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¿Es posible y útil hablar y medir cohesión social en México actualmente?

Diálogo internacional: Hacia la Construcción de una Agenda Nacional para la Convivencia, Cohesión Social y Territorial.  RELEX

22, 23 y 24 de junio 2015.

El concepto de cohesión social es polisémico y complejo puesto que incluye factores objetivos, factores institucionales y factores de pertenencia; es decir factores objetivos y subjetivos, cuantitativos y cualitativos. Depende del avance que las distintas sociedades y territorios han tenido en la construcción de sistemas de bienestar, en su desarrollo social, económico y político y en sus bases culturales.

Así, las investigaciones y la literatura en el tema indican que no es lo mismo el concepto de cohesión social en la Unión Europea que el que aplica a América Latina; pero aún dentro de esta región varía de acuerdo a la diferencias en el desarrollo de los sistemas de protección social, de las estructuras y niveles de desarrollo económico, de la presencia de multiculturalidad y de la evolución institucional particularmente relacionada con las calidad de los gobiernos y con su capacidad para implementar planes, programas y políticas de desarrollo.

CEPAL destaca que “La “cohesión social” es un concepto en evolución, en los últimos años se han hecho importantes esfuerzos para convertirla en un instrumento útil para medir los procesos de integración y desintegración que se producen en las sociedades. Se asocia con categorías como las de capital social, que refiere al acervo de redes y lazos de los agentes sociales; la integración social, que considera el nivel mínimo de bienestar compartido entre los miembros de la comunidad; la inclusión social, que toma en cuenta la incorporación de la población en la toma de decisiones, y la ética social, que alude a los valores compartidos y la solidaridad”[1].

La pregunta que desde hace varios años yo me he tratado de contestar es si dada la complejidad y la evolución seguida por México, resulta útil el concepto de cohesión social y si se justifica la energía colocada en la selección y construcción de indicadores para medirla. Entiendo que por la Ley de Desarrollo Social y por la sugerencia de una conocida diputada, se deben incluir en la medición de pobreza indicadores de cohesión social y que por ello CONEVAL y el INEGI en particular, han estado inmersos en tratar de resolver el problema planteado.

Mi percepción y con base en las investigaciones que desde INCIDE Social hemos venido realizando sobre las causas económicas, sociales y culturales de las violencias en el país es que la evolución de la sociedad mexicana desde hace cerca de cuatro décadas, ha ido avanzando en sentido contrario a la construcción de una sociedad cohesionada.

Pero además, no encuentro en el horizonte una coalición social capaz de traducir en alternativa política la búsqueda de la cohesión social o como diría un querido amigo “un programa de construcción de capacidades estatales para producir gobiernos efectivos en la provisión de bienestar humano”

Los colectivos sociales funcionales como sindicatos, gremios, organizaciones campesinas o empresariales además de encontrarse bastante disminuidos y debilitados, no incorporan en sus demandas ya no digamos la búsqueda de una cohesión social, pero ni siquiera la de la consecución de un bienestar colectivo y compartido o la realización de los derechos humanos incluidos los económicos, sociales, culturales y ambientales. Continúan inmersos en sus intereses de grupo.

Algo similar ocurre con el sector de organizaciones civiles tan poco desarrollado en nuestro país, que parece estar concentrando en la promoción de los derechos humanos de diversos grupos poblacionales, pero que aún no encuentra un tema, una demanda que lo lleve a constituirse en una coalición social fuerte y a superar sus disputas.

Los partidos políticos por su parte, centran su actuación en ganar elecciones para acceder al poder y a los recursos que el mismo implica, con fines meramente patrimonialistas. Son causa de los conflictos y la ruptura de solidaridades y tejido social no sólo a nivel nacional sino particularmente en las comunidades e incluso en las familias. Son coaliciones que no abonan a la construcción de cohesión social sino que son parte del problema que atenta contra ello. No representan tampoco mecanismos de participación ciudadana y contribuyen a la exclusión política.

Además, el debilitamiento y la destrucción o deterioro de capacidades institucionales para la provisión de servicios sociales públicos de calidad, accesibilidad universal y asequibles a la diversidad cultural, así como la tendencia a la existencia de sistemas segmentados de empleo, educación, salud, seguridad social, servicios y desarrollo urbano y territorial,  y vivienda  han venido destruyendo los precarios avances  de la historia social mexicana tendentes a la construcción de una base mínima universal de derechos sociales.

Por el contrario, contribuye a profundizar la desigualdad y la exclusión social:

a) la segmentación de la disponibilidad de servicios sociales públicos por estratos socioeconómicos,

b) su desigual distribución en el territorio nacional y

c) la ausencia de capacidades y recursos presupuestales para irlos desarrollando y adecuando a la multiculturalidad, así como a la diversidad derivada de requerimientos distintos por grupos de edad y género y a los nuevos riesgos sociales como el envejecimiento, las adicciones, el deterioro de la salud mental comunitaria, el surgimiento de personas desplazadas y despojadas de sus bienes y recursos y de víctimas directas e indirectas de las violencias.

La siguiente pregunta que uno puede formularse es si ¿es necesario un nuevo Pacto Social que coloque el objetivo del bienestar de los seres humanos o el logro de una mayor cohesión social para cambiar el estado de violencia estructural y crónica que ya estamos viviendo en México? O si ¿es posible construir bienestar y cohesión social desde abajo con las familias, las escuelas y las comunidades?

Lo que uno puede concluir de los estudios sobre las causas de la violencia es que los agentes participantes en la fábrica social o en la reproducción de los seres humanos en México son finalmente construcciones sociales que se organizan y transforman de acuerdo al contexto social, económico, cultural y político dominante. Es decir que no son ajenos e independientes de los procesos de globalización, de transformación tecnológica y de las comunicaciones, de los modelos prevalentes de organización económica y social y de los cambios culturales y políticos. Es decir, sus posibilidades de contribuir a una mayor cohesión social dependen de la existencia de un nuevo Pacto Social que redistribuya derechos y responsabilidades entre familias, Estado. mercado y comunidad.

Uno puede observar que las transformaciones en la estructura, organización y relaciones al interior de las familias han debilitado su papel en la reproducción social de calidad de los seres humanos. Enfrentadas a políticas salariales. de retribución y jubilación regresivas, al bombardeo consumista de los medios de comunicación, al envejecimiento poblacional y al deterioro y rezago de los servicios públicos sociales se ven obligadas a redistribuir sus tiempos entre la producción de ingresos y la producción de cuidados, en detrimento de estos últimos y a la presencia de mayores conflictos y violencia entre géneros y generaciones.

El papel de las escuelas en la socialización de la infancia y la juventud y en el desarrollo de capacidades de empleabilidad también se encuentra deteriorado por la rigidez para la actualización de planes y programas acordes a la evolución del conocimiento y de la tecnología, , por la competencia que enfrentan con los medios de comunicación y con el acceso fácil a la información por las nuevas tecnologías, por el deterioro de la infraestructura educativa y de los modelos de gestión de las escuelas, por la captura de los recursos y plazas por grupos de interés, por los conflictos entre profesores, padres y alumnos, y por la creciente desaparición de adultos educadores que profundiza la brecha generacional y afecta el papel de contención y apoyo emocional que los profesores tenían sobre sus alumnos.

Finalmente, la ruptura del tejido social comunitario ha acompañado los procesos de modernización económica descentralizando la producción y destruyendo las comunidades de trabajo y creando modelos de distribución de productos de consumo que destruyen los pequeños comercios locales y la solidaridad y actividad comunitaria que se desarrollaba en su entorno; la liberación del mercado de tierras en México y la desaparición de políticas de apoyo a los micro y pequeños productores del campo ha destruido lo que restaba de organización ejidal y de comunidades rurales, ha generado también una disputa por el territorio y la presencia de agentes externos trasnacionales en su aprovechamiento (productoras agoindustriales y de energía, mineras, productoras de drogas, por ejemplo), así como el surgimiento de grandes desarrollos inmobiliarios de vivienda alejados de las ciudades.

Desde mi mirada todo conspira contra un proyecto de cohesión social, todo apunta a una fábrica social que produce seres humanos abandonados, solos, enajenados, inseguros, consumistas e individualistas y a una clase política cada vez más alejada de la población que sólo mira a sus propios intereses

[1] DECIMO SÉPTIMA REUNIÓN DE EXPERTOS GUBERNAMENTALES EN ENCUESTAS A HOGARES – DESIGUALDAD Y EXCLUSIÓN SOCIAL

XIV REUNIÓN DE EXPERTOS GUBERNAMENTALES EN ENCUESTAS A HOGARES DEL PROYECTO ANDESTAD 5-7 de agosto 2008 Lima – Perú

 

Mujer, judía y mexicana

 

Hacer un relato de mis experiencias y vivencias como mujer, judía y mexicana después de poco más de cincuenta años de participar en la vida pública de México no es una tarea sencilla. Significa hacer una lectura de mi historia teniendo en cuenta las diferencias que pudieron haberse dado por ser mujer y judía.

Creo que el hilo conductor del relato pudieran ser las rupturas a las normas o costumbres que tuve que ir haciendo y el impacto que en mi trayectoria y mis conductas públicas dejaron mi formación como judía mexicana y como una mujer que decidió combinar trabajo y vida familiar.

En la primera parte comento mis orígenes y referentes básicos para después pasar a examinar mis experiencias en la vida pública primero dentro las actividades de gobierno y posteriormente, desde el activismo cívico en las organizaciones de la sociedad civil.

Los primeros años

Indudablemente mi socialización en el contexto de una familia judía de clase media con altibajos en su condición económica y con situaciones precarias constantes de salud de mi madre me hicieron una persona sensible a las diferencias socioeconómicas y de oportunidades creadas por la desigualdad de ingresos y riqueza y la forma en que ello impacta en las posibilidades de acceso a alternativas de salud. Mi madre estuvo a punto de morir por una negligencia médica y padecía de bocio tóxico, enfermedad que en esa época requería de tratamientos especializados en Estados Unidos. Para atenderse tuvo que ir en dos ocasiones a la Clínica Mayo en Boston. Fueron sus hermanos los que sufragaron los gastos pues mi padre no pudo hacerlo porque no era particularmente hábil para los negocios.

Mi padre Israel Jusidman era un hombre con una enorme capacidad inventiva que había sido desviado de su camino a convertirse en un técnico en maquinaria agrícola en la Rusia estalinista. Mi abuelo lo obligó a acompañar a su hermano mayor a México. Este último tenía que entrar por dos años en acuartelamiento al ejército. Mi abuelo un comerciante ferretero importante en Ucrania, se había visto obligado a vender su negocio ante el embate de las políticas estalinistas en contra de los “burgueses” y de los judíos, por lo que había tomado la decisión de que la familia se saliera de la URSS y se trasladara a América. Envío a mi tío y a mi padre como avanzada con el dinero que había reunido con la venta de su negocio. Al final, el resto de la familia no pudo migrar. Cuando lo quisieron hacer las fronteras se habían cerrado. Mi abuelo terminó como almacenista de una empresa del Estado Soviético, el tío Grisha despareció en la Segunda Guerra Mundial y el tío Isaac pasó varios años en los campos de reclusión de Siberia.

Al llegar a México mi padre tuvo que dedicarse a ser comerciante y como muchos judíos migrantes, se convirtió en un vendedor de artículos de ferretería en ferias que se realizaban en diversas poblaciones del territorio nacional. Posteriormente logró tener una cristalería en la Zona de la Merced para terminar con una fábrica de fibra de acero a partir de maquinaria que el mismo desarrolló. En ese trayecto pasó por diversos negocios como fábricas de cubetas y artículos de fierro, de formas continuas de papelería, de cubiertos, etc. pero siempre con poco éxito económico y siempre ilusionado de lograrlo.

La imagen que de él me queda es la de un hombre con muchas potencialidades, con muchos recursos personales, muy trabajador y tenaz pero muy frustrado por sus fracasos económicos que pesaban de manera importante en el ambiente doméstico y en la relación con mi madre. Al final, a pesar de su vena humorística era un hombre triste. Me heredó una libertad de pensamiento y de creencias. Era un liberal poco aferrado a ritos y costumbres.

Mi madre Bertha Rapoport provenía de una familia religiosa. Su padre fue traído al país para ocuparse del sacrificio de animales de acuerdo al rito judío. Era lo que se llama un “shoijet” en el mercado de La Merced. Sufrió una embolia cerebral y yo siempre lo vi sentado en un sillón, con su cabeza cubierta por su gorro negro, sin rasurar y balbuceante. Al parecer había sido líder en su comunidad de Brailov, Ucrania y con el traslado a México había perdido posición social y su dignidad.

El centro de la familia de mi madre era mi abuela Sarita. Una mujer muy bajita que desde Ucrania se encargaba del sustento de la familia con la venta al menudeo también de productos de ferretería, mientras mi abuelo realizaba su trabajo comunitario y acudía al templo. La recuerdo en permanente movimiento: preparando pepinos agrios que conservaba en la terraza de su pequeño departamento, atendiendo a mi abuelo, limpiando la casa para las fiestas o cocinando las maravillosas cenas y comidas de pesaj o de Rosh Hashana que eran todo un acontecimiento familiar. Fue realmente la única abuela con la que conviví. Murió el mismo año que yo me casé y fue de quien aprendí los ritos y costumbres de la religión judía ya que los seguía con bastante apego a las normas.

Recuerdo especialmente cuando días antes del Yom Kipur, el día del ayuno, nos hacía hacer “capoires” un rito que consiste en darle vueltas a una gallina sobre tu cabeza para pasarle tus pecados. También me dejó un sentido de vida de familia ampliada donde todos colaboraban, se cuidaban, se protegían, convivían y compartían. Ella había logrado migrar con seis de sus hijos que se convirtieron en mi familia cercana que veían por mí, me protegían y generaban expectativas sobre mí futuro como padres y madres colectivos. Realmente tuve yo varios progenitores y hermanos, además de mis dos hermanos directos, Jaime y Miguel.

Mamá era la hermana de en medio de su familia, mimada por sus abuelos en Rusia, de niña se escondía en un baúl de un monasterio cuando llegaban los cosacos a acosar a los judíos en los pequeños poblados. Físicamente muy bella en su camino en México se encontró a un hombre rubio, de ojos azules, también bastante bien parecido y que resultó ser el hijo del mayorista de ferretería al que su madre Sarita le compraba la mercancía que ella a su vez vendía en Brailov. Mi padre la persiguió esperándola a la salida de su trabajo y acompañándola en el camión hasta que un día se presentó con mis abuelos a pedir su mano.

Una   mujer muy inteligente, mi madre no tuvo oportunidad más que de cursar la escuela primaria, pero tenía una sabiduría natural. Por ejemplo en materia de medicina su capacidad de diagnóstico era sorprendente y sus recomendaciones para resolver problemas de salud eran infalibles. Era muy consciente socialmente, se preocupaba por no causarle daño a nadie y por ayudar a los demás en todo lo que podía. Trataba a todos con respeto y cariño. Cada año preparaba un montón de deliciosos pasteles de miel en “Rosh Hashana” y se lo regalaba a muchas personas. Recuerdo que también preparaba “kreplaj” y las dejaba secar en la sala de la casa.

Si bien seguía algunos ritos judíos no fue particularmente rígida con nosotros a pesar de sus antecedentes familiares y nos dio mucha libertad para elegir. Se convirtió en una mujer sabia. Sin embargo, la situación económica en la casa le pesaba mucho y la hacía sentirse menos frente a sus hermanos y a la comunidad judía. Tuve la fortuna de que estuviera conmigo hasta los 98 años y fue la última en irse de su generación a pesar de su precaria salud. Mis preocupaciones e intereses por lo social provienen indudablemente de mi madre, la consideración de que todas las personas son iguales y que merecen respeto y reconocimiento a su dignidad también. No recuerdo que me haya llamado la atención por tener amigos y amigas de diversos orígenes y siempre los recibían muy bien en la casa.

