prestaciones que en algún momento ofrecieron a sus poblaciones.

La preponderancia de los regímenes capitalistas de mercado, liderados por el capital financiero, ha significado un retroceso en la participación de los Estados en la provisión de bienes, servicios y actividades para la vida digna de las personas.

La provisión de estos volvió a recaer en las familias y se ha convertido en un nicho fundamental de las empresas del mercado.

El Estado debería en este caso haberse convertido en un garante de que las relaciones entre personas, y entre personas y empresas, se realice en un marco de respeto a los derechos individuales y colectivos de éstas. Es decir, su obligación de proteger adquiere gran relevancia dado que las violaciones cotidianas de derechos humanos se está dando entre particulares y entre particulares y colectividades.

En el Siglo XXI un reto al marco de DDHH es desarrollar los conceptos y los mecanismos que frente al protagonismo de las familias y de las empresas nacionales y trasnacionales y la retracción de los Estados Nación, mantengan vigentes los atributos asignados a lo que significa vida digna de las personas y se respete la libertad, la igualdad y la fraternidad.

El desarrollo de los derechos humanos de tercera generación apuntan en ese sentido y buscan reconocer la presencia de Estados regionales y de la sociedad global: el derecho al desarrollo, al medio ambiente sano, a los bienes comunes de la humanidad, el derecho de los pueblos, etc.

Un ámbito poco explorado es el derecho de las familias a la protección enunciado en el PIDESC. En la CEDAW Artículo 16 se menciona la necesidad de adopción de medidas adecuadas para eliminar la discriminación contra la mujer en todos los asuntos relacionados con el matrimonio y las relaciones familiares y, en particular, asegurarán, condiciones de igualdad entre hombres y mujeres: el mismo derecho para contraer matrimonio, para elegir libremente cónyugue y contraer matrimonio por su libre albedrío y pleno consentimiento; mismos derechos y responsabilidades al contraer matrimonio y con ocasión a su disolución; mismos derechos y responsabilidades como progenitores en materias relacionadas con los hijos, considerando primordiales los intereses de los hijos; etc.

A su vez en la Convención sobre los derechos del Niño se establecen con claridad los derechos que corresponden a la infancia en el seno de sus familias y en las relaciones con sus padres y madres y las obligaciones del Estado para su protección: tales como el interés superior del niño, su derecho a vivir con su padre y con su madre o en su caso, a mantener contacto directo con ambos, a la reunificación familiar, a expresar su opinión y a que esta se tenga en cuenta en todos los asuntos que lo afectan, la responsabilidad primordial de padres y madres en la crianza de los niños, protección frente a todas formas de maltrato.

De estos dos instrumentos y tomando en consideración el marco de la Carta de Naciones Unidas, es posible extraer los derechos individuales de cada integrante de las familias y aquellos que derivan de la relación entre sexos y generaciones

Derechos humanos y ciudadanía y ciudadanías disminuídas

  1. Marshall sosteníaen la década de los cuarenta del siglo pasado, cuando hablaba de la interdependencia de los tres tipos de ciudadanía: la civil, la política y social y que se confirma en varios instrumentos internacionales que agregan a la interdependencia de los derechos, su indivisibilidad, su interrelación y su igual importancia.

En Estados donde persiste una profunda desigualdad y millones de seres humanos viven en la pobreza y la exclusión, la violación a sus derechos económicos, sociales y culturales limita su autonomía y su libertad para ejercer su ciudadanía política y civil. Viven en situaciones subordinadas frente a los sectores dominantes y no se atreven a enfrentar las estructuras que los subordinan.

Si los mexicanos y las mexicanas gozáramos de ciudadanía plena, viviríamos en un Estado de Derecho donde podríamos exigir el cumplimiento, respeto y protección de nuestros derechos y dispondríamos de mecanismos legales para hacerlos justiciables. El Informe País recientemente publicado por el Instituto Nacional Electoral (INE) muestra que la realización de los derechos de los mexicanos y mexicanas se alcanza sólo por intermediaciones: es necesario pertenecer a un grupo o partido político, tener un contacto o conocer a alguien que puede mover las estructuras que permiten la realización del derecho exigido. Por ello millones de connacionales vivimos ciudadanías truncadas por que cumplimos con nuestras obligaciones de respetar las leyes, pagar impuestos, acudir a votar pero no tenemos correspondencia de cumplimiento de las obligaciones del Estado en el respeto, protección y garantía de nuestros derechos.

Aquellas personas que por su condición económica y social no pueden realizar por sí mismas algunos de sus derechos económicos y sociales y son sujetos de los programas públicos sociales, no son tratadas como titulares de derechos, sino como beneficiarios de esos programas. Con frecuencia ello significa que se vean limitadas en sus libertades de expresión, de manifestación, de elección de sus gobernantes, de exigencia de sus derechos ante el riesgo de perder los beneficios que reciben de esos programas

Abramovich sostiene que “uno de los principales aportes del enfoque de derechos humanos es dotar a las estrategias de desarrollo de un marco conceptual explícito, del cual puedan inferirse elementos valiosos para reflexionar sobre los diversos componentes de esa estrategia: los mecanismos de responsabilidad, la igualdad y la no discriminación, la participación y el otorgamiento de poder a los sectores postergados y excluidos”

Continúa señalando que “En líneas generales, el enfoque basado en derechos considera que el primer paso para otorgar poder a los sectores excluidos es reconocer que ellos son titulares de derechos que obligan al Estado. Al introducir este concepto se procura cambiar la lógica de los procesos de elaboración de políticas, para que el punto de partida no sea la existencia de personas con necesidades que deben ser asistidas, sino sujetos con derecho a demandar determinadas prestaciones y conductas. Las acciones que se emprendan en este campo no son consideradas sólo como el cumplimiento de mandatos morales o políticos, sino como la vía escogida para hacer efectivas las obligaciones jurídicas, imperativas y exigibles, impuestas por los tratados de derechos humanos. Los derechos demandan obligaciones y las obligaciones requieren mecanismos para hacerlas exigibles y darles cumplimiento”

Una de las obligaciones de los Estados Parte de los instrumentos internacionales de derechos humanos son las de modificar los ordenamientos jurídicos internos y definir recursos efectivos ante tribunales que ampare a las personas contra actos que violen sus derechos reconocidos por ley.

Christian Curtis señala que la legislación que protege los derechos de propiedad tienen cuatrocientos años de desarrollo y que en cambio, la que protege los derechos colectivos tienen apenas doscientos.

Cuarenta y dos años de diferencia entre la expedición de los Protocolos Facultativos de los Pactos de Derechos Humanos, son un dato más para ilustrar el largo camino que resta por recorrer para hacer efectivos los postulados de interdependencia, indivisibilidad, interrelación e igualdad de importancia para la dignidad humana de los derechos económicos, sociales y culturales respecto de los derechos civiles y políticos.

 

[1]Declaración Universal de los Derechos Humanos.Adoptada y proclamada por la Resolución de la Asamblea General217 A (iii) del 10 de diciembre de 1948. Preámbulo.

 

[2] Los principales instrumentos relacionados con los DESC son además de laDeclaración Universal, el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), la Declaración Americana de los Deberes y Derechos del Hombre, la Declaración sobre Garantías Sociales, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Protocolo Facultativo de San Salvador.Los DESC han sido reafirmados y desarrollados a través de un gran número de instrumentos internacionales adicionales, tales como la Convención de los derechos del Niño y de la Niña, la Convención contra todas las formas de Discriminación contra la Mujer, los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo relativos a los derechos fundamentales de la persona en el trabajo, el Convenio Nº 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales, la Declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Desarrollo, y las declaraciones de Teherán, Viena, Copenhague, Río y Beijing, entre otras.

 

[3]UNDP (2006) Indicators for Human Rights Based Approaches to Development in UNDP Programming: A Users’ Guide

[4]Autores como Van Hoof o Eide citados por Victor Abramovich “proponen un esquema interpretativo que señala los “niveles” de obligaciones estatales que caracterizarían el complejo de obligaciones que identificaría a cada derecho, independientemente de su adscripción al conjunto de derechos civiles y políticos o al de derechos económicos, sociales y culturales. Según la propuesta de Van Hoof, por ejemplo, cabría discernir cuatro “niveles”: obligaciones de respetar, obligaciones de proteger, obligaciones de garantizar y obligaciones de promover el derecho en cuestión. Las obligaciones de respetar se definen por el deber del Estado de no injerir, obstaculizar o impedir el acceso al goce de los bienes que constituyen el objeto del derecho. Las obligaciones de proteger consisten en impedir que terceros injieran, obstaculicen o impidan el acceso a esos bienes. Las obligaciones de garantizar suponen asegurar que el titular del derecho acceda al bien cuando no puede hacerlo por sí mismo. Las obligaciones de promover se caracterizan por el deber de desarrollar condicionespara que los titulares del derecho accedan al bien”.

 

Comentarios y reflexiones en torno a la investigación sobre la contribución de las remesas a los Ingresos públicos en México

Agradezco la invitación a comentar este importante e interesante trabajo y felicito a sus autores y a NALACC por su promoción.

 Como propósitos de la investigación quisiera destacar algunos, a saber:

  1. Influir en los procesos de toma de decisiones sobre políticas que impactan la vida de los migrantes latinoamericanos, tales como las políticas económicas y las migratorias
  2. Reubicar la atención en la migración como un asunto de desarrollo más que de la aprobación de leyes migratorias.
  3. Hacer un análisis del costo-beneficio de las migraciones.
  4. Estimar la contribución de las remesas a los ingresos públicos de los países de origen de los migrantes, especialmente, vía el pago de impuestos al valor agregado (IVA) en México y en El Salvador. La atención se centra en la salud fiscal, en donde “uno de los principales instrumentos de los planes, los programas y las acciones de las políticas públicas es el presupuesto nacional”
  5. El estudio recomienda que el debate sobre las remesas y el desarrollo se enfoque en el rol del Estado para generar bienestar para sus ciudadanos y en el tipo de sociedad que se quiere promover.
  6. Trata de demostrar en que a pesar de la importante aportación que hacen las remesas al pago del IVA no existe por parte de los Estados una retribución a ello, debido a que los programas y los recursos públicos dirigidos a sus comunidades de origen son mínimas. Es decir, el Estado extrae recursos de las remesas que no devuelve a las comunidades de origen.
  7. Destacan también la contribución de las remesas a disminuir  la pobreza y la falta de oportunidades que los países ofrecen a su población misma que se ve obligada a emigrar para poder sostener a sus grupos familiares.
  8. Dos aspectos diluyen en México el efecto que podrían tener las remesas en la captación de impuestos al consumo: el primero es que una proporción muy amplia de las remesas se dedican principalmente a la comprar bienes y servicios para alimentación, salud y educación y que una parte fundamental de la canasta  que compran las familias de los migrantes tienen tasa 0 están exentas del pago del IVA. La otra es que estas familias acuden al mercado informal para hacer sus compras o bien a mercados tan precarios que no pasan por los procesos de imposición y por lo tanto no se cobra el IVA. Es decir, por el contexto regulatorio y de la organización de los mercados de bienes y servicios en el país, la contribución de las remesas a lo que los autores llaman “salud fiscal” del Estado Mexicano se ve reducida.
  9. Mediante las estimaciones  sobre el gasto en educación por niveles educativos, el tipo de protección de salud al que se acogen las familias de los migrantes (60% en el seguro popular) y el análisis del Programa 3 por 1 los autores tratan de demostrar la mayor vulnerabilidad y desventaja que enfrentan las familias de los migrantes ante el tipo y monto del gasto público en educación, salud y promoción del desarrollo que realiza el Estado mexicano. Concluyen por ejemplo que aunque el aporte fue de sólo el 4% del IVA recaudado en 2008 proveniente del gasto de las remesas en México, este representa la mitad de lo asignado por el gobierno federal al principal programa de mitigación de la pobreza Oportunidades; que es mas de tres mil por ciento lo designado al programa de coinversión entre las organizaciones de migrantes mexicanos y los distintos niveles de gobiernos en sus lugares de origen.
  10.  El mayor reclamo que hace el estudio consiste en señalar de que a pesar de la contribución considerable que hacen los migrantes a las economías de sus países, éstos no son considerados en la toma de decisiones sobre los programas de desarrollo que afectan a sus comunidades. Además de que existe poca transparencia y un limitado acceso a la información sobre el presupuesto nacional y la forma en cómo se elabora y en el mejor de los casos, se invita a los migrantes a participar después de haber tomado decisiones.
  11. Ante esta situación el estudio sugiere generar espacios de discusión y consulta, incluso en el exterior; el gobierno puede perfectamente trasladarse hacia los principales lugares de residencia de los migrantes y organizar las respectivas consultas con las comunidades y sus representantes.

 

Aunque la discusión que intenta colocar el estudio en la arena pública y las razones para haberlo financiado y elaborado son absolutamente  válidas y justificadas desde la lógica de las organizaciones de migrantes me parece que tendría que ubicarse esa discusión en el contexto de la realidad de la disputa por la distribución el presupuesto público que se da en México al menos desde cuatro perspectivas: a) el régimen social dominante bajo los gobiernos neoliberales, b) las prescripciones de tipo legal del régimen fiscal, c) los procesos de construcción, aprobación y ejercicio del presupuesto público y d) las disputas políticas en torno al mismo.

 

Régimen social dominante en las administraciones neoliberales

En los regimenes neoliberales que iniciaron en México desde 1982, las personas no son consideradas sujetos de derechos económicos, sociales y culturales como ciudadanos plenos, sino son apreciadas como beneficiarios de programas asistenciales, focalizados, que privilegian crecientemente las transferencias condicionadas de ingresos para que puedan adquirir bienes y servicios en el mercado y con miras a que eleven sus capacidades (alimentación, educación y salud), cuyo déficit es lo que les impide competir adecuadamente en el mercado de trabajo.

Si además esos programas pueden convertirse en negocios rentables para el sector privado se subrogará su operación a éste. (Véase lo ocurrido con la Guardería ABC de Hermosillo en 2009)

Es decir, los gobiernos neoliberales promueven la desarticulación y privatización del estado social de derecho, aún cuando éste no había logrado alcanzar a toda la población en materia de protecciones sociales.