Un personaje central en mi vida fue mi nana Juanita Bravo una mujer muy inteligente, muy guapa y de mucho carácter. Nos cuidaba a mi hermano Jaime y a mí pues mi madre tuvo que ayudar a mi padre durante varios años en la cristalería y ambos regresaban a la casa después de las seis de la tarde. Mi nana Juanita incluso aprendió idish para ayudarnos con las tareas. Me trenzaba mi cabello de varias maneras, me vestía de indita o de china poblana y me enseñó el enorme placer que significa la comida mexicana. Era una excelente cocinera. De ella aprendí a comer picadas con cilantro, cebolla y salsa verde, romeritos con mole y tortitas de camarón, ensalada de Nochebuena con betabel y colación y gusanos de maguey fritos o en salsa. También me enseño a bordar con hilos Ancla y con bastidor de madera, las carpetas con dibujos de pájaros y flores que compraba en el mercado y a hacer piñatas en ollas de barro con engrudo y papel de china de colores enchinado con cuchillo. Nos introdujo al mundo de los pueblos rurales ya que nos llevaba a mi hermano Jaime y a mí a las fiestas de su pueblo en el Estado de Hidalgo con toda su familia. Nunca tuvo hijos, pero siempre crío en mi casa a algunas sobrinas que se convirtieron de alguna forma en mis hermanas menores. Aprendí mucho de la cultura popular de México en la convivencia con ella y con su mundo. Mi amor entrañable por México por sus costumbres, sus fiestas, su artesanía, su comida, sus colores, sus sitios se los debo a mi nana. La convivencia cercana con ella y con su familia me hizo conocer un mundo distinto al de la comunidad judía. Su relación con mi madre siempre fue de gran igualdad y cercanía.

En este contexto y en las décadas de los cincuenta y sesenta el futuro que estaba diseñado para mí era el de terminar mis estudios de preparatoria en El Colegio Israelita de México para después buscar una esposo con el cual pudiera procrear una familia judía tradicional encerrada en la comunidad, donde los hijos a su vez estudiarían en escuelas judías y se casarían con otros miembros de la comunidad. Mis relaciones sociales se desarrollarían en la escuela, en el centro deportivo israelita y en las fiestas y celebraciones en los templos. Desde mi óptica una especie de ghetto protector.

Las primeras rupturas con ese destino empezaron en la misma escuela judía donde estudié desde el kínder hasta la preparatoria. Por el ambiente familiar y por formas de trato en la escuela que nos marcaban porque mi padre no pagaba a tiempo las colegiaturas, empecé a desarrollar un rechazo a la desigualdad y a la discriminación. Había familias de la aristocracia económica judía que recibían todos los honores, presidían los comités de padres, imponían sus reglas y sus hijos gozaban de privilegios. Otros que no queríamos pertenecer a los sectores discriminados socialmente hacíamos esfuerzos por destacar de distintas maneras, para no ser relegados a las “masas” de bajos recursos.

Ahora me percato de que yo eché mano de varias estrategias: ser una excelente estudiante, una muy buena deportista y tener cierto liderazgo en mi grupo. Practicaba todos los deportes de las competencias intraescolares que se realizaban cada año entre las escuelas de la comunidad y obtenía medallas. Formaba parte de la sociedad de alumnos o de las responsables de la Cruz Roja. Acabé rompiendo los límites que me imponía mi condición socioeconómica volviendome un personaje singular.

Al terminar la escuela secundaria acometí mi primer gran reto para liberarme del encierro comunitario. Les pedí permiso a mis padres para continuar mis estudios en la Preparatoria 5 de la Universidad Nacional Autónoma de México. La negativa fue rotunda. ¿Cómo una muchacha judía iba a salir a estudiar fuera de las escuelas de la comunidad? ¿Cómo iba a ser eso visto? ¿Cuáles eran los riesgos a que me iba a enfrentar?

Era además la etapa de la vida en donde uno empezaba a tener novios con posibilidades de que al salir de la escuela preparatoria, se pudiera uno casar y cumplir el destino predeterminado. La primera de mis compañeras se casó a los 16 años y la mayoría entre los 17 y 18.

Los años de la preparatoria fueron fundamentales en mi formación. Desde niña tenía yo muy buenas relaciones con los varones: mis dos hermanos, especialmente con Jaime el menor, mis primos, los amigos de la vecindad donde vivíamos. En la preparatoria me refugié de algún modo en las relaciones de amistad con mis compañeros o con mis compañeras que tenían una perspectiva de desarrollo más allá del matrimonio. Pasaba también mucho tiempo sola. Ahí fue donde decidí que debía ir a la Universidad y que tenía que estudiar sociología. La Maestra Cecilia Diamant que me daba ética en la preparatoria y a quien respetaba y valoraba mucho, me disuadió de estudiar sociología y me sugirió que entrara a la escuela de economía.

Las jóvenes judías de mi época que continuaban estudios después de la preparatoria lo hacían en el Seminario para maestras de idish, o estudiaban sicología o decoración. Eran muy pocas que se iban a otras carreras profesionales odontología, filosofía, historia, estéticas, por ejemplo.

La primera ruptura

Les informé a mis padres que ingresaría a la UNAM a estudiar economía. En ese momento ya tenía yo la suficiente fortaleza para no ceder a sus presiones y mis padres tuvieron que aceptar aunque no entendían bien qué era lo que yo quería estudiar. Desde entonces en la comunidad era yo catalogada como “comunista” porque entre economía y comunista no había mucha diferencia en particular para aquellos que habían sufrido los rigores del comunismo estalinista. Había por fin logrado saltar la barda y acercarme al mundo amplio de la comunidad mexicana.

Mi madre no se atrevía a cuestionarme pero sé que le preocupaba que yo no me casara con un hombre judío. Difícilmente se atrevía a decirme algo. Papá estaba más alejado, inmerso en su cotidiana lucha por la sobrevivencia pero o no le preocupaba mucho lo que yo hiciera o no era tan consciente de los riesgos de sanción social de la comunidad judía como mi madre. En mi familia ampliada estaba en particular una amorosa tía Miriam con una enorme capacidad de relacionamiento social que me había tomado de encargo para casarme y se la pasaba buscándome un novio judío sin mucho éxito.

Inicié la escuela de economía junto con Raquel Morgenstern y entramos al grupo matutino de la Facultad de Economía, donde daban clases los mejores maestros: Jorge Tamayo de Geografía Económica, el maestro que más disfruté de toda la carrera; el Profesor Mario Ramón Beteta de Teoría Económica; el maestro Ricardo Pozas de Sociología o el maestro Casanueva de Contabilidad. A las clases de la mañana acudían los jóvenes con mayores recursos pues no tenían que trabajar para sufragar sus estudios y su sobrevivencia. Estos iban en los turnos de la tarde.

Era evidente que Raquel y yo éramos dos personajes extraños en ese contexto, incluso teníamos un compañero muy resentido que externaba opiniones antisemitas cuando pasábamos frente a él. Raquel no soportó la carrera y en el segundo año se pasó a sicología. Yo en cambio empecé a hacerme de muy buenos amigos. Un grupo era de muchachos y muchachas de familias con recursos económicos hijos de gobernadores, de funcionarios públicos o de banqueros. Las relaciones eran muy cordiales y respetuosas, íbamos a las casas de algunos de ellos y conocíamos a sus familias y mi casa siempre estuvo abierta.

Considero que esas relaciones me facilitaron la transición del encierro en la comunidad judía al mundo abierto y diverso. Resultaba de algún modo un espacio protegido y amable y a mi madre le facilitó aceptar el cambio y acoger a los integrantes de este grupo.

Hice muy buenos amigos en la Universidad y los términos de relación eran de mucha igualdad tanto como mujer, como judía. Nuevamente me resultaba más fácil vincularme con los compañeros varones que con las mujeres que por cierto en esa época eran muy pocas. Dos de mis amigos entrañables Mario Alberto Roche y René Barbosa, muy inteligentes y un tanto extraños a sus respectivos ambientes, murieron muy jóvenes, uno en un accidente automovilístico y otro de un infarto.

Estando en el primer año de Universidad le dije a mi padre que quería trabajar para tener algo de dinero. Quería entrar a sicoanálisis. Se trataba de otra ruptura con respecto al destino preestablecido. Necesitaba entender mi entorno y comprender mi ubicación en la familia, en la comunidad y en el mundo y tomar mi vida en mis manos.

Tenía en esa etapa un grupo de amigos judíos intelectuales donde varios estaban en psicoanálisis. Ahí profundicé mi relación con Anita Shapiro, quien se convirtió en mi gran amiga. En esa época en México había una corriente fuerte de profesionales de la escuela froidiana proveniente de Argentina y también estaba en auge y un tanto confrontada con la primera, la escuela frommiana con los discípulos que Erik Fromm había formado en México, los llamados 12 apóstoles. Teníamos relación con varios de estos últimos.

En esa época, por iniciativa de mi padre, Silvia, esposa de mi hermano Miguel y yo iniciamos una pequeña tienda de regalos y tabaco en Hamburgo 112, frente al Centro México Norteamericano de Relaciones Culturales en la Zona Rosa. El proyecto fue un total fracaso, por lo que para tener algo de dinero yo tenía que trabajar dos horas al día en una tienda de ropa “Martha Sartré” en la calle de Génova cubriendo el turno de comida del personal. Fue cuando me di cuenta que no servía para el comercio, ni para negocio alguno.

En la pequeña tabaquería me visitaban mis amigos de la Universidad y aprendí a jugar ajedrez para matar el tiempo. En la tienda de ropa ganaba 400 pesos y con eso empecé mi análisis frommiano con el Dr. José Rubio, quien fuera otra gran influencia en mi vida pues el proceso que seguí con él me sirvió de mucho para profundizar en mi historia y en las relaciones sociales de mi entorno. El marxismo estudiado en la escuela de economía con Juan Bromm y el psicoanálisis se convirtieron en mis instrumentos para tratar de entender la realidad social y armar algunas interpretaciones.

En tercer año de la carrera reconocí que la economía no era mi destino profesional, no toleraba las materias relacionadas con finanzas, banca o comercio internacional. Lo único que quería era pasar el menor tiempo posible en la escuela y opté por cambiarme al “grupo piloto” por las tardes en el cual eran menos horas de clases aunque más de estudio. Fue la oportunidad para conocer a compañeros brillantes, políticamente más involucrados y activos. Personalmente nunca participé en movimientos o partidos políticos.

Producir evidencia sobre la realidad social

En el segundo año de la universidad inicié mi carrera en el servicio público trabajando como auxiliar de analista en la Dirección General de Estadística por las mañanas y acudiendo a la universidad por las tardes. Desde esa época y en varias ocasiones a lo largo de mi vida profesional, me interesé por la producción de información estadística. Siempre he pensado que para documentar y hacer evidentes las problemáticas sociales que vive la población se requiere de información sobre las personas, las familias y las comunidades. Hasta entonces solamente por medio de los Censos de Población realizados cada diez años, se podía saber cuántos éramos en el país, cuántas mujeres, cuántos hombres, de qué edades, en qué trabajábamos, por ejemplo.

Me convertí en una experta del Censo de Población de 1960 (1962-1964) y tuve oportunidad de diseñar el cuestionario del Censo de Población de 1970 (1969-1970) introduciendo un cambio en los marcos conceptuales utilizados para captar el trabajo y los ingresos de las personas e incorporando las recomendaciones de Naciones Unidas en la materia. Eso convirtió al Censo de Población de 1970 en el primer censo moderno de México apegado a las recomendaciones internacionales. Ahí trabajé con Rubén Gleason Galicia quien era director general de estadística, un hombre bondadoso con una gran capacidad para armar equipos de trabajo y generar compromiso de las personas. Para mí con su ejemplo, fue un gran maestro en administración pública.

En 1963 me hice el propósito de entrar a trabajar al Banco de México (BANXICO) que en esa época junto con Nacional Financiera era instituciones ejemplares que aseguraban a los egresados de estudios de economía adquirir una mejor formación en el trabajo. No sin dificultad por ser judía y no ajustarme al estereotipo requerido para ingresar a la estructura del banco y después de que uno de mis profesores de la escuela de economía que era funcionario destacado del mismo, desistió de seguir apoyando mi ingreso, logré entrar a un proyecto especial de proyecciones agrícolas del Banco en colaboración con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Quien se convirtió en mi jefe consideró que no era una mala idea tener a una güerita bonita como florerito para adornar la oficina.

Este trabajo me brindó la oportunidad de compenetrarme con las encuestas de ingreso-gasto cuyo levantamiento apenas se había iniciado en el país por Ana María Flores y el Dr. Nieto de Pascual, con el cual me tocó interactuar. También me relacioné con el mundo de los ingenieros agrónomos y aprendí mucho de la agricultura mexicana. Conocí a otro intelectual mexicano Victor Urquidi un economista de fama mundial que de alguna forma se convirtió en mi mentor. El me abrió varios caminos en mi vida profesional como fue el ingreso a El Colegio de México como su ayudante de investigación, me introdujo al estudio del empleo y los mercados de trabajo y a la prospectiva y los estudios sobre el futuro.

Por entonces tenía un excelente amigo y compañero de la facultad Santiago Sánchez Herrero que trabajaba en la Oficina Técnica de la Dirección del BANXICO un sitio privilegiado dentro del Banco, donde estaban economistas muy destacados como Sergio Gighliaza y Manuel Uribe. Yo los conocí por mi cercanía con Santiago, así como también a los que trabajaban en la Torre Latinoamericana donde Victor Urquidi era el jefe, otro nicho de economistas de primera como Rafael Izquierdo y Luis Cosío. Todos ellos varones. Varios fueron mis maestros y con Gighliaza y Cosío acompañamos a Victor Urquidi cuando asumió la Dirección del Centro de Estudios Económicos y Demográficos (CEED) de El Colegio de México en la calle de Querétaro a finales de los años sesenta. Don Victor fue posteriormente el Presidente de El Colegio de México e introdujo nuevos temas y campos de investigación y creó una época luminosa de El Colegio. También echó a andar el Centro Tepoztlán que ahora lleva su nombre y del que formo parte desde su inicio y en el que mensualmente se reúnen estudiosos de diversas especialidades a debatir sobre problemas de México.

Cuando trabajaba en Proyecciones Agrícolas en la calle de Volivar 15, todos los días en el Renault de Santiago recorríamos Isabel la Católica de norte a sur para llegar a la universidad. Yo contaba las cantinas que había sobre esa calle. Santiago y Tere su esposa que estudiaba filosofía y era la primera mujer verdaderamente liberada que yo conocía, me introdujeron al mundo de los cineclubs universitarios y de los intelectuales de izquierda como José Revueltas y Luis Prieto. Era la época de La nueva ola francesa y me hice apasionada del cine. A veces en el Renault Dauphine de Santiago, un coche muy pequeñito, entrabamos ocho personas y nos íbamos al cine. Recuerdo una ocasión donde Pepe Revueltas se metió junto con nosotros al pequeño Renault.

En 1965 tomé un curso de Encuestas de Hogares por Muestra del Departamento de los Censos de Estados Unidos. Con lo que aprendí en ese curso, años después (1973-1975) pude iniciar la primera encuesta continua de población en el país que es la que actualmente arroja las cifras de empleo y desempleo mensual y trimestralmente, además de otras informaciones valiosas sobre la vida de las personas. Me interesaba mucho poder producir información más precisa y con mayor frecuencia sobre las condiciones de vida de las personas, sobre su trabajo y sus ingresos, sobre la composición de las familias, sobre su marginación y sobre la desigualdad entre clases sociales y sexos. Me parecía que era la manera de evidenciar con datos duros la profunda desigualdad que caracteriza a la sociedad mexicana.

Siempre mantuve mi interés por producir información sobre la población. Cuando trabajé en la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (1975-1977) operábamos un sistema para calcular un índice de precios que nos permitía tener mejor información para fijar anualmente los salarios mínimos. Durante mi participación como Directora del Instituto Nacional del Consumidor (1984-1988) desarrollamos investigaciones de precios comparados de productos en distintos establecimientos para que las personas pudieran escoger dónde se vendía más barato lo que requerían comprar, fueran verduras y abarrotes o electrodomésticos. También montamos un sistema para ver cómo la crisis de 1982 estaba afectando los patrones de consumo de la población cambiando el consumo de carne por consumo de vísceras o de café con leche por café solo. En años más recientes promoví la creación del Observatorio de Política Social y Derechos Humanos en INCIDE Social A.C. la organización civil en la que participo donde concentramos información estadística, indicadores, bibliografía, noticias y notas de opinión sobre los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.

Mi deseo profundo siempre ha sido que los funcionarios de gobierno se dieran cuenta del sufrimiento de la población y que fundaran sus decisiones futuras tratando de generar los menores efectos perversos en la vida de las personas o que pensaran en producir beneficios para mejorar su bienestar. Las preocupaciones de mi madre por los demás afloraban en todas mis acciones. La constante de mi vida profesional fue tratar de responder a las preguntas sobre ¿cómo puedo yo contribuir a que la vida de los otros sea mejor? ¿Cómo puedo aportar para que haya menos injusticia y desigualdad? ¿Cómo puedo aportar para mejorar el bienestar y la felicidad de las personas y disminuir su sufrimiento?

Paulatinamente me fui inclinando a utilizar las herramientas que había aprendido en la Facultad de Economía y en mis experiencias de trabajo para evidenciar el sufrimiento de las personas que vivían en la pobreza, en el margen, que experimentaban la desigualdad o eran discriminadas. Es decir me moví hacia la economía social y me convertí en una especie de investigadora empírica fuera de los espacios formales de la academia que buscaba respuestas escuchando a las personas.

 

El cambio de estatus civil

También en esos años me postulé para una beca con el fin de ir a hacer un posgrado en la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en Santiago de Chile. CEPAL junto con el Instituto de Altos Estudios de La Haya eran los dos lugares donde los economistas de mi generación buscaban hacer sus posgrados. Las teorías de Raúl Prebisch y de Charles Bettelheim daban marco al quehacer de los economistas de la administración pública de la época.

Aún cuando si logré calificar para que me otorgaran la beca el comité de selección decidió dársela a un joven al que no se la habían dado el año anterior por que se vieron forzados a concedérsela al hijo de un político influyente. Entendí además que consideraron que como mujer no tenían certeza de que yo fuera a utilizar los estudios de posgrado pues seguramente optaría por casarme. Mi condición de mujer fue fundamental en ese entonces para que yo no alcanzara un posgrado, situación que actualmente se encuentra ampliamente superada para las generaciones actuales de profesionales mujeres. Junto con otras pocas mujeres como Sofía Méndez, María de los Angeles Moreno, Norma Samaniego, con el ejemplo de Ifigenia Martinez o la Sra. Camposalas éramos de las primeras mujeres mexicanas en incursionar en la economía en la administración pública.

Siempre he reconocido que esa decisión del Comité de becas me hizo quedarme en México y conocer en 1965 a mi esposo el Dr. David Bialostozky con el que llevo cerca de 50 años de feliz vida matrimonial con mucho respeto profesional mutuo y con quien he compartido ilusiones y desencantos. Logramos procrear tres hijos fantásticos que son Claudia, Adriana y Héctor tres seres comprometidos y preocupados por su entorno donde cada uno procura mejorar la vida de los demás y del planeta. Al verlos ahora en su vida adulta compruebo como los influimos David y yo con nuestras obsesiones: la preocupación por las poblaciones pobres, por las personas discriminadas, por los animales, por la naturaleza, por la justicia, por la verdad y el desprecio por lo material, por la codicia, por la corrupción, por el engaño y la simulación. Claudia trabaja con la naturaleza en jardinería en Vancouver, Canadá; Adriana como médico pediatra atiende a los hijos e hijas de migrantes latinoamericanos en Nashville, Tennessee y Héctor abre el mundo al autoanálisis y a la auto-reflexión a sus alumnos en la Universidad Iberoamericana. David, la pareja de Claudia es profesor de preescolar y Andrés David el esposo de Adriana es un pediatra cardiólogo que trabaja en la Universidad de Vanderbilt. Tenemos dos nietos maravillosos Sebastián y Santiago de 13 y 11 años, sensibles, educados, amorosos y muy buenos músicos y deportistas.

La conciliación vida familiar y vida de trabajo

Colaboré un tiempo en El Colegio de México como ayudante de investigación del Sr. Victor Urquidi (1965-1972). Gracias a él me convertí en una de las primeras expertas en mano de obra y mercados de trabajo del país, lo que me permitió intervenir en el Censo de Población de 1970 y en la construcción de la Encuesta Nacional de Empleo mencionada anteriormente, así como llegar a ser Directora Técnica de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (1975-1976) y Directora General del Empleo (1976-1982) en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social.

Me casé en 1965 cuando trabajaba en El Colegio. El horario de trabajo era sólo hasta la una de la tarde lo que me permitía combinar mis funciones de investigadora con los de madre, pues por las tardes llevaba a mis hijos a distintas actividades. Fue una época donde pude conciliar mi vida de trabajo con mi vida familiar. Al entrar a la Comisión Nacional de Salarios Mínimos la corta armonía se fracturó. Las fijaciones de los salarios nos llevaban a sesiones con el Consejo de la Comisión hasta altas horas de la noche durante varias semanas.

Fue el momento de mi vida en que empecé a ceder a las demandas de tiempo que impone el desempeñar una función de alto nivel en la administración pública mexicana. Se piensa que las personas que ocupan esos puestos son hombres de disponibilidad total y deben estar dispuestas a responder las demandas del trabajo las 24 horas del día e incluso los fines de semana. No hay consideración alguna al hecho de que las personas, incluso los hombres, somos parte importante de una familia y tenemos roles que desempeñar en el trabajo reproductivo o doméstico.

El haber dado el paso a aceptar que mi agenda de tiempo me fuera impuesta desde afuera fue en perjuicio de mi vida familiar y de la crianza de mis hijos. Aún cuando mis hijos no estaban solos pues nuestra situación económica y la amplia disponibilidad de trabajadores en México permitieron que siempre tuvieran quien los cuidara, yo me perdí una parte fundamental de su crecimiento. David solía dejar de trabajar en su consultorio todos los miércoles y se los llevaba al cine y a comer hamburguesas. El también los llevaba a la escuela. El Sr. Abel Piña una excelente persona pasaba a recogerlos a la escuela y los llevaba a sus distintas actividades. Los fines de semana yo siempre procuraba estar con ellos y yo los llevaba a sus visitas médicas.

Varias mujeres han trabajado con mi familia a cargo de la economía del cuidado de mi casa. Jovita Martínez los primeros años, Aurora como nana de mis hijos y durante cerca de cincuenta años Guadalupe Reyes una mujer silenciosa y solitaria que nos dio una calidad de vida excepcional cuidando la casa, las cosas, el jardín y la ropa. Ella tenía que trabajar para sostener a un hermano enfermo a quien aún ahora le envía mensualmente parte de su ingreso. Lupe representa la trágica historia de vida de muchas mujeres que son enviadas al trabajo doméstico en las ciudades para sostener a sus familias en los pueblos y rancherías. Continúa viviendo con nosotros, realizando pocas actividades pues en realidad su casa y su familia somos David, yo y mis hijos. Su sobrina Rosa Reyes lleva treinta años a cargo de la cocina de la casa. Fue enviada por su familia, sin opciones para escoger, a ayudar a su tía Lupe.

Conocida como Toña es un personaje memorable y apreciado no sólo por nosotros sino por la familia ampliada, mis hermanos, sus hijos y los hermanos de David y sus hijos. Cocina extraordinariamente, goza la cocina y le prepara a David diferentes platillos para el desayuno, la comida y la cena procurando ahora qué el ya tiene 85 años, complacerlo en sus caprichos y gustos. Los amigos de la infancia de mis hijos siempre recuerdan su sopa de munición con mostaza, el pulpo en su tinta o los romeritos con camarones.

Cada año en agosto son famosos los chiles en nogada de Toña y por lo menos organizamos tres cenas de chiles para satisfacer a todos los que esperan la llegada de la temporada de nueces de castilla frescas, de granada roja y de chiles anchos. Cuando vamos a ver a Adriana y Andrés y a los nietos a Nashville es ineludible llevar una carga de strudel de manzana de Toña de acuerdo a la receta de la abuela Bertita, un “topper” lleno de tapioca y un frasco de romeritos en mole para Adriana. El sincretismo de la comida judía y la mexicana. Toña, junto con el Sr. Javier Cervantes nuestro chofer por veinte años, son dos personajes fundamentales de la casa y nos resuelven la vida ahora que David y yo somos adultos mayores.

David mi esposo trabajó por 52 años en el Instituto Nacional de Cardiología y es un cardiólogo clínico e investigador destacado. Su origen judío, su autonomía, su carácter y su dura crítica al funcionamiento de las instituciones en México obstaculizaron que se le reconociera su aporte a la medicina mexicana- Esta es controlada como muchos espacios profesionales en el país, por mafias históricas conocidas que ocupan todos los puestos importantes, manejan los recursos de las instituciones y se distribuyen los reconocimientos. David nunca pudo ingresar por ejemplo a la Academia Nacional de Medicina ni al Sistema Nacional de Investigadores.

Su dedicación de lleno a la medicina y su educación de niño lo hicieron un hombre muy dependiente en la vida cotidiana. Es el típico caso del hombre que se le pide que saque la leche del refrigerador y que teniéndola frente a sus ojos no ve dónde está. Es absolutamente negado para cualquier trabajo doméstico pero ha sido un padre extraordinario y su contribución a la vida familiar además del aporte económico que nos ha permitido una vida holgada, ha sido el cuidado y atención de los hijos. Su dedicación de vida ha sido a su familia nuclear siendo un hombre muy amoroso y cálido.

Reconozco también que esa seguridad económica que David aportó a la relación de pareja ha sido fundamental en mi trayectoria profesional. Nunca me vi forzada por razones económicas a aceptar un trabajo que no me gustara. Además, siempre tuve la suerte de que en los momentos que tenía que cambiar de trabajo como era cuando había cambio de administración de gobierno se me presentaban varias opciones a escoger y siempre tuve la libertad para seleccionar aquellas que más me gustaban. También he podido negarme a aceptar muy diversas posiciones, particularmente en los últimos años en los que he privilegiado mi libertad para estar con David, para opinar con libertad y para hacer lo que más me gusta que es investigar, denunciar y proponer.

Desde mi primera elección profesional en 1965 cuando tuve que escoger entre quedarme en la estructura formal del Banco de México o aceptar la invitación de Victor Urquidi para integrarme a El Colegio de México, opté por la segunda. Me percaté que entrar al Banco significaba que me iban a poner un sello como a los periódicos Excelsior que se entregaban diariamente al Banco y que decía “propiedad del Banco de México”. Nunca he aceptado ser propiedad de nadie, nunca quise subordinarme a un jefe político y cuando corría el riego de que me pusieran un grillete hacía una fuga rápida y desaparecía de la mira.

Cuando me desanimaba y quería “tirar la toalla” David siempre estaba a mi lado y me hacia reflexionar, me ayudaba a decidir qué era lo mejor, aún cuando claramente significara un sacrificio para nuestra relación de pareja y para la vida familiar. Los dos éramos muy dedicados a nuestras carreras profesionales y el tiempo que teníamos libre lo destinábamos a los hijos.

Siempre me ha gustado viajar y a lo largo de mi vida profesional he tenido constantes oportunidades. En una época viaje mucho a Latinoamérica, en otra a Europa, algunas veces a Asia y más recientemente mucho dentro del territorio nacional. David siempre aceptó mi condición trashumante que creo heredé a mi hijo Héctor. Disfruto conocer otros lugares, saber qué ocurre en la vida de las personas que habitan el lugar fundamentalmente platicando con la gente. Me encanta experimentar y comer muy bien. He tenido una oportunidad realmente excepcional a lo largo de mi vida para tener amigos cubanos, portugueses, españoles, franceses, brasileños, chilenos, ticos, uruguayos y argentinos.

Creo que una razón fundamental de mis logros profesionales tiene que ver fundamentalmente con la calidad e inteligencia de David que ha sido un compañero de vida incomparable, así como con la tolerancia de mis hijos al abandono materno y con las varias personas que nos han ayudado como familia a cursar por la vida de forma muy feliz y con un gran bienestar.

La continuación de la vida laboral

Al cambiar la administración de Luis Echeverría a la de José López Portillo acudí a la oficina de Pedro Ojeda Paullada recién nombrado Secretario del Trabajo del nuevo gabinete a entregarle mi renuncia como Directora Técnica de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos. Iba decidida a recuperar el control de mis tiempos y retornar a un horario de medio tiempo para poder atender a mis hijos. Yo tenía para entonces 34 años, Héctor tenía seis años, Adriana ocho y Claudia diez.

Yo no conocía a Pedro Ojeda Paullada y no obstante de inmediato me ofreció que asumiera la Dirección General del Servicio Público del Empleo pues sabía que yo era experta en empleo y mercados de trabajo. No me dio opción para decidir y de inmediato me presentó con Javier Alejo que en ese momento lo visitaba, como la nueva Directora General del Servicio que consistía esencialmente de una Bolsa de Trabajo en la calle de Dr. Barragán. Recibí el escritorio de Don Adolfo López Mateos en mi oficina de directora, pues fue Secretario del Trabajo en algún momento de su vida.

El trabajo en la Dirección que posteriormente se convirtió en Dirección General del Empleo fue una experiencia excepcional en mi vida. Estábamos en un tema de punta tanto nacional como internacionalmente y contábamos con el apoyo de un equipo de expertos internacionales muy destacados a través de un Proyecto del Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Eran varios economistas latinoamericanos Samuel Lichtenstejn, Oscar Tangelson, Roberto Tomassini, Esteban Lederman y Benito Roitman que habían tenido que huir de las dictaduras militares de sus países y venían de ocupar posiciones importantes en los gobiernos, universidades o en instituciones internacionales: rectorías, ministerios, direcciones de investigación y políticas, etc. La mayoría de ellos judíos.

Era la época del Programa Mundial del Empleo promovido por la OIT y en América Latina operaba PREALC, el Programa de Empleo para América Latina y CINTERFOR para formación profesional. Éramos muy activos en los foros internacionales dado que a Pedro Ojeda Paullada después de haber presidido la Primera Conferencia Mundial de la Mujer en México en 1975, le interesaba mucho la participación en los foros internacionales. En esos seis años participé en varias reuniones internacionales y regionales. Asistía a Ginebra con frecuencia y fue cuando conocí toda América Latina. Éramos líderes en planificación del empleo, estudios de mercados de trabajo e hicimos las primeras investigaciones en la región sobre el sector informal de la economía.

Elaboramos el primer y único Programa Nacional de Empleo que ha tenido el país, promovimos la creación del Servicio Nacional de Empleo en todos los estados para dar orientación sobre oportunidades de trabajo y capacitación a la población, desarrollamos el Catálogo Nacional de Ocupaciones y promovimos investigaciones sobre las necesidades futuras de egresados de la educación superior.

Estábamos construyendo institucionalidad pública en un campo totalmente desatendido hasta entonces por el gobierno mexicano: el del empleo y los mercados de trabajo. En el equipo de la Secretaría había varias mujeres destacadas: Gloria Brasdefer como oficial mayor quien ayudó a Ojeda Paullada con la conferencia mundial de la Mujer y después se encargo de los trabajos técnicos para la Conferencia de Beijing de 1994; Aída Gonzalez en Relaciones Internacionales quien llegó a puestos importantes en la Secretaría de Relaciones Exteriores y a nivel internacional en posiciones relacionadas con los derechos de las mujeres y María de los Ángeles Moreno Uriegas que trabajaba conmigo como subdirectora de planificación del empleo y se convirtió en mi amiga de vida, muy cercana a David y a mis hijos.

Las cuatro desde distintas trincheras luchamos por los derechos de las mujeres y por la institucionalidad pública. Gloria era un de las primeras expertas en administración pública. María de los Angeles y yo participábamos en el grupo técnico del gabinete económico y nos peleábamos con Carlos Salinas de Gortari, entonces Director General en la Secretaría de Programación y Presupuesto, con Rogelio Montemayor, con los representantes del Banco de México y con el grupo de José Andrés de Oteysa entonces Secretario de Industria y Comercio porque desconsideraban los efectos en el empleo y en los ingresos de la población de las medidas de política económica que proponían al Gabinete Económico de López Portillo.