 

Las prescripciones legales

Por ley y con muy pocas excepciones, los impuestos recaudados entran a una bolsa general para conformar los ingresos totales del Estado y de ahí serán distribuidos en los distintos rubros del presupuesto. No se permite la captación de impuestos con destino predeterminado, excepto lo que en algún momento fue el impuesto para la educación. Es decir, los contribuyentes no pueden reclamar que lo que aportan en impuestos les sea retribuido en servicios por la vía del gasto. En un país tan desigual como el nuestro esto se justifica en la medida que el presupuesto sea utilizado como una herramienta privilegiada de la redistribución progresiva. Sin embargo existen muchas evidencias de que la política fiscal en México es bastante regresiva tanto en la captación de impuestos como en la distribución del gasto. Los autores hacen una reflexión en ese sentido cuando analizan el gasto en educación y en seguros de salud.

 

Los procesos de construcción del presupuesto

Rolando Cordera insiste en que en México no existen políticas públicas sino políticas gubernamentales lo que significa que no hay procesos de debate público y participación ciudadana en la toma de decisiones y en el ciclo de las políticas.

¿Quiénes entonces participan en las decisiones del monto y la distribución sectorial y territorial del presupuesto?

Indudablemente la entidad más poderosa en esta materia es la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública, siempre, permaneció hermética, inalcanzable, absolutamente sorda y cerrada hacia la población, aún en las épocas donde se dieron simulaciones de consulta o pequeños espacios de diálogo sobre las políticas gubernamentales en diversos ámbitos, como pudo haber sido el PRONASOL o las políticas hacia grupos de población como  mujeres, personas con discapacidad, adultos mayores o hacia el campo, como fue la etapa encabezada por el movimiento el Campo no Aguanta Más. La SHCP sólo escucha y usa a los organismos financieros internacionales para justificar o imponer sus propias prioridades a las secretarías sectoriales o bien, conversa y atiende a las élites económicas y a los monopolios, a quienes les otorga miles de millones de pesos en créditos fiscales, pero hablar con las personas comunes para ver cómo se distribuye el presupuesto, eso jamás.

La SHCP le define a todo el Gobierno Federal los topes de presupuesto que van a tener y la forma como deben presentar sus programas; incluso ahora las obliga a utilizar el llamado Marco Lógico y determina los indicadores de resultados que permitirán evaluar los logros. La pobreza del Plan Nacional de Desarrollo y de los programas sectoriales de este sexenio tiene su origen en las reglas y estructura definida por los técnicos hacendarios para su preparación.

Los aumentos o las reducciones de presupuesto de los programas tienen que ver con decisiones fundamentalmente de la SHCP y las sectoriales están totalmente subordinadas.

Regula también las administraciones o el flujo de los recursos en el curso del año y ello le permite un control adicional sobre las secretarías sectoriales y los gobiernos estatales. Estos con frecuencia reciben las ministraciones pocos meses antes de la conclusión del año fiscal, enfrentando serias dificultades para ejercerlos dadas las normas que deben acatar para hacerlo y que con frecuencia, les toman varios meses. Así los subejercicios atribuidos a las secretarías sectorial tienen muchas veces su origen en rezagos de la propia SHCP.

 

Las disputas políticas por el presupuesto

Una vez presentada la propuesta de presupuesto anual a la Cámara de Diputados, se desata la verdadera disputa por la distribución del gasto entre los ahora caciques locales, los gobernadores, y en cierta medida los propios diputados que tratan de jalar más presupuesto para sus entidades o regiones o para los grupos de población que representan (indígenas, mujeres, LGTBTT). Aun reconociendo el desastre y el desorden que esa disputa representa, me parece que es el único espacio donde la fuerza de las organizaciones de migrantes tendría posibilidad de hacer algo. Las mujeres, por ejemplo, han logrado asignaciones importantes para avanzar en programas de equidad de género, las organizaciones de VIH-Sida fueron en su momento exitosas, varios diputados logran introducir recursos para obras en sus comunidades de origen, por ejemplo.

Obviamente, son los gobernadores que controlan y tienes grandes bancadas de diputados a su servicio los que mayores éxitos tienen en esa pelea y logran atraer más recursos a sus estados. Son los casos por ejemplo, de los estados de México y Veracruz. De este modo, las representaciones estatales en las Cámaras del Congreso no son de la población sino del gobernador en turno, quien intervino para colocarlos como candidatos de sus respectivos partidos y les ayudó a financiar sus campañas.

 

En México la disputa por el presupuesto se ha convertido en una disputa entre la élites políticas en su origen y una vez asignados los presupuestos a los estados, pasa a ser una disputa entre las constructoras, los desarrolladores inmobiliarios y las élites económicas locales, pues para mantenerse en el poder y permanecer como grupo, los gobernadores y políticos locales transfieren el presupuesto público a negocios privados, en los cuales muchas veces ellos mismos participan.

 

De este modo, en términos de política real actual en México, las organizaciones de migrantes que desean introducir mejoras en sus comunidades de origen, tendrían que empezar por participar en la pelea por las diputaciones federales en los procesos electorales de modo, que al igual que las televisoras que ahora tienen su telebancada, pueden conformar una masa crítica en el Congreso lo suficientemente poderosa como para participar en la pelea distributiva del presupuesto federal.

Es el mercado de la política, o lo que algunos editorialistas están llamando el tráfico en la política: la compra y la venta de las diputaciones a los mejores oferentes. Partidos como el Verde Ecologista son particularmente exitosos en este negocio.

 

La rigidez de los programas sociales federales

El cambio del paradigma de un Estado Social de derecho hacia programas sociales de regulación de los pobres crecientemente privatizados en su operación o desarrollo ha creado una proliferación de programas absolutamente rigidizados en su ejercicio a partir de la desconfianza y las llamadas reglas de operación. Se estima que hay más de 150 programas sociales diversos, de muy distintos tamaños que tienen una oferta prefijada, muchas veces construida bajo la óptica de atención a poblaciones rurales y que poco o nada tienen  que ver con la complejidad y creciente desarrollo de ciudades.

 

Esto limita las posibilidades de construir intervenciones adecuadas a las condiciones diversas de las comunidades o de las poblaciones que deben ser atendidas. Así en caso de darse la participación ciudadana para desarrollar programas al nivel local o para poblaciones específicas, no existe una flexibilidad que por el lado de los servicios públicos pueda adecuarse a esas necesidades y tendrán que aceptarse los servicios y apoyos predefinidos en los programas federales de gobierno.

 

Ante las situaciones crecientemente complejas en las comunidades tanto rurales como urbanas, que conllevan no sólo déficits materiales  como son infraestructura, vivienda, salud, alimentación, entre otras, sino que incorporan serios problemas psicoemocionales y culturales como son la violencia, las adicciones, el abandono, la discriminación y la depresión, la forma rígida de definir programas sociales resulta totalmente insuficiente, inadecuada y poco pertinente e introduce mayores limitaciones a las posibilidades de construir estrategias de intervención pública adecuadas en el remoto caso de que en México lográramos incorporar mecanismos de participación ciudadana en el ciclo de las políticas y convertir a estas en reales políticas públicas trascendiendo a las sólo gubernamentales.