Por ejemplo, desde la Secretaría del Trabajo nos opusimos a la apertura económica irrestricta hacia el mercado externo por los problemas que se tendrían en el empleo y en los ingresos de la población. Posteriormente, el llamado grupo de los “los doctores” encabezados por José Córdova y Pedro Aspe consiguieron la apertura total al exterior en el primer gobierno neoliberal de México encabezado por Miguel de la Madrid. Desde entonces hemos padecido una muy baja tasa de generación de empleos, causa eficiente de las violencias y la delincuencia que hemos vivido en los últimos años.

Desde mi óptica esos años del gobierno de López Portillo fueron una etapa excepcional de la función pública. Todos estábamos orgullosos de trabajar en el servicio público. Para mí se realizaba mi sueño de aportar a mejorar las perspectivas de ocupación e ingresos de los mexicanos y mexicanas haciendo que los efectos en el empleo fueran tomados en cuenta en las decisiones de política económica y construyendo institucionalidad para facilitar la capacitación de las personas y la localización de empleos a través de la creación del Servicio Nacional de Empleo en todo el país.

La única experiencia negativa en esa etapa vinculada a mi condición de mujer, judía y diría rubia fue el no poder participar en los programas de televisión donde funcionarios de la administración de López Portillo tenían que explicar el contenido de los informes presidenciales en las diferentes materias. Yo tenía una figura demasiado poco “mexicana” y resultaba embarazoso que representara públicamente al gobierno mexicano.

Al salir de la Dirección General del Empleo, María de los Ángeles Moreno que desafortunadamente había sido capturada por el equipo de Carlos Salinas de Gortari, pasó a ocupar la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Social en la Secretaría de Programación y Presupuesto encabezada por Salinas. Me invitó a que la acompañara en el único puesto que Salinas le permitió colocar a una persona cercana a ella, la Dirección del Centro de Investigaciones para el Desarrollo Rural Integral, el CIDERI.

Desde ahí logramos formular el último Programa Nacional de Alimentación PRONAL (1982-1988) con la colaboración y el impulso comprometido del Dr. Salvador Zubirán y del equipo del Instituto Nacional de Nutrición y con Sergio Reyes Osorio, entonces subsecretario de la Reforma Agraria, así como un Programa de Desarrollo Integral de la Mixteca Oaxaqueña. Carlos Salinas en su inacabable astucia le entregó la coordinación del PRONAL a Jorge de la Vega Domínguez anterior Secretario de Comercio y Presidente del PRI, con lo cual canceló toda posibilidad de que se aplicara el Programa pues ningún secretario le hacía caso a Don Jorge, excepto el Gordo Pesqueira entonces Secretario de Agricultura y un hombre muy simpático y afable. El Programa de las Mixtecas, Salinas se lo dio a su amigo Heladio Ramírez que en ese entonces era miembro del Congreso y estaba confrontado con el entonces Gobernador de Oaxaca. Dos magníficos proyectos resultado de la colaboración y el compromiso institucional los anuló Carlos Salinas por sus ambiciones políticas y su profunda maldad.

Decidí que mi espacio no era la Secretaría encabezada por Salinas y su equipo, lleno de personajes inexpertos, soberbios y profundamente ambiciosos. Me pasé en 1984 a dirigir el Instituto Nacional del Consumidor el INCO, institución que vi concebir y nacer dirigida por mi querido amigo Santiago Sánchez Herrero. Era para mí una maravillosa oportunidad.

De los años en la dirección del CIDERI obtuve varias cosas: continuar aprendiendo del sector agropecuario mexicano, del tema de la alimentación, de la organización campesina y de la planeación participativa a nivel comunitario. Inicié una excelente relación con los nutriólogos destacados del país como Héctor Bourges y Esther Villanueva, con funcionarios públicos serios y muy profesionales del sector alimentario como José Ernesto Costemalle y José Urquiaga y con Sergio Reyes Osorio. Ingresé así a la comunidad interesada en el problema alimentario del país y desde entonces formo parte del Consejo de Educación y Salud que edita la revista Cuadernos de Nutrición. Esta experiencia me ha permitido opinar sobre la actual Cruzada contra el Hambre promovida por la presidencia de Enrique Peña Nieto y mantener la libertad para aportar y cuestionar.

También entré en contacto con el que posteriormente fuera el equipo de Carlos Rojas en el Programa Nacional de Solidaridad y con profesionales que trabajaban en las organizaciones campesinas como Gustavo Gordillo y Hugo Andrés Araujo.

Esta capital social que fui formando a lo largo de mi trayectoria profesional permitió que en mi gestión como directora del INCO pudiéramos incluir líneas de trabajo cercanas a las necesidades en materia de alimentación de la población del país apoyadas por la comunidad de expertos. Realizamos campañas de orientación sobre la mejor alimentación en radio, televisión y medios impresos mediante los programas, la revista y el periódico del Consumidor, diseñadas y operadas por Martha Susana Ruiz; actividades de capacitación a la población para ser consumidores más conscientes y conocedores y organización de compras en común dirigidas por Andrés Manuel López Obrador que colaboró conmigo como Subdirector de organización y capacitación; investigaciones de precios, sobre la calidad de los productos y sobre el comportamiento de los consumidores dirigidas por Humberto Delgado y cuando él murió en el sismo del 85 por Gustavo Ponce.

Formulamos y difundimos propuestas de menús de bajo costo, formas de preparación de productos de consumo con tecnología doméstica para bajar el gasto en la compra de productos industrializados, paquetes de verduras concertados con la central de Abasto de bajo costo, comparaciones de precios publicadas en periódicos en varias ciudades para que las personas eligieran las tiendas más baratas. En el sismo de 1985 el Instituto armó brigadas para colaborar en la eliminación de escombros y en iluminar zonas de desastre como el Hospital Juárez. Con el teléfono del Consumidor enlazábamos a personas víctimas del desastre con aquellas que ofrecían diversos apoyos, orientamos sobre la calidad del agua y la vulnerabilidad de los edificios. Éramos una institución pública cercana e interesada por servir a las personas, éramos una institución confiable y creíble.

Creo que varios nos realizamos como servidores públicos en esa etapa del INCO. Teníamos amplias posibilidades de innovar y de educar para el consumo. Generamos varios materiales que aún ahora son apreciados por la comunidad de expertos en alimentación. El INCO estaba en la mira de Carlos Salinas para incorporarlo desde entonces a la PROFECO y en los cuatro años que estuve como directora logré impedirlo e incluso recuperar delegaciones estatales que ya habían venido cerrando. Fue una herramienta importante para los programas de estabilización de precios que encabezaban Pedro Aspe y Tellez. Sin embargo, la lógica de desestructuración del Estado promovida desde 1982 por los gobiernos neoliberales acabaron con esa magnífica institución y la sumaron a la PROFECO a la cual además le agregaron la vigilancia de los precios con lo que la destinaron a convertirse en una institución profundamente corrupta.

Como mujer el haber tenido la oportunidad de dirigir una institución como el INCO me permitió penetrar en un campo muy vinculado a la economía del cuidado históricamente encomendada a las mujeres. Nuestro interés radicaba en apoyarlas en las tareas que realizan sin pago, sin reconocimiento y sin valoración en el mercado, pero sobre las cuales tienen muchas responsabilidades y preocupaciones. Recuerdo que incluso en el teléfono del consumidor abrimos una línea para que pudieran llamar y obtener orientación en materia de nutrición y alimentación: ¿cómo preparar algún producto de temporada? ¿qué darle de lunch a los hijos?¿cómo alimentar a personas con problemas de diabetes?¿cuáles eran los mejores productos alimenticios en el mercado?

Mi deseo hubiera sido permanecer en el INCO como directora, pero la incertidumbre del cambio de gobierno hicieron que aceptara irme con María de los Angeles Moreno a la Secretaría de Pesca como Subsecretaria (1988-1991) en el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Posiblemente una de las actividades que menos hubiera deseado asumir y en un gobierno como el de Salinas, el hecho de estar con María de los Angeles me daba tranquilidad y certeza de que lo que haríamos sería buscar el mayor beneficio para los pescadores y ampliar el consumo de pescado en el país. La experiencia en la SEPESCA fue de una constante confrontación con el grupo de “los doctores”. Ellos buscaban privatizar el sector y abrir todas las especies protegidas para las cooperativas por el General Lázaro Cárdenas desde los años treinta. Tenían intereses personales de invertir en el desarrollo de la acuacultura de camarón que en esos años estaba dejando muy buenas ganancias a los empresarios en varios países.

Bajo la dirección de María de los Ángeles defendimos y tratamos de eliminar las confrontaciones entre los grupos de cooperativas; dimos una fuerte pelea contra Estados Unidos por su afán de controlar la pesca del atún en aguas de América Latina y tratamos de evitar los embargos en las pesca de atún y camarón; montamos un programa para evitar la pesca incidental de delfines, desarrollamos varios parques acuícolas para alentar le inversión; alentamos la regulación de la extracción de especies de acuerdo a evidencia científica; defendimos el crédito para el sector pesquero; abrimos y conservamos los mercados europeos y asiáticos de productos pesqueros mexicanos; defendimos la planta industrial de enlatado mexicana. Todo ello en contra de los deseos de “los doctores” cuya consigna era privatizar, vender la propiedad estatal a precios irrisorios y destruir al sector cooperativo de la pesca, beneficiarse personalmente de todo ello y yo diría incluso destruir al propio sector pesquero. Lograron sacar a María de los Ángeles de la Secretaría y enviarla como candidata a diputada de un distrito electoral en el D.F. donde tradicionalmente perdía el PRI.

A pesar de la invitación del nuevo Secretario de Pesca para quedarme en la Subsecretaría decidí que las razones por las cuales había yo entrado al servicio público se habían terminado; que ya no estaba dispuesta a colaborar con un gobierno totalmente contrario a lo que pensaba debería ser un gobierno para la gente. Se trataba ya de una administración pública capturado por una camarilla de personas que buscaban su beneficio personal, prolongarse en el poder y apoyar a los grupos que se los permitiera.

Los poderes del Estado quedaban en manos de un grupo sin escrúpulos y profundamente ambicioso. Se disponían a destruir las fortalezas que aún tenía el servicio público mexicano y a liberar todo a la fuerza de los monopolios y de los intereses fácticos entre los cuales ellos fueron construyendo sus propios espacios de control y poder. Profundizaron así la desigualdad, la pobreza, la discriminación, la exclusión de millones de jóvenes que se estaban incorporando a la vida escolar y laboral. Exacerbaron el individualismo escondido bajo los postulados de la competencia, la eficiencia y la productividad y destruyeron el comunitarismo, lo colectivo, lo comunal y con ello el tejido social. La gran tragedia de México de finales del Siglo XX y que hoy nos tiene sumidos en una guerra silenciosa y cruenta, sentaba sus bases en la codicia de los nuevos gobernantes.

En 1991 dejé voluntariamente la administración pública federal después de casi 30 años de participar en la construcción de instituciones y el desarrollo de capacidades de gobierno. Siempre he sido una ferviente creyente de la necesidad de un Estado de las personas y para el beneficio de éstas, que trabaje democráticamente y amplíe la participación de los ciudadanos pero que se responsabilice de cumplir las obligaciones de respetar, promover, proteger y garantizar los derechos humanos de todos los integrantes de la sociedad.

Después de quince años de trabajar juntas María de los Angeles y yo nos separamos. Ella siguió colaborando en el gobierno del PRI y en ese partido, siendo la primer mujer en llegar a presidirlo. Yo opté por alejarme y tomar rumbo por la participación ciudadana libre y por la construcción de organizaciones ciudadanas.

La etapa de activismo cívico

Al dejar el gobierno federal hice un intento no exitoso para entrar a trabajar en la CEPAL México. Rechace las invitaciones para retornar a la academia a hacer investigación. Mis amigos investigadores se habían convertido para ese entonces en los directores de los centros de investigación y en los principales investigadores en sus temas. Pensaba que desde la academia era difícil tratar de atajar el profundo cambio que se estaba dando en la sociedad mexicana hacia una economía de libre mercado, con poco Estado y muchos monopolios.

Fue así que a invitación de Miguel Basañez mi querido amigo demócrata, me incorporé al Acuerdo Nacional para la Democracia (ACUDE) una organización formada por intelectuales que promovían el tránsito de México hacia un país democrático y pretendían acabar con el monopolio del PRI en el poder. También acabé siendo presidenta del Consejo de administración de Este País la revista formada por Miguel y Federico Reyes Heroles que empezó a difundir encuestas de opinión.

En Acude, organización en la que también terminé siendo presidenta en 1994 conocí a gente extraordinariamente comprometida con la democracia: Jaime Gonzalez Graff un estudioso de la política y de la institucionalidad electoral muerto prematuramente que contribuyó de manera importante a la reforma política de 1996; Demetrio Sodi de la Tijera que en ese entonces era un interesante líder del movimiento ciudadano en formación con una notable capacidad para generar proyectos movilizadores como el Plebiscito de la Ciudad de México de 1993 y los 20 Compromisos por la Democracia; Jorge Eugenio Ortiz Gallegos un importante intelectual e ideólogo panista que abandonó ese partido con Bernardo Batiz y Jesús González Schmall y se incorporaron a ACUDE; Adolfo Aguilar Zinser muerto en un desafortunado accidente automovilístico y un hombre congruente con su ideología hasta el final; Jorge Castañeda un intelectual cosmopolita y variable; Amalia García quien fuera posteriormente Gobernadora de Zacatecas; Rubén Aguilar que llegó a ser el vocero de Fox; José Agustín Ortiz Pinchetti un intelectual y político honesto que ha acompañado a Andrés Manuel López Obrador desde hace varios años; José Antonio Crespo editorialista e investigador, Miguel Álvarez secretario de don Samuel Ruiz, el Obispo de Chiapas y un promotor de la paz y el diálogo y otros más, muchos de los cuales permanecieron como mis amigos a través de los años.

De ese grupo que tuvo varias iniciativas importantes para el tránsito a la democracia como la creación del grupo San Ángel, la observación de elecciones, la reforma política de 1996, pocos nos mantuvimos en la lucha ciudadana. Varios se incorporaron a las administraciones que fueron subiendo al poder desde distintos partidos. Incluso yo acepté ser Secretaria de Desarrollo Social del Gobierno del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas que llegó a la Jefatura de Gobierno del D.F. mediante una elección democrática.

Nuevamente la mayoría eran hombres y a mí me incluyeron en el grupo central de ACUDE, Amalia García participó en el Plebiscito y en los 20 Compromisos y con frecuencia sólo éramos ella y yo las únicas representantes del sexo femenino.

1994 fue un año particularmente complejo en México y en mi vida personal. Por alguna razón fui bien aceptada en el mundo del activismo cívico de reciente formación. Además de ser presidenta de Este País y de ACUDE participé con otras siete organizaciones por invitación de Sergio Aguayo, en la creación y en la primera Coordinación Nacional de Alianza Cívica; colaboré con Gloria Brasdefer en la integración y coordinación de los grupos de trabajo técnico para preparar la posición de México frente a la Conferencia de la Mujer que tendría lugar en 1995 en Beijing y formé parte con otras nueve personas del mundo científico del Grupo Técnico para la Auditoría del Padrón Electoral constituido a instancias del Dr. Jorge Carpizo a fin de garantizar la calidad de las listas electorales.

No sé cómo le hice y cómo David aguantó tanto activismo. En varias ocasiones me acompañó y colaboró. Todo era pro-bono. En mi casa se organizaban cenas, comidas y encuentros de políticos. Se construían proyectos y se discutía la situación del país bajo la administración de Salinas de Gortari.

A través de Alianza Cívica se organizó en todo el país la primera observación ciudadana amplia de elecciones federales. Queríamos acabar con todas las trampas y esquemas de clientelismo que había desarrollado el PRI a través de los años. Apostamos observadores en una muestra de casillas electorales, logramos hacer un conteo rápido de los resultados y emitir una opinión sobre la calidad del proceso.

David y yo nos llevamos una brigada de Alianza Cívica a la Zona Zapatista a realizar observación electoral a petición del EZLN. Una experiencia conmovedora e irrepetible. Por primera vez las mujeres de las comunidades acudían a depositar su voto y no eran los esposos que llevaban sus credenciales para votar por ellas. Primero votaron las mujeres, luego los hombres de las comunidades y al final la milicia zapatista. Al terminar la observación, los zapatistas no nos dejaron salir de la zona sino hasta que Ofelia Medina y Juan Bañuelos con la Cruz Roja Internacional salieran con toda la documentación electoral. Al salir de los límites de la zona encontramos al ejército rodeándola y fuimos ampliamente fotografiados.