La cuestión social en México

 

En mi intervención quisiera compartir con ustedes una reflexión sobre la cuestión social en México de manera general.

Tradicionalmente al referirnos a lo “social” buscábamos examinar cómo andábamos en materia educativa, analizábamos los avances o déficits en materia de acceso de la población a servicios de salud, a viviendas e infraestructura como agua potable, energía, drenaje, la incorporación de personas a los sistemas de seguridad social o bien, revisábamos qué estaba ocurriendo en materia de empleo e ingresos de las personas y las familias.

Educación, salud, seguridad social, vivienda, infraestructura urbana, empleo e ingreso se constituyeron en las vertientes del bienestar humano que como sociedad nos preocupaban y que  colocamos durante muchos años en la mira como los campos del bienestar social sobre las cuales tendríamos que trabajar como sociedad para acceder a mejores niveles de vida.

Es importante reconocer que como sociedad, realizamos avances importantes, construimos una gran infraestructura: escuelas y universidades, hospitales y clínicas, grandes urbes con  servicios, conjuntos habitacionales que llegaron a ser reconocidos como los más grandes de América Latina y protegimos a cerca del 50% de la población  por la seguridad social. Desarrollamos servicios de transporte y comunicación, instalaciones deportivas y de recreación, bibliotecas, parques.

Fue un esfuerzo colectivo enorme y lo logramos porque en paralelo, tuvimos un crecimiento de la economía que durante varias décadas alcanzó en promedio cada año, de seis por ciento. Este crecimiento de la economía y la naturaleza de las actividades económicas en las que estaba basado, fundamentalmente las industriales, generaron durante varias décadas suficientes fuentes de trabajo e ingresos para las personas que vivían en las ciudades y para aquellas que se trasladaron  desde las zonas rurales. Hablábamos del milagro mexicano.

Pero en la década de los años setenta del siglo pasado algo se quebró en la trayectoria de crecimiento y mejoría en el bienestar de la población. La inflación apareció como un fenómeno alarmante, la economía ya no generaba suficientes empleos protegidos y decentes como se llaman ahora, el modelo de crecimiento fundado en el desarrollo del mercado interno y la protección de la industria de la competencia externa, ya no podía prolongarse más por los altos precios que estaba pagando la población y por los precarios esfuerzos que los industriales realizaron para mejorar su productividad y competitividad.

Fue en esa década que comprobamos que a pesar de los esfuerzos realizados, la pobreza de amplios sectores de la población persistía, y el modelo adoptado no logaba abatir en la medida de lo esperado, la enorme desigualdad entre los pobladores del campo y los de la ciudad. Para entonces se empezó a hablar del surgimiento de actividades informales y de amplias zonas de poblamientos marginales en las ciudades. Netzhualcoyotl como un enorme conglomerado urbano marginado, aparece como una gran sorpresa en el Censo de Población de 1970.

En la cuestión social empezamos en ese entonces a debatir un programa de empleo y se realizó un enorme esfuerzo por recuperar y reconocer el aporte de la economía campesina como generadora de alimentos para las ciudades y de  divisas provenientes de sus exportaciones, para financiar el desarrollo industrial y urbano del país, todo ello a costa de  la pobreza de millones de habitantes de las zonas rurales del país.

También en la década de los años setenta del siglo pasado, empezaron a hacerse visibles organizaciones ciudadanas que promovían y defendían agendas de derechos humanos, de las mujeres y del medio ambiente. Incorporaron así el tema de la diversidad en el debate de lo social y cultural, lo que en décadas posteriores se fue enriqueciendo con las organizaciones y movimientos sociales en defensa de las agendas de derechos de la infancia, de la población indígena, de las personas con discapacidad y de la población LGTB. Fue entonces cuando también empieza a fracturarse el Pacto de Gobierno, Empresarios y Trabajadores que subyacía en el modelo del milagro mexicano anterior y que tuvo su último impulso en la Comisión Nacional Tripartita de 1973.

Todos los aspectos de la realidad social mexicana que emergieron en la agenda pública durante el último cuarto del siglo pasado como son:

  • la persistencia de la pobreza rural y el surgimiento de la pobreza urbana;
  • la presencia de la desigualdad en el ingreso y en la riqueza entre clases sociales y en el territorio nacional,
  • la existencia de discriminación y exclusión por género, grupos etarios, etnia, reiligió y diversidad sexual

nos daban claros indicios de la necesidad de repensar el modelo sectorial de política social y de promover una profunda Reforma Social basada en derechos y que reconociera la heterogeneidad y diversidad de la sociedad mexicana. Una reforma que recuperara el objetivo del bienestar de la población, que se preocupara por la cohesión social y protegiera el tejido social. Pero fundamentalmente, que nos permitiera ver un nuevo horizonte hacia el cual avanzar en forma solidaria y mantuviera la idea de nación.

Treinta años han pasado de esa década de rupturas con el modelo de crecimiento estabilizador de las décadas previas. En los ochentas iniciamos una profunda Reforma Económica conservadora y ortodoxa, que hasta la fecha no muestra efectos claros en materia de crecimiento y generación de empleos decentes, principal gozne entre lo económico y lo social. En los noventas concretamos una Reforma Electoral que no política, que nos permitió tener elecciones creíbles en 1997, 2000 y 2003 y avanzar en lo que  pensamos sería una sociedad más democrática.

Pero examinemos ahora cuál es el saldo en materia social, que ha contribuido -al igual que lo económico, lo político y lo cultural- al desastre en materia de violencia social y criminal y a los retrocesos que en materia de derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales  enfrentamos actualmente en todo el territorio nacional:

  • Instituciones y políticas sectoriales en educación y salud, capturadas por intereses de grupos, y que no logran actualizarse ni en infraestructura, personal y tecnología, ni integrarse, universalizar el acceso y homologar sus servicios en todo el territorio nacional, y ser más pertinentes a la compleja realidad actual.
  • Instituciones y políticas de vivienda e infraestructura urbana que por avaricia e irresponsabilidad pública y privada, nos dejan un reguero de desarrollos de vivienda en todo el territorio nacional, alejados de las ciudades, con tamaños mínimos de las viviendas y ausencia de espacios sociales para la convivencia y un  caldo de cultivo para la violencia.
  • 150 programas sociales federales y seguramente muchos más estatales y municipales, desarticulados, focalizados en poblaciones específicas pero que en el territorio no se encuentran ni coordinan, ni provocan sinergias que realmente contribuyan a mejor las condiciones de vida de los grupos más marginados a los cuales están focalizados.
  • La creación de institutos e instancias para las mujeres, los jóvenes y los adultos mayores, para los temas de discriminación (CONAPRED) y Derechos Humanos y múltiples intentos por hacer transversales los enfoques de género, medio ambiente y derechos humanos en los programas sectoriales y en las actividades de todos los poderes del Estado y órdenes de gobierno.