En 1995 seguí colaborando en la preparación de la participación de México en la Conferencia de la Mujer en Beijing. Encabezaba yo los trabajos técnicos y con Gloria Brasdefer logramos articular a mujeres del gobierno y de los partidos, a las académicas y a integrantes de las organizaciones del movimiento feminista. Ahí conocí a Cecilia Loria con quien después impulsamos Causa Ciudadana una Asociación Política Nacional y a Patricia Mercado quien fuera candidata a la presidencia de la República en una elección posterior y que en ese momento lideraban al movimiento feminista.

La delegación para asistir a la Conferencia tuvo la intervención del Vaticano que exigía subir a la misma a mujeres representantes de los sectores más conservadores y retrógrados respecto de los derechos de las mujeres. Así lo hizo en todas las delegaciones de América Latina en algunas con mucho éxito como con la delegación Argentina y la Guatemalteca. Tuvimos que defender las posiciones ganadas en la delegación mexicana por varias mujeres que habían participado activamente en los grupos y conferencias preparatorias.

Sin embargo, lograron incorporar a dos personajes de la derecha más recalcitrante. Una de ellas particularmente, Paz Gutiérrez Cortina, nos hizo la vida pesada pasando información y grabaciones distorsionadas y manipuladas sobre las intervenciones de la delegación mexicana a las redes de información que había armado el Vaticano y la Iglesia Católica Mexicana.

Al regresar a México de Beijing nos esperaban en el aeropuerto un grupo amplio de periodistas y los jefes de la delegación prefirieron huir por la puerta de atrás y evitar a la prensa. La delegación fue calificada de abortista por que México no denunció a la Plataforma que resulto de la Conferencia como si lo hicieron las delegaciones de la región copadas por el Vaticano. Olga Pellicer una funcionaria ejemplar del Servicio Exterior Mexicano jugó un papel fundamental para que México preservara su posición de siempre acompañar los documentos que emanaban de reuniones internacionales de Naciones Unidas.

El gobierno mexicano en ese momento presidido por Ernesto Zedillo, optó por abandonar el reconocimiento del buen papel que había jugado la delegación mexicana en la Conferencia y solas tuvimos que enfrentarnos a la difamación y a las mentiras creadas por los grupos “defensores de la vida” en la opinión pública.

Personalmente y por mi condición de judía procuré no involucrarme en los temas de derechos y salud reproductiva que constituían una parte medular de la Conferencia después de los avances que se habían logrado en la materia en la Conferencia de Población que se había realizando antes en El Cairo. La mayoría de las representantes de las organizaciones feministas que integraron la delegación mexicana se concentraron en ese tema.

 

Las tesis sobre el desarrollo social

Siempre he pensado que en las economías de mercado como la nuestra el bienestar de las personas y las familias depende fundamentalmente de sus oportunidades de trabajo y de las retribuciones que reciben por éste. Si bien el Estado puede proveer una serie de bienes y servicios públicos como educación, salud, infraestructura urbana, recreación, transporte subsidiado, etc. es el ingreso que reciben las personas y las familias el que les permite acceder a los bienes y servicios que requieren para hacer la vida. Cuando las sociedades no tienen la capacidad o no se preocupan por ofrecer trabajos dignos adecuadamente remunerados, a sus poblaciones y especialmente a los jóvenes que recién están ingresando a los mercados de trabajo, las personas se ven obligadas a realizar actividades informales e incluso delincuenciales dado que la economía de mercado les exige contar con dinero para comprar lo que necesitan. Pero además los medios de comunicación masiva les generan necesidades adicionales que se convierten en aspiraciones de consumo como es todo lo relacionado con el desarrollo de artefactos tecnológicos, la compra de relojes sofisticados o de autos de lujo.

Si además el Estado se va retirando como ha venido sucediendo en las últimas décadas, de la provisión de servicios y bienes públicos suficientes y de calidad, la vida de las familias se va deteriorando y se ven obligadas a echar mano de todos sus miembros para trabajar y generar ingresos. Esto a su vez afecta, la calidad de las tareas de crianza y cuidado de los miembros de las familias. Los niños, niñas y adolescentes empiezan a pasar muchas horas solos pues todos los adultos de la familia tienen que ocuparse en obtener ingresos. La reducción del tiempo destinado por las familias a la economía del cuidado y la pérdida de calidad e insuficiente cobertura de los bienes y servicios públicos que ofrece el Estado para apoyar a las familias son desde mi óptica factores precursores de las violencias y de la delincuencia que nos agobia. Como sociedad estamos construyendo seres humanos abandonados, solos, enojados, con una deficiente transmisión de saberes para la vida y fallas en el desarrollo de su sicoafectividad.

Al estar involucrada en el estudio del empleo me fui introduciendo en tres campos de la economía social relacionados profundamente con la vida de las mujeres. En primer lugar, lo que refiere a la incorporación de las mujeres en el empleo o lo que se conoce como trabajo productivo. La década de los años setenta cuando yo era directora nacional del empleo la incursión de las mujeres en el mundo del trabajo se hizo claramente evidente y empezamos a estudiar cómo fueron cambiando sus tasas de participación en la actividad económica por edades, las sectores y las ocupaciones a las que ingresaban, las horas que trabajaban, los ingresos que recibían. Este campo se volvió una línea de trabajo de los estudios del feminismo y yo contribuía con análisis y reflexión en ellos.

Más adelante me propuse estudiar los efectos de las crisis económicos en los arreglos domésticos para saber cómo enfrentaban los grupos familiares las caídas en los ingresos. Estudiamos por una parte los cambios en las modalidades de participación de los integrantes de las familias en las actividades para obtención de ingresos, observando cómo ha venido aumentando el tiempo que las familias destinan a ese tipo de actividades acelerando la incorporación de mujeres, de jóvenes e incluso de niños y niñas o extendiendo los horarios de quienes trabajan. Por otra empezamos a verificar los cambios en los patrones de consumo y gasto.

Estas investigaciones nos condujeron al tercer campo de estudios que se relaciona con las transformaciones que experimenta la estructura, funciones y conformación de las familias ante los cambios económicos, sociales, culturales y políticos en su entorno. Por muchos años el movimiento de mujeres rechazó tener una postura clara frente al tema de las familias. Consideraban que la sociedad androcéntrica entendía siempre por familia a la básicamente constituida por la relación entre madre e hijo y que las políticas de familia acababan siempre reforzando esa relación y reduciendo a la mujer a su papel de madre. Los Hospitales de la Madre y el Niño que se construyeron en una época de la política de salud y las actividades del Sistema Integral de Atención para la Familia (DIF) se fundamentaban en esa concepción y ambas políticas eran fuertemente rechazadas por el movimiento feminista.

Desde mi perspectiva estos extremos han producido una gran ausencia de políticas públicas de apoyo a las familias por lo que desde finales de los noventa y hasta la fecha uno de mis intereses ha sido promover el conocimiento sobre las transformaciones que experimentan las familias en México y cómo la falta de políticas públicas de apoyo ha venido generando vacíos en el papel que juegan las familias en la construcción y socialización de la infancia y la adolescencia.

Otro interés ha sido el apoyar el reconocimiento del aporte que hace el trabajo reproductivo o la economía del cuidado en la construcción de seres humanos y como el hecho de no valorarlo ha provocado su abandono o la reducción del tiempo que las familias destinan al mismo para concentrar sus recursos de trabajo en actividades generadoras de ingresos. Incluso escribí un artículo sobre el colapso de la economía del cuidado en Ciudad Juárez como una de las causas subyacentes en la violencia que ha dominado esa ciudad por varios años.

De manera natural las investigaciones sobre empleo y mercados de trabajo, sobre la participación de las mujeres en el trabajo productivo y reproductivo, sobre las transformaciones de las familias, sobre la economía del cuidado, sobre política social y con mi aprendizaje sobre demografía en El Colegio de México al haber tenido oportunidad de interactuar con los demógrafos mexicanos pioneros como Raúl Benitez Centeno, Gustavo Cabrera, Romeo Madrigal y José Morelos, me llevaron a buscar explicaciones económicas, sociales y culturales de las violencias y la delincuencia que afloraron en México desde mediados de la década pasada.

Iniciamos con una investigación en 2003 sobre la situación social de Ciudad Juárez en una colaboración con el Consejo Ciudadano para el Desarrollo Social donde participaban varios amigos míos de las organizaciones civiles locales que estaban preocupados y desesperados por el problema de los feminicidios. Las autoridades del gobierno de Fox querían hacer intervenciones por el lado duro de investigación, sanciones y castigo penales. A mí me surgió la idea que debajo de la punta del iceberg que representaban los feminicidios había una violencia estructural que se había venido desarrollando en Ciudad Juárez durante varias décadas y que tenía que ver con la forma en que fue extendiéndose la ciudad, su ubicación como ciudad de frontera al servicios de los habitantes de El Paso, las actividades económicos que se generaron en ella, el fuerte impulso a las migraciones para atraer trabajadores hacia las maquilas, la ausencia de Estado de Derecho, las grandes omisiones de políticas públicas que acompañaran la llegada de miles de trabajadores y especialmente trabajadoras, etc. El trabajo lo hicimos platicando y entrevistando a personas de Ciudad Juárez y leyendo y resumiendo investigaciones sobre distintos temas. Nos dimos cuenta que la realidad cambia mucho más rápido que la posibilidad de sistematizarla en investigaciones académicas y que platicar y escuchar a las personas arroja pistas interesantes y valiosas sobre lo que está ocurriendo en la realidad.

Los resultados de la investigación fueron publicados por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez en 2007 como La Realidad Social de Ciudad Juárez y dieron inicio a la polémica sobre el enfoque que debe adoptarse para enfrentar las violencias y la delincuencia en México. Con apoyo de algunos funcionarios del gobierno federal continuamos impulsando y apoyando las investigaciones diagnósticas sobre las causas sociales, culturales y económicas de las violencias para sustentar un enfoque de prevención social de estos fenómenos. En 2010 se estudiaron seis áreas metropolitanas con la metodología que desarrollamos desde INCIDE Social A.C. y en 2011 y 2012 se asignaron recursos del Subsidio para la Seguridad Municipal (SUBSEMUN) para que los municipios que recibían recursos de ese fondo pudieran emprender estudios diagnóstico con nuestra metodología. En la actualidad hemos logrado rescatar alrededor de 80 diagnósticos municipales.

La discusión sobre los enfoques para atender las violencias y la delincuencia entre uno de prevención social versus otro centrado en seguridad policial y militar se iniciaron en el país durante el gobierno de Felipe Calderón. Este optó por impulsar el segundo enfoque durante varios años con resultados funestos y más de 100 mil personas asesinadas, hasta que en 2011 se vio obligado a adoptar un intento incompleto y fragmentado de acciones de prevención social en Ciudad Juárez bajo la estrategia “Todos Somos Juárez”. El Gobierno de Peña Nieto desde su inició adoptó como central el enfoque de prevención social y empezó a promoverlo en los municipios más afectados por la delincuencia en el país.

Mi postura personal es que los enfoques no se contraponen y que deben combinarse y dosificarse adecuadamente según el nivel del problema de violencias y delincuencia que se pretende enfrentar. El símil es la salud, la prevención es útil cuando el cuerpo aún no se encuentra enfermo o muy enfermo y aún se le puede rescatar y prevenir que caiga enfermo o que se agrave. Pero cuando la enfermedad ya es muy grave lo que tiene que aplicarse son tratamientos fuertes que expulsen el mal para restaurar la posibilidad de mantenerlo sano con acciones preventivas. Lo que hay que evitar es que el enfermo se muera.

 

Presentación de la revista Coyuntura Demográfica

 

Agradezco a Silvia Giorguli la invitación y la oportunidad para participar en la presentación del segundo número de la revista digital Coyuntura Demográfica, un esfuerzo entendería yo de la Sociedad Mexicana de Demografía.

Desearía iniciar este comentario felicitando la iniciativa pues me parece que hace un aporte fundamental a la divulgación de temas centrales de los estudios demográficos. Su formato consistente en textos breves de cinco cuartillas incluyendo figuras relevantes y bibliografía, permite a las personas interesadas aunque no especializadas, una actualización rápida de cuáles son las preocupaciones e intereses actuales de los expertos académicos en el campo de los estudios de población y cuáles son los principales cambios y tendencias de la estructura y dinámica poblacional.

Se trata de 18 artículos que de manera sintética y clara dan cuenta de los hallazgos más relevantes en temas fundamentales de los estudios de población como es la evolución reciente de ésta a partir de la conciliación de las cifras censales de Virgilio Partida, los cambios en las tendencias y volúmenes de la migración de René Zenteno o la evolución de las tasas de fecundidad y de la mortalidad materna de Rosario Cárdenas. Incluyen también los resultados de la exploración de nuevos campos de trabajo de la demografía como es el artículo de Landy Sánchez sobre el consumo energético de los hogares en México o la visión demográfica de los feminicidios de Carlos Echarri y como suele ocurrir en esta disciplina, no falta un tercer grupo de artículos que revisan la calidad de los sistemas de producción de información para estudiar ciertos fenómenos como son el de Ruvalcaba y Schteingart por cuanto al análisis de la vivienda y la estratificación urbana, el de Manuel Angel Castillo en relación a la información sobre extranjeros, el de Sonia Fernández sobre las estadísticas vitales y el relativo a la evaluación de las declaraciones de edad en censos y conteos, formulado por Alejandro Mina. No cabe duda que el aprovechamiento intenso y creciente de la información demográfica producida en México retroalimenta de manera poco equiparable con otras disciplinas a los productores de información y un compromiso permanente de los investigadores en población ha sido examinar con gran detalles los conceptos, los datos y los métodos de captación para señalar las bondades y los riesgos cuando se usa una u otra fuente. Ello aporta a le mejora sostenida de la producción de información demográfica en el país.

La Revista trajo a mi memoria dos importantes esfuerzos que conducidos por Raúl Benitez Zenteno realizaba la comunidad académica de demógrafos. El primero consistía en la realización de una serie de monografías censales una vez que se daban a conocer los resultados de los Censos de Población. Raúl convocaba no sólo a los demógrafos sino también a economistas, antropólogos y sociólogos cercanos a la comunidad de estudios de población para que con base en tabulaciones especiales del Censo que producía el propio INEGI, se pudiesen efectuar estudios a mayor profundidad de los distintos campos incluidos en los cuestionarios censales. Se trataba entonces de aprovechar la evolución que habían tenido los sistemas de cómputo para realizar cruces más sofisticados de los datos y explotar las que fueron las primeras muestras extraídas de la enorme base de datos censales. Se buscaba también motivar a los expertos facilitándoles el manejo de la información, para que realizaran una lectura más compleja de la información censal, como plataforma para las investigaciones de la siguiente década. Seguramente algunos de mis amigos y amigas ahora maestros e investigadores eméritos recordarán mejor que yo cuántos de estos ejercicios se hicieron. Entonces todavía no había las facilidades que existen ahora para manejar bases de microdatos y se requería de un esfuerzo colectivo y concertado con el INEGI para efectuar la tarea.

El otro proyecto también encabezado por el maestro Raúl Benítez Zenteno durante 16 años, consistió en la elaboración de una revista anual denominada Demos en donde nuevamente se convocaba a expertos en temas de población para que en artículos muy breves pudieran contarle al público interesado lo qué estaba ocurriendo en materia demográfica. Mi recuerdo personal en dos o tres números en que fui invitada a colaborar, eran las fantásticas reuniones de preparación y discusión de los materiales a ser publicados. Raúl se las ingeniaba para reunirnos en algún lugar fuera de la Ciudad de México en donde además de conversar sobre los materiales, convivíamos y forjábamos una amistad que perdura hasta la fecha. Benítez Zenteno fue un hombre con un fuerte compromiso social, que además de trabajo intelectual, generaba comunidad y afectos.