Constatamos algunas ausencias importantes:

  1. Una política integral para juventud en una etapa crítica en la historia demográfica del país y de la cual depende que seamos un país viable en el futuro o continuemos en el despeñadero, destrucción y retrocesos en que hemos caído.
  2. Una política de infancia que reconozca que los seres humanos somos también una construcción social y no solo requerimos de bienes materiales para nuestro desarrollo, sino de ambientes psico-afectivos, de seguridad y culturales propicios.
  3. Una política hacia las familias que reconozca su aporte a la construcción de seres humanos, su diversidad y las enormes dificultades que enfrentan frente a las múltiples crisis que estamos viviendo.
  4. Una política relacionada con el envejecimiento que permita prever y construir los servicios y capacidades que serán necesarios ante el proceso de cambio de la estructura de edades de la población mexicana.
  5. Una política social urbana que asuma la complejidad de las relaciones sociales que se dan en las ciudades, el desorden y segmentación que existe en su desarrollo territorial y la intolerable convivencia de la desigualdad.

En fin, en una sociedad crecientemente compleja, diversa y profundamente desigual y crecientemente violenta, constatamos la ausencia de una  Reforma Social fundada en derechos, que recupere la solidaridad y la corresponsabilidad de todos y todas. Una reforma que surja de un nuevo Pacto Social que incluya a los nuevos actores y colectivos sociales y las demandas e intereses territoriales.

Es una reforma demasiado importante como para dejarla en manos de los traficantes de la política y de las voraces élites económicas. Su construcción e instauración tiene que ser un  proceso colectivo de diálogo y construcción de consensos desde las comunidades, pueblos y ciudades de manera que se constituyan en agendas de cambio que recuperen la centralidad del ser humano en el proyecto de país y obliguen a aquellos y aquellas que quieran acceder a posiciones de poder público a comprometerse con ellas y a cumplirlas.

Es urgente que empecemos a encontrarnos, a organizarnos y a dialogar fuera de los marcos que nos determinan los intereses políticos actuales, y que construyamos un enorme movimiento ciudadano en torno a  una Reforma Social Posible.

 

Transformación prooductiva y equidad de género

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Agradezco al PNUD y a la Secretaría Presidencial de la Mujer la invitación para compartir con ustedes algunas reflexiones sobre la relación entre política económica y género, relación que hasta recientemente, se ha venido incorporando en el debate sobre equidad de género.

Como algunos y algunas recordarán las mujeres iniciaron desde principios de siglo una lucha por alcanzar sus derechos politicos: poder votar y poder ser elegidas. Tomó muchos años lograrlo y generalizarlo en la mayoría de los países del mundo.  En Canadá por ejemplo, se logró hasta 1940, en Guatemala en 1946, en Honduras y Nicaragua en 1955. En México no fue sino hasta 1953 cuando se otorgó el derecho al voto de las mujeres, y recientemente se aprobaron modificaciones al Código Electoral que obligan a los partidos políticos a que al menos un 30% de sus candidaturas sean ocupadas por mujeres.

En los años setentas la demanda de las mujeres mujeres se centró en la idea de defender su derecho a “ser incorporadas al desarrollo” lo que significaba  acceder a la educación, a la salud, a la alimentación, a la vivienda y al empleo.  Estas reivindicaciones fueron seguidas por una etapa que aún no termina, en defensa de los derechos reproductivos y al control de la sexualidad.  Se abrió entonces la puerta del closset que ocultaba la violencia doméstica en el mundo de lo privado y se generaron leyes y mecanismos para sancionar a los perpetradores y se han ido creando las instituciones para detectar, prevenir y atender esa problemática.

En la conferencia de Pekin de 1995 surgieron nuevos temas de interés para las mujeres: el acceso al poder y a la toma de decisiones en el espacio público; el respeto a los derechos humanos de las mujeres; la protección de las mujeres productoras de alimentos y de las mujeres niñas, índigenas, migrantes y refugiadas; la protección de las mujeres en situaciones de conflicto armado; los derechos de las mujeres empresarias, el efecto de la pobreza en las mujeres, etc. Además de temas más tradicionales sobre acceso a la salud, a la educación al empleo y a la remuneración en condiciones de equidad.

Más recientemente han venido introduciéndose en las mesas de discusión,  lentamente por la falta de mujeres especializadas en economía y equidad de género, los temas económicos que hasta ahora sólo habían sido tratados mediante el analísis de las modalidades de inserción de las mujeres en el mercado de trabajo.  Son abundantes ya los estudios que muestran la segmentación de esos mercados por sexo, las diferencias salariales en trabajos iguales, las barreras en el acceso al empleo como son las pruebas de no embarazo, la ubicación proporcionalmente mayor de las mujeres en trabajos precarios mal remunerados y en el sector informal y los problemas de acoso sexual en los lugares de trabajo.

Durante la etapa más dura de los programas de ajuste estructural a mediados de los años ochenta, aparecieron varios  libros publicados por UNICEF que denunciaban cómo de la aplicación de esa combinación de políticas macroeconómicas restrictivas, en todos los países endeudados del mundo, las mayores víctimas  eran los niños, las niñas y las mujeres y pugnaban por un  “Ajuste con Rostro Humano”[1].  Fue una importante llamada de atención que tuvo como consecuencia en los años noventa, la generación de  diversos programas compensatorios para atacar la pobreza, promovidos principalmente por el Banco Mundial, que fueron calificados como las ambulancias destinadas a recoger a las victimas de los programas de ajuste estructural.  Muchas veces, esas ambulancias pasaron de largo a las verdaderas víctimas de los programas de ajuste estructural de los años ochentas, que fueron los grupos de asalaridos del sector formal que en esa etapa perdieron sus empleos y engrosaron las filas de los pobres, bajo la denominación de “nuevos pobres”.

La pregunta que surge ahora de acuerdo a los avances en la teoría de género, que se incorpora en el análisis en America Latina a partir de  los años noventa, es si era posible prevenir y atenuar los efectos diferenciales por sexo y edad, de las medidas de ajuste estructural y sí hubiera sido posible distribuir mejor los costos del ajuste.

Las y los expertos en incorporar perspectiva de género en las políticas de gobierno, contestarian inmediatamente que  si y que ello hubiera hecho menos costosos esos programas, en términos del sufrimiento humano que generaron.

Podríamos considerar los libros de UNICEF como un primer esfuerzo por indagar los efectos diferenciados por sexo y edad de un paquete de medidas macroeconómicas.

Políticas macroeconómicas, transformación productiva y equidad de género.

El primer tema de esta reflexión se refiere a la necesidad urgente de incorporar perspectiva de género en las políticas macroeconómicas como son: la fiscal, la de presupuesto y gasto público, la monetaria, la sectorial económica, la de comercio exterior, la de financiamiento, la de remuneraciones, la de inversiones públicas, etc.

Hasta ahora poco se ha trabajado en procurar que se evalúe respecto de esas políticas ¿cuál es su efecto probable, antes de instrumentarlas, en las relaciones de género? Al menos ¿cuál fué una vez que se han aplicado? Es decir, ¿cómo impactan? o, si ¿impactan diferencialmente, a hombres y mujeres? o; si modifican en algo los sistemas de género, que se refieren a las normas culturales sobre los roles asignados a unos y otras, en una sociedad y época determinada.