Cuando recibí los materiales impresos que me envió Silvia de la revista que hoy se presenta, primero me asusté por el volumen pero en la medida que fui revisando los materiales sentí una enorme alegría por dos razones. La primera porque encontré la iniciativa como muy cercana a las dos promociones que les relaté: se trata de artículos breves, realizados por expertos, utilizando en la mayoría de los casos los datos del Censo de Población del 2010. En segundo lugar porque a medida que leía los artículos iba encontrando respuestas claras a una serie de inquietudes que venía yo acumulando sobre los cambios en la dinámica y estructura de la población en México derivadas del gusanito que sembraron en mi Victor Urquidi, Raúl Benitez, Gustavo Cabrera, Pepe Morelos y muchos otros amigos y amigas demógrafos de El Colegio de México y del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

Además como parte de mi quehacer ha sido la promoción de investigación para la toma de decisiones y la incidencia en políticas públicas fuera de la comunidad académica formal y más en el activismo cívico, por la dificultad que entraña hacer un seguimiento puntual de la literatura especializada, se me habían ido acumulando dudas en dos sentidos. Uno en relación con la forma en que estaban evolucionando las variables demográficas fundamentales y otro sobre las oportunidades que los censos, las nuevas y diversas encuestas y la sistematización de registros administrativos apoyadas por la maravillosa evolución de la informática, estaban abriendo para explotar bases de microdatos y resolver dudas y definir magnitudes de fenómenos sociales que sabíamos ocurrían pero que por su complejidad y la dificultad para aprenderlos, resultaba muy difícil conocer su magnitud y sus características.

Cito a continuación algunas de esas dudas en donde la lectura de la revista me fue iluminando de manera sintética y concreta.

Una primera interrogante tenía que ver con la calidad y confiabilidad del Censo de Población del 2010. Entre aquellos que seguimos o estudiamos los Censos de la segunda mitad del siglo XX había una especie de convencimiento: a un censo bueno seguía un censo malo y cada vez que venían los preparativos de un nuevo censo de población había que sentarse a discutir con los encargados de llevarlo a cabo, cuando así lo permitían, a fin de evitar que hicieran grandes cambios en los temas captados y promover que introdujeran nuevos temas relevantes. El artículo de Virgilio Partida deja muy claro que la cobertura del censo de 2010 fue muy buena, 99.5% de la población y que los subregistros siguen estando en la infancia menor de tres años y en los varones de ciertas edades, que además la sorprendente cifra de población del Censo para algunos, sireflejaba una realidad a partir de las conciliaciones interesales efectuadas por la Sociedad Mexicana de Demografía.

En los últimos años y así se registra también en la revista, el tema migratorio ha ido adquiriendo mayor relevancia; mi duda en esta materia radicaba en saber qué estaba ocurriendo con los saldos migratorios con Estados Unidos. Todavía hasta el 2006, 2007 estábamos con cifras de un saldo de más de medio millón de mexicanos que se quedaban en Estados Unidos. El fenómeno debió dar un vuelco espectacular con la crisis del 2008 y en el artículo de René Zenteno encontramos la respuesta puntual: hay actualmente un saldo migratorio nulo por la crisis y el consecuente retorno de más de un millón de mexicanos en la administración Obama, acelerado este por la caída de la industria de la construcción y las políticas antimigratorias impulsadas por varios gobiernos estatales de Estados Unidos. Ese retorno ha sido muy doloroso para muchas familias por las separaciones a que ha dado lugar y por el impacto en niños y jóvenes que nacieron y se criaron en Estados Unidos y que llegan a un contexto social y cultural que les es ajeno.

Los artículos de Claudia Masferrer, el de Lozano y Gandini y el de Riosmena y González son buenos ejemplos de las mayores oportunidades disponibles actualmente en materia de bases de información para poder profundizar en la naturaleza y la especificidad del fenómeno migratorio como es la migración calificada o el grado de protección social que tienen los adultos mayores que retornan.

Un tema que me ha preocupado es el posible efecto en la tasa de fecundidad y en la mortalidad materna derivado de la política conservadora en materia de población que hemos sufrido en los doce años de gobiernos panistas. Rosario Cárdenas en su contribución a la Revista nos sintetiza y corrobora algo que era de esperar: el enlentecimiento de la disminución de la tasa de fecundidad, el aumento del embarazo en edades jóvenes y pocos cambios en la tasa de mortalidad materna que continúa resultando muy elevada comparativamente con otros países de desarrollo semejante al nuestro. Esperemos que el conservadurismo económico previsible en el próximo gobierno priista no se vea acompañado del conservadurismo moral que contagió a varios de sus legisladores en los Estados en relación con la legislación sobre el inicio de la vida.

Un artículo que me produjo un enorme gusto es el de Cecilia Rabell y Edith Gutiérrez pues por alguna razón derivado de mi participación en algunas de las reuniones de consulta para el Censo de Población del 2010 me quedé con la idea de que aún la precaria posibilidad que daban los Censos anteriores para reconstruir arreglos familiares a partir del registro de relaciones de parentesco con el jefe del hogar, se iba a ver afectada por cambios que se introducirían en la forma de captar a los hogares en el nuevo Censo. Una parte importante del trabajo de INCIDE Social A.C. se ha centrado en promover investigación y crear articulación entre la academia y el activismo cívico para incidir en el desarrollo de una política pública hacia las familias, reconociendo su diversidad y las transformaciones en su estructura y dinámica. Consideradas como el ámbito inicial de construcción de los seres humanos hemos promovido su análisis en las investigaciones diagnósticas que hemos impulsado y apoyado en varias ciudades y municipios del país sobre las causas económicas, sociales y culturales de las violencias. Derivado de este esfuerzo teníamos y tenemos muchas preguntas y el artículo incluido sobre ¿Con quién vivimos los mexicanos? nos indica que la luz parece empezarse a abrir en el camino de oscuridad que por tanto tiempo ha experimentado el estudio de las familias en México. Por ejemplo, en las ciudades que vivieron crecimientos muy rápidos de su población como son las de maquila, observábamos un fenómeno recurrente que es la presencia de familias recompuestas o reconstituidas, donde los cónyuges arriban a la relación con hijos propios provenientes de arreglos familiares previos, así como la presencia de familias integradas por miembros con relaciones de parentesco pero que no parten de la presencia de los progenitores con sus hijos, como es el caso de las llamadas familias dona constituidas por abuelos y nietos solamente o las de tíos con sobrinos. Las estimaciones que realizan las autoras con base en datos censales nos dicen que en el país había poco más de 325 mil familias reconstituidas, y que 929 mil familias están formadas por corresidentes emparentados. Un fenómeno interesantísimo detectado por las autores es la presencia de 24 mil familias poligámicas donde más de la mitad están constituidas por un jefe con varias esposas. No me quedó muy claro cómo está conformado el resto de este tipo de arreglos, pero indudablemente incluyen formas de relación derivadas de otras culturas y modalidades de convivencia que rompen con los patrones tradicionales. Otro dato relevante es el hecho de que la mayoría de las parejas en relaciones homosexuales 172 mil tiene hijos y conforman familias nucleares. Sólo 57 mil constituyen parejas solas.

Bueno podría yo continuar contándoles lo valioso que me resultó el que Silvia me pidiera hacer este comentario y descubrir este gran aporte que la Sociedad Mexicana de Demografía y las y los autores de los textos están haciendo a la cultura sobre población en México mediante la publicación electrónica de Coyuntura Demográfica.

Para terminar sólo quisiera compartirles una preocupación que me surgió al examinar los textos que alcancé a revisar pues me faltó leer unos cuatro de ellos. Esta preocupación consiste en la casi ausencia total del tema de violencias. De lo leído sólo encontré la referencia que hace Virgilio Partida al incremento entre 2005 y 2010 en el riesgo de morir de los hombres que estaban entre 15 y 44 años en donde los esfuerzos por reducir la incidencia de diabetes se han visto neutralizados por la violencia creciente que ocurre en el país. El otro artículo es el de Carlos Echarri sobre el feminicidio en donde el autor muestra además de la magnitud y comportamiento del fenómeno su justa indignación por lo que está ocurriendo.

En las investigaciones diagnósticas que desde INCIDE Social hemos venido promoviendo sobre las causas sociales de las violencias uno de los capítulos solicita que se analice el posible impacto que han tenido las violencias en los cambios en la estructura y dinámica de la población de las ciudades y municipios estudiados, así como la forma en que las violencias han afectado a la demografía local. Otro capítulo solicita lo mismo respecto de la evolución de las familias.

Consideramos así que cambios en la población y en las familias pueden ser factores de riesgo o generar condiciones propicias para el aumento de las violencias y que en cambio otros, pueden constituirse en factores protectores. Incorporar lo que podríamos llamar el enfoque de violencias en los estudios de población me parece una tarea poco explorada en nuestro país y abre un campo de hipótesis muy interesante y útil para sustentar políticas de prevención social de las violencias.

Bueno, hasta aquí mi comentario y nuevamente muchas felicidades a las y los autores, así como a los promotores de este importante proyecto.

 

 

 

Las consecuencias sociales del poder de las televisoras en México

Me da mucho gusto participar en este evento para conformar LA COALICIÓN CIUDADANA DEMOCRACIA Y MEDIOS: La telecracia no es democracia, una convocatoria de AMEDI para que un mayor número de personas y organizaciones exijamos a la clase política que controla los poderes del Estado que se libere de la subordinación, extorsión y amenazas del duopolio televisivo, lleve a cabo un cambio de política pública en materia de telecomunicaciones y promulgue las leyes que amplíen el acceso de otros actores a los servicios de radio y televisión, reconozcan y fortalezcan los medios públicos y comunitarios y regulen el funcionamiento del sector de telecomunicaciones en beneficio de todos los mexicanos.

Se trata también de mostrar a las poderosas empresas televisoras que la ciudadanía está harta de los daños que causan, de las enormes ganancias que obtienen y del poder de hecho que detentan. La democracia en el país se encuentra obstaculizada por la concentración de los medios de comunicación, por la pésima calidad de sus contenidos y por las limitaciones que imponen a la expresión y al encuentro de la diversidad social, económica, étnica, generacional y territorial.

 

 

En este contexto quisiera usar mi intervención para contar brevemente un episodio de esta vieja lucha por la democratización de los medios de comunicación, conocido por muchos de los presentes, pero me parece útil recordarlo por el momento de la historia del cambio democrático en que tuvo lugar. Quiero también señalar las consecuencias sociales que derivan del poder del duopolio televisivo y del enorme daño que causa a nuestra convivencia.

Hace diez años en 2002, un grupo de organizaciones civiles, expertos y académicos nos avocamos a desarrollar una propuesta del Ley de Radio y Televisión conscientes de que para los partidos políticos resultaba muy difícil hacer y promover una propuesta de democratización de los mismos por la subordinación que tenían y siguen teniendo respecto del duopolio televisivo, y que podría resumirse en algo así como “enfrentárseles es suicidarse políticamente”.

Reconocíamos además que ni la Secretaría de Gobernación entonces a cargo de Santiago Creel, ni la presidencia de la República tenían un compromiso verdadero con la transición democrática del país y que no se esforzarían por promover las reformas de Estado tan necesarias para desarmar la institucionalidad del régimen autoritario que vivimos por setenta años.

 

 

Las mesas para la reforma del Estado montadas por la SEGOB después de la entrada del PAN a la presidencia, no eran más que simulaciones para mediatizar los ánimos democratizadores que motivaban a muchas organizaciones y personas. Pero la señal de que todo había cambiado para quedar peor como hemos visto en estos doce años, fue el famoso beso de Martha Sahagún a Bernardo Gómez alto funcionario de TELEVISA después del acuerdo donde el Estado Mexicano cedía a las televisoras tiempos de Estado que servían para difundir información del sector público.

Lamentablemente y contra todo lo esperado, los gobiernos panistas poco han hecho para que la democracia sea percibida por los mexicanos como un mejor régimen político y además, nos han conducido a una situación de emergencia nacional por vía de la guerra declarada contra el narcotráfico.

A pesar del esfuerzo realizado por cuatro senadores Corral, Bartlett, Vicencio y ………. para promover una reforma legislativa que democratizara los medios de comunicación, la poderosa telebancada encabezada por Emilio Gamboa en el Senado de la República, la negativa de la fracción del PRI para apoyar la nueva legislación, la tibieza del Poder Ejecutivo y la sistemática presión, amenaza y extorsión que ejercen las empresas televisoras sobre legisladores y servidores públicos, condujo en 2005 a la aprobación de una contrareforma en materia de radio y televisión diseñada desde el área jurídica de Televisa.

 

 

De entonces a la fecha los beneficios del gobierno hacia las empresas televisoras han continuado avanzando y a pesar de las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia para modificar varios artículos de la Ley Televisa, el Congreso ha sido omiso. Fuera de la reforma electoral del 2007-2008, el Congreso ha sido anuente al aumento del poder de las televisoras.

Sé que este es sólo un pequeño y conocido fragmento de una histórica batalla y que antes y después ha habido diversos esfuerzos para acabar con ese enorme poder de hecho. El papel de AMEDI ha sido fundamental en este propósito en los últimos años.

A estas alturas de nuestra frustrada democracia, como consecuencia de las omisiones, la corrupción, el miedo y la subordinación del gobierno federal y de las cúpulas y fracciones partidarias tenemos un engendro imparable que violenta impunemente las leyes. Utiliza a sus ejércitos de abogados para destruir vidas, arrebatar propiedades y cometer fraudes financieros como lo ha hecho el Sr. Ricardo Salinas, ejemplo de la mala ética privada en el país, o que como es el caso de TELEVISA construye y promueve candidatos a la presidencia del país, tiene capturadas diversas áreas del Estado y concentra y controla el negocio del deporte y del entretenimiento y con ello la vida y destino de miles de personas que se ocupan en estos sectores.

Pero lo que quisiera destacar en esta intervención es el enorme costo social que para el país ha significado la concentración privada de los medios de comunicación electrónica por más de cincuenta años.

Estoy convencida que muchos de los síntomas graves de esto que estamos llamando emergencia nacional tienen que ver con construcciones históricas perversas que como sociedad hemos tolerado y dejado que ocurran y que además se han acelerado a partir del modelo de liberación del mercado y reducción del Estado, vigente en el país desde hace 30 años.

En esas construcciones históricas perversas los medios electrónicos han contribuido de manera destacada. Son causa eficiente de la obesidad y malnutrición, de la normalización de la violencia, de la ruptura de tejido social y la creciente individuación y del consumismo como forma de realización personal.

Los medios de comunicación junto con las familias, la escuela y los grupos de pares son los agentes de socialización de las personas. Son agentes que transmiten la cultura a los nuevos seres humanos que se incorporan a las sociedades: influyen en la alimentación, en la forma de hablar y decir las cosas, en la forma de resolver los conflictos, en los modelos de cortejo y relación con otros, en la forma de relacionarnos con el medio ambiente, entre otras muchas cosas.

Los medios son una herramienta fundamental de la cultura y la civilización actual y es para México una verdadera desgracia que paulatinamente hayan quedado en las manos de empresarios privados cuya calidad moral es muy cuestionable y que los gobiernos y los poderes legislativos hayan renunciado a su función reguladora y a su obligación de proteger los derechos de todos y todas frente a las intervenciones de terceros.

Los medios electrónicos no están interesados ni comprometidos con la formación de seres humanos dignos, responsables, conscientes, críticos. Su objetivo es convertirnos a todos en consumidores acríticos.

Al hacer uso de los conocimientos más actualizados de la psicología nos colocan modelos aspiracionales de consumo, de comportamiento y nos proponen ídolos. Ellos nos establecen el deber ser y alimentan con ello las conductas violentas para alcanzar esos modelos, ante una sociedad tan profundamente desigual y excluyente como la nuestra.

Para la sociedad mexicana representa una alto costo y tiene consecuencias graves las miles de horas que los niños, las niñas y los adolescentes pasan frente a las llamadas “cajas idiotas” con una programación insulsa, de pésima calidad y malintencionada para convertirlos en consumidores desde pequeños y en votantes dóciles de adultos.

 

Construyamos la Coalición Cuidadana Democracia y Medios y demos la bienvenida a esta lucha al movimiento de los jóvenes universitarios. Harían una enorme contribución a la historia de este país si lograran la ruptura del duopolio privado de los medios de comunicación, obligando a los poderes del Estado mexicano a cumplir sus obligaciones de protección y garantía de los derechos humanos de todas y todos y entre ellos el derecho al acceso al conocimiento y a los desarrollos tecnológicos y científicos más actualizados. el derecho a la información y el derecho a la libertad de expresión.

 

Comentarios al texto de la fragmentación y la rendición de cuentas presentado por Bohórquez, Morales y Ocejo. Red por la Rendición de Cuentas

 

  1. El texto refiere en general a los temas de asociacionismo y participación ciudadana y me parece que pierde su especificidad sobre lo que ocurre en materia de rendición de cuentas. Si bien los problemas del asociacionismo en México enmarcan las posibilidades de evolución de las actividades de rendición de cuentas, habría que diferenciar con mayor claridad que es lo que afecta a estas últimas.
  2. Hay una necesidad de diferenciar con mayor claridad las aseveraciones del texto que se refieren a las condiciones generales de la participación ciudadana y el asociacionismo respecto de las actividades concretas de participación en materia de rendición de cunetas.

Me parece que falta un análisis más certero desde dos ópticas: ¿por qué tan pocas organizaciones de la sociedad civil trabajan el tema de rendición de cuentas y por lo tanto, las redes en la materia son tan débiles? y ¿cuáles serían los contextos externos más propicios para que esta actividad pudiera realizarse con más éxito y efectividad? Son dos ópticas interrelacionadas pues en la medida que las actividades de rendición de cuentas tuvieran más éxito y se convirtieran en un mecanismo de exigibilidad y justiciabilidad es decir, tuvieran cierto nivel vinculatorio de sus resultados con la gestión gubernamental, seguramente más organizaciones se incorporarían a esa actividad

Personalmente me parece más relevante analizar cuál es el contexto cultural general que hace que pocas organizaciones entren al tema y creo que tiene que ver con el alto nivel de corrupción y de impunidad que ha alcanzado el uso y apropiación privada de los recursos públicos, no sólo monetarios sino todo lo que implica lo que llamamos “captura del Estado” incluyendo como espacios y herramientas de enriquecimiento ente otros las instituciones mismas, los trámites, las licitaciones viciadas, los puestos de trabajo, las propiedades, las concesiones y permisos, hasta las posibilidades de endeudamiento como estamos viviendo en estos días lo ocurrido en Coahuila.

Es decir, las instituciones del Estado se han convertido en fuentes de ingreso, riqueza y poder de individuos y grupos privados y por lo tanto, esos grupos en su calidad de funcionarios públicos o de legisladores, no tienen el más mínimo interés o lo que ahora se llama “incentivos” para dejar pasar legislación, ni construir instituciones, ni en proveer de fondos públicos a organizaciones que les limiten esta fantástica fuente de ingresos y riqueza.

Por ejemplo, en la tan promovida por algunos sectores de OSC, de la minuta de la reforma política en discusión, no aparecen por ningún lado, dos figuras muy relacionados con el tema de rendición de cuentes: la revocación de mandato y las limitaciones al fuero. Sólo se incluye la reelección como un camino hacia la sanción al funcionario electo por una mala gestión, sin embargo el PRI se opone porque significa limitar el poder del partido para decidir el destino de su élite partidaria y por lo tanto le significaría, una perdida de control sobre éstas.

  1. Me parece muy fuerte sostener como se hace en el documento que el marco fiscal vigente limita de manera deliberada las iniciativas para lograr un tejido especializado en la rendición de cuentas por parte del gobierno y sus instituciones

Personalmente siempre he tenidos dudas si la conversión de las organizaciones en donatarias va a tener un efecto positivo en su financiamiento dada la escasa cultura de donación que existe en el país y menos hacia organizaciones que hacen incidencia en política pública. Incluso las limitaciones que se colocan en la Ley del Impuesto sobre la Renta para la conversión de las organizaciones en donatarias, lo que está reflejando es una clara oposición del ejecutivo y del legislativo de que lo que ellos consideran recursos públicos, entendidos como los impuestos que se dejan de recibir por las donaciones, sirvan para financiar actividades de las OSC que los critiquen, los exhiban, o pretendan controlarlos. Esa discusión emergió cunado se trataba de ampliar el campo hacia las organizaciones que defienden derechos humanos. Una vez aceptada incluso se pretendió acotarla mediante el reglamento de la Ley

Una de las razones por las que las OSC hemos tenido que entrar al esquema de donatarias tiene ahora más que ver con las exigencias para acceder a fondos de fundaciones internacionales, particularmente de Estados Unidos. Por cierto, las restricciones para realizar actividades destinadas a influir en la legislación (Art 97, fr. II de la Ley) mencionadas en el documento, tiene su origen en una práctica de la legislación norteamericana que igual prohíbe a los recipendarios de recursos de fundaciones de Estados Unidos intervenir en la promoción de legislación. Incluso los abogados de las fundaciones se han vuelto cada vez más exigentes en la materia y vienen a darnos talleres sobre el tema.

Se está haciendo en el texto una liga entre ser donataria autorizada y recibir apoyos y estímulos públicos del gobierno y me parece que ello refleja alguna incomprensión de lo que ha sido la lucha por ampliar las actividades de las organizaciones civiles que podrían ser sujetas de donaciones. Primero las organizaciones tendrían que conseguir donantes y quienes se benefician en realidad son los donantes al no pagar impuestos por lo que transfieren a las organizaciones. Esos impuestos que dejan de pagar es lo que el Estado considera que deja de percibir y por lo tanto lo considera como un aporte a las organizaciones. Desde mi personal óptica esta situación no está limitando “la recepción de apoyos y estímulos públicos” directos del gobierno, como son los fondos de INDESOL o de otras instituciones de gobierno que aplican fondos específicos para apoyar proyectos de las OSC, a menos que yo me hubiera perdido algo en el camino y ahora aún la entrega de esos apoyos, requiere de un registro de donataria.

Siempre he pensado que seguir peleando por ampliar el marco de donatarias en un país tan desigual y con muy pero muy poca cultura filantrópica, es hacerle la chamba a las organizaciones dedicadas a la asistencia y a las que están asumiendo responsabilidades que correspondería estrictamente realizarlas u ofrecerlas al sector público.

Creo que sería mucho más razonable exigir la existencia de fondos públicos más amplios para apoyar el quehacer de las organizaciones civiles y sociales que contribuyen al bienestar social y a la gobernabilidad alentando la participación ciudadana, la construcción de ciudadanía y tejido social. Es decir, el reconocimiento de que las organizaciones civiles contribuyen a la vida pública.

  1. Una reflexión sobre el tema de participación ciudadana en México. La existencia de más de la mitad de la población mexicana en situaciones de pobreza, sumada a la creciente violencia en el territorio son obstáculos reales y concretos para la participación ciudadana en asuntos públicos. Las personas simplemente no tienen tiempo para participar pues tienen que dar prioridad al uso de su tiempo para medio sobrevivir. Participan temporalmente cuando se trata de asuntos colectivos relacionados con su supervivencia o su bienestar inmediato como conseguir agua potable, pavimentación o drenaje, acceso de sus hijos a las escuelas y becas. Los sectores medios también están en una situación de proteger lo que han logrado y poco les interesa la vida pública y la política pues están cansados de las denuncias de corrupción y abuso que hacen los medios de comunicación desde hace algunos años y que no tienen consecuencia alguna sobre los corruptos y abusivos.

Los sistemas de control social de la corrupción y desvío de recursos públicos están totalmente abatidos en el país, pues han sido abusados a veces con fines políticos o bien son diluidos en infames acuerdos de las cúpulas políticas y los poderes fácticos.

Al igual que la violencia con las fantásticas campañas de la Presidencia de la República, la corrupción se está normalizando en la cultura del mexicano que con inteligencia y en afán de sobrevivencia decide violar las leyes que le son impuestas por las élites y que nada tienen que ver con su vida cotidiana.

4.- Realmente me confundió la información y la gráfica que presenta el texto. Afirma que el universo asociativo pasó en diez años de 180 organizaciones por año antes del 2000 a 405 en el 2002, a 1216 en el 2004 y a 1814 en 2008. La gráfica muestra una caída a 1440 en 2009 y hasta 387 en 2010. Se refiere al registro que lleva INDESOL?

5.- Se afirma en el último párrafo de la página 3 que existen condiciones estructurales para una mayor participación ciudadana y se han creado mecanismos tendientes a favorecerla, y se precgunta por qué no se ha logrado articular la exigencia de rendición de cuentas en el país desde la sociedad civil.   Es discutible afirmar que existen las condiciones estructurales para una mayor participación ¿Por qué hay una ley? ¿Por qué se amplió la lista de actividades sujetas a donaciones? ¿Por qué existen más fondos para apoyar las actividades de las organizaciones? Es no entender la crisis de recursos, de incidencia, de participación, de defensa de logros anteriores por la que están pasando las OSC.

No entiendo a qué se refiere el texto cuando señala en el último párrafo que en la interacción entre gobierno y sociedad… aún no se llega a la transferencia de responsabilidades o a mecanismos de gestión conjunta? Pagina 8 último párrafo

Párrafo cuarto pagina 8 no se entiende por que la descentralización, la creación de instituciones autónomas especializadas, etc.   hace más difícil el acompañamiento y la participación de la ciudadanía en los procesos.

 

JUVENTUD, DISCRIMINACIÓN Y POLÍTICAS PÚBLICAS. Algunos criterios básicos

1.- El estudio de la juventud no es mi campo de especialidad, pero si es uno de mis ámbitos de preocupación desde hace varios años. Reconozco la existencia de una creciente literatura de investigación y de organizaciones e instituciones que trabajan el tema juvenil y les expreso mi respeto.

2.- Desde hace varios años he buscado cómo aproximarme a los temas y políticas juveniles desde la mirada de las políticas sociales. Hace ya casi doce años llevamos a cabo algunos enfoques de política juvenil desde la Secretaría de Desarrollo Social del Gobierno del D.F. de forma exploratoria, de pequeña escala, pocos recursos y por un breve tiempo, obteniendo tres aprendizajes importantes. Las intervenciones con jóvenes deben:

a) Crear confianza entre los agentes de las instituciones y los grupos de jóvenes y para ello se requiere de acercamientos respetuosos, suaves, lentos, sostenidos y dialogantes. Toman tiempo e implican trabajo en el territorio. Hay que acercarse a ellos y no esperar que ellos y ellas se acerquen a las instituciones.

b) Esa construcción de procesos debe ser sinceramente participativa, como suele decirse: nada para los jóvenes sin los jóvenes

c) La principal demanda de la población juvenil de la Ciudad de México en ese momento, era la posibilidad de contar con espacios públicos: donde encontrarse con sus coetáneos, donde realizar actividades colectivas, donde expresarse en su diversidad. Me queda claro que una de las transiciones en la etapa juvenil de la vida es pasar del mundo de lo privado al mundo de lo público y de lo colectivo.

3.- Pero las cosas han cambiado fuertemente de entonces para acá y las transformaciones más importantes se han dado en el contexto social, económico, político y cultural afectando de manera particular la vida y el desarrollo de la población juvenil conduciendo a varios fenómenos que si bien, ya se venían presentando, nunca con la velocidad y magnitud que observamos en la última década:

a) Migración. Una salida espectacular de hombres y mujeres jóvenes hacia Estados Unidos para encontrar opciones de trabajo y nuevos cursos de vida. Con ello la pérdida de una gran cantidad de jóvenes con educación diversa, incluso de posgrado y una transformación de los contextos familiares por las ausencias físicas, aunque con las contribuciones de remesas para completar el gasto familiar. Desde la óptica nacional podemos afirmar que hemos estado trasladando parte del bono demográfico mexicano y de las inversiones en educación y salud realizadas en la población mexicana, para beneficio de la economía estadounidense y de su población envejecida. Representa la pérdida para el país de un promedio anual de 500 mil mexicanos en su mayor parte jóvenes, a cambio de un flujo de remesas que paulatinamente se irá reduciendo en el tiempo. Otros opinarían que decidimos exportar seres humanos al mercado internacional.

b) La profundización de una cultura adulta de discriminación, criminalización y exclusión hacia las poblaciones juveniles y la incomprensión de su diversidad, donde los cuerpos de seguridad se han convertido en el instrumento principal para perseguir y agredir a los jóvenes, principalmente a los hombres.

c) Un retroceso en los avances en materia de derechos sexuales y reproductivos de las poblaciones jóvenes y principalmente de las mujeres, ante una clase política crecientemente conservadora.

d) La presencia de una economía de la delincuencia y del crimen organizado que se ha apoderado de territorios completos en el país: municipios y estados, que utiliza a los jóvenes como sus trabajadores, ofreciéndoles oportunidades de ingreso, pero también como sus principales víctimas: como consumidores de droga, de materiales pirata y de contrabando, de sus asesinatos (juvenicidios y feminicidios), víctimas principales del secuestro y del desarrollo de nuevos delitos.

e) El uso de jóvenes como miembros del ejército y de las fuerzas públicas y privadas de seguridad para proteger a las élites y las clases medias urbanas en todo el país.

f) Una oferta insuficiente de opciones educativas en los niveles de media superior y profesional, en paralelo del deterioro creciente de la educción por la falta de calidad y relevancia de los contenidos para la realidad que viven y enfrentan actualmente las poblaciones juveniles. Recientemente en algunas investigaciones se ha encontrado que los jóvenes se aburren en las escuelas.

g) Un modelo económico que al privilegiar la economía de la producción y las ganancias privadas, altamente concentradas, ha desatendido la reproducción de su población, afectando particularmente el desarrollo de la infancia y la juventud, al precarizar los salarios y las prestaciones y flexibilizar en la realidad, los términos de las relaciones laborales. Ello además, ante la ausencia de una política de estado distributiva del ingreso y la riqueza, por los bajos niveles de carga fiscal y los privilegios que se otorgan en la materia y por el tipo de política social adoptada que se focaliza en la atención de la pobreza y no en la garantía, promoción, respeto y protección de derechos humanos.

h) Como consecuencia se observa una transformación de las familias que conlleva una precarización de la economía del cuidado y de los ámbitos de protección, aprendizaje y desarrollo de las poblaciones infantiles y juveniles frente a la ausencia de intervenciones oportunas, suficientes, adecuadas e integrales del Estado para apoyar esa economía y esos ámbitos.

Las políticas hacia, con y para la población joven en México.

 A partir de lo anterior me parece que el reto en materia de políticas juveniles tiene al menos, tres ejes:

a) El reconocimiento de la importancia de una política nacional de juventud de gran envergadura e integral, con sus claras expresiones y adecuaciones al nivel territorial y definición de responsabilidades por niveles de gobierno y con suficientes apoyos legislativos, institucionales y presupuestales. Personalmente creo que si los Institutos de Juventud han de servir para algo es para convocar y conducir el diseño de esa política nacional y de transversalizar el enfoque juvenil en todas las políticas gubernamentales y para convertirlas realmente en políticas públicas, garantizar una participación en su diseño, instrumentación y evaluación de representantes juveniles.

b) La creación de un ambiente propicio para la protección, el aprendizaje y el desarrollo de las poblaciones juveniles con cambios en las políticas económica, social, cultural y ambiental y también, en los procesos e instituciones políticas. Es decir, actuar sobre el entorno o el contexto desde la perspectiva juvenil.

c) El desarrollo de políticas públicas de, para y con los jóvenes con un enfoque de integralidad y de derechos que podríamos enunciar en los siguientes rubros en términos de derechos humanos:

  • derecho a la no discriminación y a la igualdad de género
  • derechos sexuales y reproductivos
  • derecho al disfrute del nivel más altos de salud física, mental y social
  • derecho al trabajo y del trabajo y a un nivel de vida adecuado
  • derecho a la educación
  • derechos culturales y reacceso a la tecnología y el conocimiento científico
  • derecho de acceso a la justicia y al debido proceso, de respeto a las libertades fundamentales como libertad de expresión y de acceso a la información, de reunión y de asociación, a la privacidad y al honor, a la libertad de pensamiento, conciencia y religión y a la libertad de movimiento.
  • Derecho a la vivienda
  • Derecho a un medio ambiente sano

Rogelio Marcial  considera que los espacios de mayor riesgo en la actualidad para las poblaciones juveniles tienen que ver con los campos de: sexualidad, educación, empleo, consumo de sustancias y jóvenes en conflicto con la ley lo que podría orientar las prioridades de políticas. Estas deberían ser las prioridades en el diseño de una política integral en el corto plazo.