Tomemos por ejemplo la política presupuestal.  En esta política se decide qué actividades nuevas del gobierno van a ser apoyadas con recursos, cuáles actividades simplemente se dejarán operar como hasta ese momento, o cuáles otras serán ampliadas y cuáles serán disminuidas. También se toman decisiones entre otras cosas, sobre la contratación o no de empleados públicos y sobre el incremento salarial que se otorgará a éstos.

Supongamos que existe una decisión al más alto nivel, de ampliar la oferta de servicios públicos de educación preescolar. Esta decisión tiene al menos, tres impactos en las relaciones de género: 1. Siginificará un aumento en la demanda de educadoras, que generalmente son mujeres 2. Representa la asunción social de una parte de los costos de la reproducción implicados en la crianza y cuidado de los niños pequeños, lo que significa liberar tiempo de trabajo de las familias y, particularmente de las mujeres, que siguen siendo las responsables principales de esas tareas 3. En tanto no se plantee la obligatoriedad de esa enseñanza, las mujeres podrán optar entre enviar a sus hijos a la escuela o continuar atendiéndolos ellas mismas, es decir, les permite decidir.

Obviamente, la decisión de ampliar esa oferta estará tomada sobre la base de que hay una disponibilidad suficiente de educadoras o bien,  dentro de  la instrumentación del programa, se habrán previsto acciones de formación de este tipo de personal especializado y el tiempo necesario para hacerlo. Si la situación es esta última, incorporando perspectiva de género al programa, se pudiera promover una mayor inclusión de varones en los cursos de formación de educadores, por las ventajas que ello tiene, primero en la ampliación de oportunidades de empleo para hombres jóvenes, segundo en el rompimiento de un estereotipo de género donde decir educadora, es decir mujer, y tercero por las ganancias en los procesos de socialización de los niños y niñas, donde estos podrán ver que tanto hombres como mujeres, participan en actividades de crianza y cuidado.

Respecto del apoyo que esto representa para las familias, liberaría tiempo de trabajo doméstico para destinarlo al trabajo extradoméstico o a cualquier otra cosa, particularmente de las mujeres que siguen siendo las responsables principales de estas tareas. O bién, contribuiría a disminuir la tensión que para muchas mujeres, significa dejar sólos a los niños o a cargo de hermanos mayores, mientras ellas salen a trabajar para completar el ingreso familiar. Desde la óptica económica, es posible que una medida de esa naturaleza aumente la productividad de las mujeres beneficiadas con el servicio que tendrán mayor tranquilidad respecto de la seguridad de sus hijos e hijas.

Otro ejemplo podría surgir de una decisión de no incluir en el presupuesto, un aumento a los salarios de los empleados públicos e incluso en reducir parte de las prestaciones a los mismos. Esto debido a que se prevé una caida en los ingresos fiscales del gobierno en razón de una desaceleración de la economía. Esta decisión seguramente afectará la composición por sexos del empleo público. Es más probable que los varones opten por dejar sus empleos en la administración pública y se decidan a explorar opciones en el sector informal, en tanto que las mujeres permanecerán en un empleo que generalmente significa menores jornadas comparativamente con otros sectores de la economía y por lo tanto, les facilita la combinación con sus tareas domésticas y además, es probable, que les signifique acceso a una guardería para sus hijos. Una situación de este tipo ocurrió con la femenización de los servicios docentes en las universidades mexicanas como resultado del deterioro de los salarios sufridos por los profesores, a partir de la década de los años ochenta.

El efecto de una medida de la naturaleza mencionada, obliga a las familias de los empleados público a repensar la organización del tiempo total de trabajo de que dispone cada una de las familias afectadas. Así, puede llevar a la incorporación al trabajo extradoméstico a mujeres madres jóvenes, cuando el afectado es un trabajador hombre perteneciente a una familia en la etapa inicial del curso de vida familiar, optándose por reducir el tiempo dedicado a la crianza y cuidado de los hijos y a aumentar la venta de trabajo por pago en el mercado, para enfrentar el estancamiento y probable disminución real en el salario del proveedor principal.

Algo similar pasa con una política administrada de salarios hacia la baja para favorecer la competitividad internacional del país: aumenta la oferta de fuerza de trabajo de las familias que deben sostener un mínimo de ingresos para sobrevivir y se reduce el tiempo destinado a la tareas de reproducción doméstica de esa fuerza de trabajo, lo que en última instancia significa una reducción en las tareas de formación de capital humano que realizan directamente las familias y que generalmente, no son reconocidas como tales ni contabilizadas como inversión.

Un tercer ejemplo sería que en el país existiera una gran preocupación por la inflación y se decide a nivel macroeconómico, que los costos de la intermediación del comercio son muy elevados, por existir cadenas de intermediarios muy alargadas, y que es necesario modernizar al sector del comercio de bienes básicos. Se invita a los inversionistas nacionales o a las grandes cadenas transnacionales como Wall- Mart, Carrefour, Auchán, Sams, etc. a que se instalen en el país y compitan con las redes de pequeños comerciantes que, regados por todas partes, venden esos productos a precios relativamente elevados. Los costos para las mujeres en el caso de que  la acción tuviera éxito  serían: pago de pasajes y un costo en tiempos de traslado  para llegar a la gran tienda que seguramente estará más alejada de su vivienda; le demandaría además, contar con un ingreso y capacidad  de almacenaje en su vivienda, que le permita comprar no del diario como suelen hacerlo muchas mujeres de bajos ingresos, sino para varios días, así como efectuar un desembolso inmediato en efectivo. Además tendrán el riesgo, por las estrategias de venta de esas grandes tiendas, de que una parte de su gasto termine destinando a bienes no necesarios, que  son colocados como tentaciones en el camino que debe recorrer, hasta encontrar los bienes básicos. Generalmente, los departamentos de frutas, verduras y carne se colocan en el fondo, en las secciones más alejadas de los grandes almacenes.

En el pequeño comercio ella podía comprar a granel y el tendero le llevaba una cuenta que cubría cada quincena o cada mes, al llegar el ingreso familiar. Sería una decisión de política macro económica a consultar previamente, con las propias mujeres para ver qué les conviene y facilita más el desempeño de su rol de compradoras dentro de la familia, y tal vez, llegar a acuerdos con las grandes tiendas para que vendan también a granel, introduzcan productos que no requieran, refrigeración,  acepten pagos quincenales o mensuales, etc.

Tomemos cualquier otra política macroeconómica que sirva para alentar la transformación productiva del país con miras a entrar a los mercados mundiales: la fiscal, la de comercio exterior, la de inversión pública, la de crédito, por ejemplo. Estas pueden usarse para impulsar el desarrollo de ciertas actividades productivas o desalentar otras. Pongamos que en Guatemala se seleccionaron para ser apoyadas con créditos subsidiados, bajos impuestos, inversiones en infraestructura, etc. las agroindustrias y dentro de ello, la floricultura y la horticultura de exportación; también se decidió apoyar las artesanías no tradicionales con nuevos diseños y facilidades de mercadeo, la explotación de los bosques y el turismo.