Desde la mirada del tema que nos convoca que es la discriminación, algunos de los campos anteriores de derechos tendrían mayor relevancia, aunque en todos ellos las prácticas de exclusión de ciertos grupos de jóvenes tendrían que enfrentarse.

Siempre he pensado que la superación o atenuación de conductas discriminatorias tiene que ver con la forma en que construimos y desarrollamos a los seres humanos y que hace a cambios profundos en la cultura y que una de las intervenciones que ha probado su eficacia en esta materia, son las acciones positivas que obligan a la convivencia cotidiana de representaciones diversas.

Si en la primera infancia, etapa de la vida fundamental en el desarrollo de valores, es más difícil la intervención intencionada para propiciar la convivencia de la diversidad económica, social, cultural, religiosa, étnica, racial, de género, política y de capacidades físicas y mentales, si es factible propiciarla en las instituciones, espacios y programas públicos en etapas posteriores de la vida. Esa convivencia de la diversidad debería ser en las políticas juveniles un criterio fundamental en el desarrollo de programas públicos de educación, salud, culturales, recreativos, deportivos, laborales y de servicios y utilización de los espacios  públicos, en general.

Es necesario combatir la creciente segmentación que se observa en los ámbitos de educación como son las universidades, en los servicios de salud o en las actividades culturales y de recreación, por ejemplo, y propiciar más espacios de encuentro y convivencia de la diversidad.

Las acciones afirmativas que obliguen a la convivencia de la diversidad deberían aplicarse a los servicios privados también como son las escuelas y universidades, donde la formación de los hijos de las clases medias y altas se lleva a cabo de manera aislada sin contacto con la infancia y los jóvenes provenientes de las clases populares y en pobreza. No se trata de que acepten a uno o dos jóvenes de familias de bajos ingresos, sino que para tener un impacto real, al menos, treinta por ciento de la matrícula de escuelas particulares debería asignarse y en su caso, sea apoyada con recursos públicos, para niños, niñas y jóvenes de origen diverso.

Finalmente quisiera referirme a un tema de creciente preocupación entre la población juvenil y que es su relación con los cuerpos de seguridad ante la creciente violencia criminal e institucional en la vida de todos los mexicanos. Algunos autores señalan que los cuerpos de seguridad asumen como suyos los valores de las clases dominantes y que verán como peligrosos a aquellas personas que son consideradas como tales por las élites.

Al no existir un proyecto de las élites económicas y políticas mexicanas para la enorme población juvenil en la estructura demográfica actual del país, pues no asumen como su responsabilidad la creación de una economía que crezca, genere empleos, distribuya y sea sustentable, los jóvenes -por su energía, cuestionamiento de la autoridad y las instituciones, defensa del ejercicio de su libertad-, son colocados como poblaciones peligrosas, pues no aceptan su pertenencia a los sectores subordinados.

Los cuerpos de seguridad se convierten entonces en el instrumento para subordinarlos y si se revelan  acaban en el mejor de los casos, en los reclusorios, que tiene un elevado y creciente porcentaje de población entre 18 y 29 años, y en el peor, entre los miles de muertos por la violencia criminal e institucional.

Son las élites económicas y políticas las que deben entender el enorme riesgo en que están colocando la viabilidad del país al no reconocer y asumir el enorme valor actual y  futuro que representa la elevada proporción de jóvenes en la estructura poblacional del país. Es en etapas similares de la historia poblacional de los países desarrollados donde se hizo posible el despegue económico por las bajas tasas de dependencia.

En México en cambio, hemos elegido acosarlos, correrlos del país o destruirlos. Un grave error histórico, además de una profunda tragedia humana.

Comentarios y reflexiones en torno a la investigación sobre la contribución de las remesas a los Ingresos públicos en México

Agradezco la invitación a comentar este importante e interesante trabajo y felicito a sus autores y a NALACC por su promoción.

 Como propósitos de la investigación quisiera destacar algunos, a saber:

  1. Influir en los procesos de toma de decisiones sobre políticas que impactan la vida de los migrantes latinoamericanos, tales como las políticas económicas y las migratorias
  2. Reubicar la atención en la migración como un asunto de desarrollo más que de la aprobación de leyes migratorias.
  3. Hacer un análisis del costo-beneficio de las migraciones.
  4. Estimar la contribución de las remesas a los ingresos públicos de los países de origen de los migrantes, especialmente, vía el pago de impuestos al valor agregado (IVA) en México y en El Salvador. La atención se centra en la salud fiscal, en donde “uno de los principales instrumentos de los planes, los programas y las acciones de las políticas públicas es el presupuesto nacional”
  5. El estudio recomienda que el debate sobre las remesas y el desarrollo se enfoque en el rol del Estado para generar bienestar para sus ciudadanos y en el tipo de sociedad que se quiere promover.
  6. Trata de demostrar en que a pesar de la importante aportación que hacen las remesas al pago del IVA no existe por parte de los Estados una retribución a ello, debido a que los programas y los recursos públicos dirigidos a sus comunidades de origen son mínimas. Es decir, el Estado extrae recursos de las remesas que no devuelve a las comunidades de origen.
  7. Destacan también la contribución de las remesas a disminuir  la pobreza y la falta de oportunidades que los países ofrecen a su población misma que se ve obligada a emigrar para poder sostener a sus grupos familiares.
  8. Dos aspectos diluyen en México el efecto que podrían tener las remesas en la captación de impuestos al consumo: el primero es que una proporción muy amplia de las remesas se dedican principalmente a la comprar bienes y servicios para alimentación, salud y educación y que una parte fundamental de la canasta  que compran las familias de los migrantes tienen tasa 0 están exentas del pago del IVA. La otra es que estas familias acuden al mercado informal para hacer sus compras o bien a mercados tan precarios que no pasan por los procesos de imposición y por lo tanto no se cobra el IVA. Es decir, por el contexto regulatorio y de la organización de los mercados de bienes y servicios en el país, la contribución de las remesas a lo que los autores llaman “salud fiscal” del Estado Mexicano se ve reducida.
  9. Mediante las estimaciones  sobre el gasto en educación por niveles educativos, el tipo de protección de salud al que se acogen las familias de los migrantes (60% en el seguro popular) y el análisis del Programa 3 por 1 los autores tratan de demostrar la mayor vulnerabilidad y desventaja que enfrentan las familias de los migrantes ante el tipo y monto del gasto público en educación, salud y promoción del desarrollo que realiza el Estado mexicano. Concluyen por ejemplo que aunque el aporte fue de sólo el 4% del IVA recaudado en 2008 proveniente del gasto de las remesas en México, este representa la mitad de lo asignado por el gobierno federal al principal programa de mitigación de la pobreza Oportunidades; que es mas de tres mil por ciento lo designado al programa de coinversión entre las organizaciones de migrantes mexicanos y los distintos niveles de gobiernos en sus lugares de origen.
  10.  El mayor reclamo que hace el estudio consiste en señalar de que a pesar de la contribución considerable que hacen los migrantes a las economías de sus países, éstos no son considerados en la toma de decisiones sobre los programas de desarrollo que afectan a sus comunidades. Además de que existe poca transparencia y un limitado acceso a la información sobre el presupuesto nacional y la forma en cómo se elabora y en el mejor de los casos, se invita a los migrantes a participar después de haber tomado decisiones.
  11. Ante esta situación el estudio sugiere generar espacios de discusión y consulta, incluso en el exterior; el gobierno puede perfectamente trasladarse hacia los principales lugares de residencia de los migrantes y organizar las respectivas consultas con las comunidades y sus representantes.

 

Aunque la discusión que intenta colocar el estudio en la arena pública y las razones para haberlo financiado y elaborado son absolutamente  válidas y justificadas desde la lógica de las organizaciones de migrantes me parece que tendría que ubicarse esa discusión en el contexto de la realidad de la disputa por la distribución el presupuesto público que se da en México al menos desde cuatro perspectivas: a) el régimen social dominante bajo los gobiernos neoliberales, b) las prescripciones de tipo legal del régimen fiscal, c) los procesos de construcción, aprobación y ejercicio del presupuesto público y d) las disputas políticas en torno al mismo.

 

Régimen social dominante en las administraciones neoliberales

En los regimenes neoliberales que iniciaron en México desde 1982, las personas no son consideradas sujetos de derechos económicos, sociales y culturales como ciudadanos plenos, sino son apreciadas como beneficiarios de programas asistenciales, focalizados, que privilegian crecientemente las transferencias condicionadas de ingresos para que puedan adquirir bienes y servicios en el mercado y con miras a que eleven sus capacidades (alimentación, educación y salud), cuyo déficit es lo que les impide competir adecuadamente en el mercado de trabajo.

Si además esos programas pueden convertirse en negocios rentables para el sector privado se subrogará su operación a éste. (Véase lo ocurrido con la Guardería ABC de Hermosillo en 2009)

Es decir, los gobiernos neoliberales promueven la desarticulación y privatización del estado social de derecho, aún cuando éste no había logrado alcanzar a toda la población en materia de protecciones sociales.

 

Las prescripciones legales

Por ley y con muy pocas excepciones, los impuestos recaudados entran a una bolsa general para conformar los ingresos totales del Estado y de ahí serán distribuidos en los distintos rubros del presupuesto. No se permite la captación de impuestos con destino predeterminado, excepto lo que en algún momento fue el impuesto para la educación. Es decir, los contribuyentes no pueden reclamar que lo que aportan en impuestos les sea retribuido en servicios por la vía del gasto. En un país tan desigual como el nuestro esto se justifica en la medida que el presupuesto sea utilizado como una herramienta privilegiada de la redistribución progresiva. Sin embargo existen muchas evidencias de que la política fiscal en México es bastante regresiva tanto en la captación de impuestos como en la distribución del gasto. Los autores hacen una reflexión en ese sentido cuando analizan el gasto en educación y en seguros de salud.

 

Los procesos de construcción del presupuesto

Rolando Cordera insiste en que en México no existen políticas públicas sino políticas gubernamentales lo que significa que no hay procesos de debate público y participación ciudadana en la toma de decisiones y en el ciclo de las políticas.

¿Quiénes entonces participan en las decisiones del monto y la distribución sectorial y territorial del presupuesto?

Indudablemente la entidad más poderosa en esta materia es la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública, siempre, permaneció hermética, inalcanzable, absolutamente sorda y cerrada hacia la población, aún en las épocas donde se dieron simulaciones de consulta o pequeños espacios de diálogo sobre las políticas gubernamentales en diversos ámbitos, como pudo haber sido el PRONASOL o las políticas hacia grupos de población como  mujeres, personas con discapacidad, adultos mayores o hacia el campo, como fue la etapa encabezada por el movimiento el Campo no Aguanta Más. La SHCP sólo escucha y usa a los organismos financieros internacionales para justificar o imponer sus propias prioridades a las secretarías sectoriales o bien, conversa y atiende a las élites económicas y a los monopolios, a quienes les otorga miles de millones de pesos en créditos fiscales, pero hablar con las personas comunes para ver cómo se distribuye el presupuesto, eso jamás.

La SHCP le define a todo el Gobierno Federal los topes de presupuesto que van a tener y la forma como deben presentar sus programas; incluso ahora las obliga a utilizar el llamado Marco Lógico y determina los indicadores de resultados que permitirán evaluar los logros. La pobreza del Plan Nacional de Desarrollo y de los programas sectoriales de este sexenio tiene su origen en las reglas y estructura definida por los técnicos hacendarios para su preparación.

Los aumentos o las reducciones de presupuesto de los programas tienen que ver con decisiones fundamentalmente de la SHCP y las sectoriales están totalmente subordinadas.

Regula también las administraciones o el flujo de los recursos en el curso del año y ello le permite un control adicional sobre las secretarías sectoriales y los gobiernos estatales. Estos con frecuencia reciben las ministraciones pocos meses antes de la conclusión del año fiscal, enfrentando serias dificultades para ejercerlos dadas las normas que deben acatar para hacerlo y que con frecuencia, les toman varios meses. Así los subejercicios atribuidos a las secretarías sectorial tienen muchas veces su origen en rezagos de la propia SHCP.

 

Las disputas políticas por el presupuesto

Una vez presentada la propuesta de presupuesto anual a la Cámara de Diputados, se desata la verdadera disputa por la distribución del gasto entre los ahora caciques locales, los gobernadores, y en cierta medida los propios diputados que tratan de jalar más presupuesto para sus entidades o regiones o para los grupos de población que representan (indígenas, mujeres, LGTBTT). Aun reconociendo el desastre y el desorden que esa disputa representa, me parece que es el único espacio donde la fuerza de las organizaciones de migrantes tendría posibilidad de hacer algo. Las mujeres, por ejemplo, han logrado asignaciones importantes para avanzar en programas de equidad de género, las organizaciones de VIH-Sida fueron en su momento exitosas, varios diputados logran introducir recursos para obras en sus comunidades de origen, por ejemplo.

Obviamente, son los gobernadores que controlan y tienes grandes bancadas de diputados a su servicio los que mayores éxitos tienen en esa pelea y logran atraer más recursos a sus estados. Son los casos por ejemplo, de los estados de México y Veracruz. De este modo, las representaciones estatales en las Cámaras del Congreso no son de la población sino del gobernador en turno, quien intervino para colocarlos como candidatos de sus respectivos partidos y les ayudó a financiar sus campañas.

 

En México la disputa por el presupuesto se ha convertido en una disputa entre la élites políticas en su origen y una vez asignados los presupuestos a los estados, pasa a ser una disputa entre las constructoras, los desarrolladores inmobiliarios y las élites económicas locales, pues para mantenerse en el poder y permanecer como grupo, los gobernadores y políticos locales transfieren el presupuesto público a negocios privados, en los cuales muchas veces ellos mismos participan.

 

De este modo, en términos de política real actual en México, las organizaciones de migrantes que desean introducir mejoras en sus comunidades de origen, tendrían que empezar por participar en la pelea por las diputaciones federales en los procesos electorales de modo, que al igual que las televisoras que ahora tienen su telebancada, pueden conformar una masa crítica en el Congreso lo suficientemente poderosa como para participar en la pelea distributiva del presupuesto federal.

Es el mercado de la política, o lo que algunos editorialistas están llamando el tráfico en la política: la compra y la venta de las diputaciones a los mejores oferentes. Partidos como el Verde Ecologista son particularmente exitosos en este negocio.

 

La rigidez de los programas sociales federales

El cambio del paradigma de un Estado Social de derecho hacia programas sociales de regulación de los pobres crecientemente privatizados en su operación o desarrollo ha creado una proliferación de programas absolutamente rigidizados en su ejercicio a partir de la desconfianza y las llamadas reglas de operación. Se estima que hay más de 150 programas sociales diversos, de muy distintos tamaños que tienen una oferta prefijada, muchas veces construida bajo la óptica de atención a poblaciones rurales y que poco o nada tienen  que ver con la complejidad y creciente desarrollo de ciudades.

 

Esto limita las posibilidades de construir intervenciones adecuadas a las condiciones diversas de las comunidades o de las poblaciones que deben ser atendidas. Así en caso de darse la participación ciudadana para desarrollar programas al nivel local o para poblaciones específicas, no existe una flexibilidad que por el lado de los servicios públicos pueda adecuarse a esas necesidades y tendrán que aceptarse los servicios y apoyos predefinidos en los programas federales de gobierno.

 

Ante las situaciones crecientemente complejas en las comunidades tanto rurales como urbanas, que conllevan no sólo déficits materiales  como son infraestructura, vivienda, salud, alimentación, entre otras, sino que incorporan serios problemas psicoemocionales y culturales como son la violencia, las adicciones, el abandono, la discriminación y la depresión, la forma rígida de definir programas sociales resulta totalmente insuficiente, inadecuada y poco pertinente e introduce mayores limitaciones a las posibilidades de construir estrategias de intervención pública adecuadas en el remoto caso de que en México lográramos incorporar mecanismos de participación ciudadana en el ciclo de las políticas y convertir a estas en reales políticas públicas trascendiendo a las sólo gubernamentales.