Seguramente, se habrán definido las zonas del país con mayor vocación para impulsar estas actividades o en las que se desea por otras razones, promover nuevas actividades productivas. Es muy probable que se esté partiendo del supuesto de la existencia de una  oferta ilimitada de mano de obra disponible para llevar a cabo la instalación y la operación de esas actividades, – y la idea dominante es que ésta es mayor a la que reflejan las tasas de desempleo-, dado que en todos los estudios disponible sobre el mercado de trabajo se menciona que hay desempleo, subempleo y un amplio grupo de trabajadores en el sector informal de la economía. Es decir, un  excedente de mano de obra que estará disponible para trasladarse a las nuevas actividades.

Supongamos que estas actividades fueran las mencionadas. De acuerdo a la cultura laboral en el país, el empleo en ellas absorbe una alta proporción de mujeres, dado que tienen desarrollada la habilidad para hacer tareas fina, que demandan de mucho cuidado, o dedos y manos pequeñas o bien, porque como en el turismo, se trata de actividades en las que participan una alta proporción de mujeres por ser una extensión de sus tareas domésticas: aseo de las habitaciones de hoteles o de las instalaciones, preparado y servicio de alimentos, lavado de la ropería, etc. o en la explotación de los bosques, donde son las principales recolectoras de productos del bosque.

Cuando uno observa las cifras de desempleo femenino de Guatemala para 1999, se encuentra que a diferencia de la mayoría de los países de  América Latina, la tasa de desempleo femenino 1.9 %, es menor a la tasa de desempleo masculino, 3.6%. Esto debe estar motivado, como hipótesis, por el empleo en la maquila y posiblemente, por la migración de mujeres hacia el mercado norteamericano y tal vez, mexicano, de trabajo.  Debe tratarse de mujeres jóvenes y solteras ocupadas en esos mercados.

Si es así, el programa de transformación productiva deberá competir con la maquila y con la migración, ofreciendo mejores condiciones de trabajo o bien, ubicarse en localidades donde se tiene certeza de la disponibilidad de mano de obra femenina dispuesta a incorporarse al trabajo extradoméstico, o bien deberá convocarse a las mujeres casadas, incorporando una programa de guarderías y escuelas de jornada larga. Una tarea no menor es convencer a los hombres y a la comunidad en general, el que acepten el trabajo por pago de las mujeres, pues existen fuertes restricciones impuestas por normas culturales, que determinan un alto nivel de ausentismo y deserción de las mujeres.

Asimismo, se deberían examinar los procesos de trabajo en cada una de esas actividades  y ver en cuáles tareas es posible alentar la ocupación de hombres y de este modo, prever las dinámicas culturales perversas que surgen en zonas con alto empleo femenino y gran desocupación masculina. Tal vez, incluso resultara de utilidad y culturalmente más aceptable que en las nuevas áreas de desarrollo, se combinaran actividades con alta demanda de mano de obra femenina, y otras, que ofrezcan opciones ocupacionales para los hombres.

En el caso de las actividades silvícolas es necesario recordar que muchas familias pobres dependen en gran medida de la recolección de productos naturales para consumo (leña, frutos, forrajes) y venta de toda clase de productos forestales de propiedad común. Las mujeres son las principales recolectoras, preparadoras, secadoras y almacenadoras de esos productos. Además son las que más utilizan los productos forestales para su aplicación a la agricultura y a la cría de animales de traspatio. Diversos productos del bosque como miel, flores, semillas, plantas medicinales, forrajes y frutos silvestres son recogidos por las mujeres para consumo doméstico o venta, con lo que consiguen una importante fuente estacional de alimentos e ingresos. Adicionalmente los bosques ofrecen materia prima para la elaboración de productos artesananles, como los cestos y las esteras.

Con frecuencia los bosques constituyen la única fuente de ingresos monetarios de que pueden disponer las mujeres pobres en ciertas regiones. [2]

Por lo que cualquier transformación de los bosques para convertirlos en explotaciones de naturaleza comercial deberá tener en cuenta el efecto en las familias que dependen de su aprovechamiento y en particular, de las mujeres.

Si una de las propuestas de la transformación productiva es atacar la pobreza en determinadas regiones del país, otro aspecto a cuidar es el destino de las retribuciones recibidas por  a las personas que trabajen en los nuevos desarrollos. Particularmente, en materia de artesanías,  las productoras son las mujeres indígenas y los intermediarios y comerciantes son los hombres o las mujeres ladinas o mestizas, que se quedan con la mayor proporción del producto de la venta. Una típica relación asimétrica de género  e interétnica.

Asimismo, para prevenir que las ganancias acrecentadas de los productores artesanales, terminen en las manos de los comerciantes locales, que seguramente tenderán a aumentar los precios de las mercancias de consumo necesario para aprovechar el flujo de ingresos en la zona, se podría pensar en alentar la formación de cooperativas de producción y consumo entre las productoras. Estas cooperativas comprarían en forma consolidada las materias primas y los insumos para la producción, así como los bienes de consumo necesarios y venderían, también en forma consolidada la producción, para mejor hacer frente a los volúmenes de producción y control de calidad que con frecuencia, demandan los mercados internacionales. Serían empresas de la comunidad que evitarían la extracción de ganancias injustificadas por parte de agentes externos. Incluso esas cooperativas podrían ofrecer otros servicios como los de cuidado infantil que permitieran harmonizar mejor el trabajo doméstico y el extradoméstico de las mujeres involucradas, además de generar otras fuentes de trabajo local.

En síntesis, una decisión de avanzar en la transformación productiva debería prever el impacto diferenciado en la demanda de fuerza de trabajo femenina y masculina, el impacto en la distribución del tiempo total de trabajo de las familias, los impactos en los consumos y fuentes de ingresos tradicionales de las familias, con el fin de prevenir los efectos perversos y alentar realmente, la mejoría en los niveles de vida y en las relaciones al interior de las familias involucradas en las nuevas actividades.

 Las relaciones entre trabajo doméstico y extradoméstico.

 Otro tema de enorme trascendencia en la construcción de un mundo más equitativo entre los sexos es el que se refiere a la valoración de la contribución que efectivamente realizan las mujeres al bienestar de los seres humanos. Es un tema típicamente económico y que hasta ahora a sido desconsiderado en los sistemas de Cuentas Nacionales y en  los sistemas de remuneración y pensiones.  Muchas mujeres adultas mayores, que trabajaron larga e intensamente para criar y desarrollar a sus familias, no son sujetas de pago por jubilación y caen en la pobreza. Incluso, muchas leyes realcionadas a la separación y el divorcio desconsideran el aporte que las mujeres han hecho al bienestar de las familias y las excluyen de una distribución equitativa del patrimonio formado durante el tiempo de duración de la vida conyugal.

A partir de la Conferencia de Pekín mucho hemos avanzado en América Latina en el  reconocimiento, al menos estadístico, de la importancia de medir el trabajo doméstico y valorar su aportación al bienestar de las familias y de la sociedad. Las estimaciones disponibles evidencian la mayor carga de trabajo total que tienen las mujeres.[3]

Es indudable la necesidad de incidir en la cultura para otorgar igual valor al trabajo doméstico que al extradoméstico. En la medida que el primero se mantenga subvaluado y no reconocido, y se abran oportunidades de trabajo extradoméstico para las mujeres o éstas se vean obligadas a trabajar para completar los ingresos familiares, menos personas tendrán interés en realizar las tareas domésticas.

Es probable que en el futuro se empiece a retribuir económicamente el trabajo doméstico realizado por miembros de la familia. Esa es la única forma de hacerlo atractivo y reconocer efectivamente su aporte al bienestar. Ya Arthur Cecil Pigou, el pionero de la economía del bienestar, señalaba como una contradicción el hecho de que en las estimaciones del ingreso nacional  se agregaba al valor del trabajo doméstico realizado para pago por terceros, pero no el efectuado por el ama de casa. El señalaba que si un hombre soltero se casaba con su ama de llaves, el ingreso nacional caería, dado que el trabajo previamente pagado ahora sería realizado sin pago.

En tanto se llega a reconocer el valor y el pago al trabajo doméstico y los niveles de ingreso de la mayoría de las familias se mantengan deprimidos, el trabajo doméstico va a sufrir en favor del trabajo extradoméstico. Es decir, se van a sacrificar las tareas de reproducción y desarrollo de los seres humanos responsabilidad de las familias; por ejemplo, la transmisión de saberes para la vida como son las habilidades de comunicación, que incluye el aprendizaje de la lengua; el aseo, arreglo y limpieza personal y de la casa; las formas de relacionarse con otros seres humanos y de resolver conflictos; las formas de alimentarse y las costumbres de la mesa, las habilidades de cortejo, la información fundamental sobre la salud y la muerte, etc.

Esta reducción de horas destinadas a las tareas de reproducción de los seres humanos en favor de actividades por pago impacta de manera importante, la formación de capital humano de las sociedades, en tanto que no sean asumidas por otros agentes sociales.

Las organizaciones de mujeres han promovido distintas estrategias de tipo cultural,  para promover una mejor distribución de las responsabilidades familiares entre los miembros de la familia, en particular, la necesidad de un mayor involucramiento de los hombres en los trabajos domésticos.

Partimos en esta reflexión de la certeza y el convencimiento de que la salida de las mujeres a la esfera pública, es irreversible y constituye un sello cultural muy importante del siglo XX. Por lo tanto es necesario desarrollar otras posibilidades de apoyo a las tareas de reproducción de los seres humanos, incluso algunas generarían fuentes de empleo ampliadas. Habría tres agentes sociales más que debieran asumir responsabilidades en esta materia y socializar los costos de la reproducción: la comunidad cercana, las empresas e instituciones de trabajo y los gobiernos.

Existen múltiples muestras de modalidades de organización comunitaria en apoyo a las tareas domésticas, algunas son: las guarderías comunitarias, las cocinas comunitarias, los centros de día para los adultos mayores y las escuelas de jornada completa con apoyo de la comunidad. Muchas de estas iniciativas requieren de un impulso inicial de los gobiernos para ponerse en marcha que puede ser desde la dotación de un local,  la inversión en mobiliario y equipo,  la capacitación en los modelos de atención, el pago inicial de los operadores,  la dotación de despensas o víveres, etc. Significan una opción muy interesante de empleo para algunos miembros de la propia comunidad pudiéndose desarrollar un sector de empresas de “proximidad” como se les conoce en Francia. Estas emrpesas comunitarias podrían ofrecer además de los servicios mencionados, servicios de limpieza y aseo de viviendas, lavado de ropa,  cuidados a domicilio de adultos mayores, personas con discapacidad y enfermos crónicos, distribución de alimentos calientes, actividades de educación informal y recreación como bibliotecas, ludotecas, centros de crianza y estimulación temprana, etc. Un apoyo gubernamental a iniciativas comunitarias en este sentido, contribuiría a atender necesidades ingentes de los grupos domésticos, que difícilmente pueden pagar estos servicios a empresas del mercado.

En segundo lugar, es necesario crear una conciencia entre las empresas y las instituciones de su responsabilidad social para que procuren una harmonización entre trabajo doméstico y trabajo por pago del personal que ocupan y demostarles los beneficios que derivan para la propia empresa, aumentando la productividad de sus trabajadores. Lo anterior comprende:

  • Servicios de recreación, deporte, salud, educación y cultura para los trabajadores y sus familias.
  • Facilidades en tiempos y horarios de trabajo y diversas adecuaciones en las condiciones del trabajo (horarios flexibles, compactación de jornadas, permisos parentales, teletrabajo, etc.)
  • Guarderías y programas vacacionales para los hijos de los trabajadores.

Finalmente, el Estado tiene que reconocer los cambios que están ocurriendo al nivel de los grupos familiares y en la organización del trabajo total, ampliando su participación en la prestación de servicios de apoyo a las tareas de reproducción como son guarderías, educación preescolar, ampliación de horarios escolares con enriquecimiento del currículum, cursos de verano y vacacionales, actividades recreativas, culturales y deportivas, apoyo a iniciativas comunitarias y desarrollo de empresas de “proximidad”, etc. Posiblemente estas son tareas competencia de los gobiernos locales.

La agenda pendiente para incluir la equidad de género en materia económica es muy extensa. La mayor incorporación de la mujer al trabajo extradoméstico en los últimos 20 años en America Latina se relaciona más con una distribución inequitativa de los costos del ajuste económico entre los sexos, que con políticas expresas para lograrlo. Hay ámbitos de lo económico que permanecen intocados en las discusiones sobre las inequidades genéricas. Por ello, el reto en esta materia es enorme y tendría que empezar a enfrentarse de inmediato.

Derivado de estas reflexiones sería de gran utilidad que en las escuelas y facultades que forman a los economistas y administradores, tanto públicos como privados, se incluyera la materia de teoría de género o de equidad. Igualmente seria conveniente que los funcionarios de las áreas de economía de los gobiernos centrales y locales tomaran alguno de los diplomados de género o se actualizaran en torno al tema de equidad, en general.

En última instancia, el hogar o las familias son unidades económicas de decisión sobre el consumo, el ingreso y el uso del tiempo disponible de los miembros;  están basados en contratos de prestación y contraprestación de servicios entre los miembros, a veces explícitos pero las más de las veces, implícitos y generalmente están atravezados por relaciones genéricas e intergeneracionales inequitativas.

Así también, las grandes decisiones a nivel macroeconómico se expresan en el mundo de lo concreto e impactan para bien y para mal, la vida de las personas. Esas decisiones deben ser acompañadas de acciones o proyectos concretos que potencien los efectos positivos y disminuyan los negativos.

Esto nos lleva necesariamente a la incorporación de objetivos sociales explícitos en el diseño y ejecución de de las políticas macroeconómicas, objetivos entre los que está el combate a la porbreza, la reducciónde la desigualdad y el logro de la equidad social. Seguir esperando a que el crecimiento económico genere un derrame hacia las familias,  es una promesa vieja en nuestra región, lamentable y reiteradamente incumplida.

[1] Richard Jolly y G. Andrea Cornia, ‘Efectos de la Recesión Mundial sobre la Infancia’, Siglo XXI de España Editores, Primera edición en español diciembre de 1984.

[2] Véase una detallada descripcion de la relación de las mujeres con los bosques y la propiedad de la tierra en OIT, Género, pobreza y empleo: guía para la acción, Tutín, Italia, 1996.

[3] Véase PNUD, Informe de Desarrollo Humano 1995, publicado por este organismo como aporte a la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer.